Autor: lauticarnaval

  • Iamim Noraim en el Centenario: legado y compromiso

    Iamim Noraim en el Centenario: legado y compromiso

    Se acercan los Iamim Noraim, ese momento único y esperado del año en el que aflojamos el ritmo para hacer nuestro propio balance y reencontrarnos en lo que nos une de verdad. Para nuestra tradición, este tiempo de balance espiritual es un ejercicio íntimo pero también colectivo. Nos invita a repensarnos, a reparar lo dañado y a renovar nuestro compromiso con el futuro.

    Para quienes formamos parte de Hebraica, este espacio dentro del tiempo tiene este año un significado especial, más profundo y emocionante: lo atravesamos transitando con orgullo el Centenario de nuestra querida institución.

    Cuando en los próximos días el sonido del Shofar nos convoque y nos vuelva a cautivar, su eco no solo despertará nuestra conciencia individual. Este año, ese sonido nos traerá el murmullo y la fuerza de un siglo entero de historia. Va a sonar por los jóvenes visionarios que en 1926 se animaron a soñar una Hebraica que uniera la cultura, el deporte y la identidad; va a sonar por las generaciones que levantaron las paredes de Sarmiento en el Once, y por aquellos que plantaron los árboles bajo los cuales hoy corren nuestros hijos y nietos en Pilar. Nos va a recordar que somos la prueba viva de su memoria: un eslabón firme en esta historia compartida gracias a ellos, que se animaron a soñar.

    En Hebraica, el concepto de Ledor Vador (de generación en generación) no es una frase retórica; es una realidad que se respira en cada rincón de nuestras sedes. Lo vemos en la transmisión de valores de nuestros madrijim, en el abrazo de las familias y en la continuidad de nuestra vida comunitaria. Por eso, el balance de este año trasciende lo personal: conecta de manera perfecta con el balance de nuestro primer siglo de vida. Nos convoca a mirar hacia atrás con profunda gratitud por el legado recibido, pero fundamentalmente nos desafía a mirar hacia adelante.

    Al iniciar este Segundo Siglo de Hebraica, el desafío que tenemos por delante como dirigentes y como comunidad es inmenso y muy motivador. No se trata simplemente de custodiar con nostalgia lo hecho en el pasado, sino de tener la audacia de seguir construyendo instituciones modernas, dinámicas, sustentables y vibrantes, capaces de abrazar y contener a las nuevas generaciones que hoy crían a sus hijos en un mundo complejo y desafiante. El futuro no es ese lugar que esperamos

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  • Rosh Hashaná y el próximo capítulo: pensar judío, actuar sionista

    Rosh Hashaná y el próximo capítulo: pensar judío, actuar sionista

    Cada Rosh Hashaná se nos entrega una página en blanco, que nos convoca a la introspección y a la renovación. Este año quiero detenerme en algo que vengo pensando desde hace tiempo, y que se cristalizó en una conversación reciente en Buenos Aires, junto a un grupo excelente de personas: ¿Cómo se escribe, realmente, el próximo capítulo de nuestro pueblo?

    El opcionismo de esta generación es una brújula para pensar hacia donde debemos transitar los próximos años. Una opción consciente y comprometida de la nueva generación que busca marcos de identidad en diferentes espacios culturales, que le devuelvan sentido al modelo individual de ser judio.

    Herzl decía «Im tirtzu, ein zo hagada…» (“si lo queréis, no es una leyenda/sueño”).

    No dijo «si lo piensan» ni «si lo sueñan». Dijo «si lo queréis…». Si tienen la pasión y están dispuestos a actuar.

    Entre esa tensión, entre pensar y actuar, vivimos también nosotros cada Rosh Hashaná: entre la teshuvá que es introspección y lo que es, sobre todo, acción.

    El sionismo nació en esa intersección: entre el idealista que sostiene el por qué, el soñador que imagina lo que todavía no existe, y el ejecutor que lo convierte en instituciones, en tierra, en Estado.

    Estamos hoy frente un desafío distinto al de Herzl: el proyecto colectivo de un pueblo judío laico, soberano, con Estado propio, ya no es un sueño por realizar, es una realidad de más de 75 años. Pero, paradójicamente, esa misma realidad atraviesa hoy una crisis como objeto ideológico. Para muchos, especialmente entre las generaciones más jóvenes, Israel dejó de ser un proyecto colectivo por el cual apasionarse y se volvió un dato, un país entre otros, o incluso, para algunos, una fuente de incomodidad.

    El sionismo que logró su sueño corre el riesgo de perder, precisamente por haberlo logrado, la fuerza movilizadora que lo hizo posible.

    Por eso creo que necesitamos un nuevo sionismo: no el que construyó el Estado, sino el que ahora tiene que darle sentido, comunidad y propósito a ese Estado ya construido. Un sionismo que no se apoye en la épica fundacional, sino en la elección cotidiana y libre de seguir sintiéndose parte.

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  • El mensaje del Director General del Hogar Ledor Vador

    El mensaje del Director General del Hogar Ledor Vador

    Rosh Hashaná nos invita a detenernos, mirar el camino recorrido y renovar nuestras energías para el tiempo que viene. Es también una oportunidad para preguntarnos qué sociedad queremos construir y de qué manera elegimos estar presentes en la vida de los demás.

    Vivimos una época en la que la longevidad abre posibilidades inéditas. Vivir más años es una conquista, pero también nos interpela como sociedad: no alcanza con prolongar la vida; debemos procurar que cada etapa pueda ser vivida con dignidad, autonomía, vínculos y sentido.

    En LeDor VaDor entendemos que cuidar es mucho más que asistir. Cuidar es acompañar, escuchar con atención, respetar las decisiones de cada persona y reconocer la historia, los deseos y la singularidad de quienes comparten con nosotros este momento de la vida. Es estar presentes también en los pequeños gestos cotidianos, allí donde se construyen la confianza, la pertenencia y el bienestar.

    Este nuevo año también nos convoca a enfrentar una de las realidades más silenciosas de nuestro tiempo: la soledad no deseada. Ninguna persona debería sentirse sola o invisible. Por eso, renovar el compromiso con el cuidado implica fortalecer comunidades capaces de acercarse, incluir, compartir y sostener. Comunidades donde las generaciones se encuentren.

    Que el año que comienza nos encuentre más dispuestos a escuchar y más comprometidos con una sociedad que celebre la nueva longevidad como una oportunidad para seguir creando proyectos, afectos y futuro.

    Desde LeDor VaDor deseamos a toda la comunidad un año de salud y encuentros.

    Shaná Tová Umetuká.

  • El eco del pasado, el milagro del presente

    El eco del pasado, el milagro del presente

    Cada año, al leer la Torá en Rosh Hashaná, nos reencontramos con uno de los relatos más movilizantes y profundos de la Torá: la Akedá Itzjak (la Ligadura de Isaac).

    Imaginemos por un momento esa escena. Dios le pide a Abraham la prueba más difícil del mundo: llevar a su amado hijo Itzjak al monte Moriah para ofrecerlo como holocausto (Génesis 22). Abraham no duda, no discute ni siquiera con Sara; simplemente emprende el camino en un silencio lleno de preguntas y dolor.

    En medio de ese silencio absoluto, llega la pregunta más desgarradora de Itzjak: “Padre mío…he aquí el fuego y la leña, mas ¿dónde está el cordero para el sacrificio?”

    Y Abraham, con el corazón dolido, le responde: “Dios proveerá el cordero, hijo mío”.

    Pronto, Itzjak se encuentra atado sobre el altar y Abraham sostiene el cuchillo. Pero justo antes del desenlace fatal, el cielo se abre y se escucha la voz esperada: “¡No extiendas tu mano contra el muchacho!”. El cuchillo cae, el silencio inunda el lugar y los latidos acelerados de ambos se convierten en el sonido de una vida que vuelve a empezar.

    Aquel encuentro tan cercano con la tragedia transformó para siempre a Abraham y a Itzjak. La cercanía de la muerte les regaló una mirada completamente nueva sobre el valor de la vida.

    Lo hermoso del judaísmo es que no necesitamos pasar por una experiencia límite para despertar. A través del recuerdo de la Akedá podemos conectar con esos sentimientos de vulnerabilidad y gratitud sin haber atravesado el peligro real.

    Aquí es donde se cruza la sabiduría de nuestro judaísmo con las palabras del gran psiquiatra y sobreviviente del Holocausto, Víctor Frankl, quien nos dejó este maravilloso consejo: “Vive la vida como si estuvieras viviendo por segunda vez y como si hubieras actuado equivocadamente la primera vez”.

    Frankl nos invita a aprovechar cada bocanada de aire, a disfrutar el presente y a intentar hacer las cosas mejor. Porque tal vez, esta sea nuestra única oportunidad de escribir nuestra historia de la manera correcta.

    Los Iamim Noraim no buscan juzgarnos ni anclarnos en el pasado o en el error. Al contrario, nos dicen: podés comenzar de nuevo.

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  • Iamim Noraim: brújula del alma

    Iamim Noraim: brújula del alma

    Los Iamim Noraim, los Días Reverenciales, son un tiempo que trasciende el calendario y se convierte en un espacio de confrontación interior. No son días que simplemente se cuentan, sino días que pesan, que se cargan de sentido y que nos obligan a detenernos en medio de la vorágine de la vida para preguntarnos: ¿hacia dónde apunta la brújula de nuestra existencia?

    La tradición judía, desde sus fuentes más antiguas hasta sus pensadores contemporáneos, ha concebido este período como un cruce de caminos donde se decide el rumbo del alma. En ellos se entrelazan memoria y futuro, juicio y misericordia, introspección y acción. Son días en los que el ser humano es convocado a examinar no sólo lo que ha hecho, sino también aquello que ha dejado de hacer; no sólo sus logros, sino también sus omisiones; no sólo sus certezas, sino también sus dudas.

    Maimónides (1138-1204), en su obra Mishné Torá, explica que el sonido del shofar en Rosh Hashaná es un llamado a despertar del sueño espiritual. No es un gesto ritual vacío, sino una alarma que sacude al individuo para que revise sus actos y se reconcilie con su propósito. Najmánides (1194-1270) veía en la Teshuvá no sólo un retorno a D-os, sino un regreso a la chispa divina que nunca se extingue en el ser humano. Y Rabí Eliézer (siglos I-II) enseñaba que Rosh Hashaná conmemora la creación del hombre, lo que significa que cada año volvemos a ser creados, con la oportunidad de redefinir nuestro destino.

    Esta idea de una nueva creación anual contiene una profunda enseñanza existencial: la identidad humana no es una realidad fija e inmutable, sino una construcción permanente. Cada Rosh Hashaná nos recuerda que no estamos condenados a repetir nuestros errores ni a quedar atrapados en las definiciones que otros, o incluso nosotros mismos, hemos elaborado sobre nuestra persona. Siempre existe la posibilidad de comenzar nuevamente, de corregir el rumbo y de orientarnos hacia una versión más íntegra de nosotros mismos.

    En la modernidad, la reflexión se vuelve más existencial. El Rabino PhD. Yosef Dov Soloveitchik ZT”L (1903-1993) planteaba que la Teshuvá es una transformación radical: el futuro reinterpreta el pasado. No estamos condenados por lo que hicimos, sino que podemos resignificarlo a través de la visión de lo que queremos ser. Yeshayahu Leibowitz (1903-1994) ZT”L insistía en que la fe no se mide en

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  • Shaná Tová Umetuká

    Shaná Tová Umetuká

    Cada Rosh Hashaná tiene algo especial.
    No importa si somos más observantes o más tradicionales. Si vamos todos los Shabat a la sinagoga o solamente en las Altas Fiestas. Hay algo de esta fecha que siempre nos reúne.
    Nos volvemos a sentar alrededor de una mesa con nuestros hijos, nuestros padres, nuestros abuelos o nuestros amigos. Compartimos una comida, escuchamos el sonido del shofar, probamos la manzana con miel y, casi sin darnos cuenta, volvemos a preguntarnos qué clase de personas queremos ser durante el año que comienza.
    Confieso que este año esa pregunta me acompañó más que nunca.
    Vivimos un tiempo extraordinario y desafiante a la vez. Nunca antes estuvimos tan conectados y, sin embargo, nunca antes una mentira había tenido tanta capacidad para recorrer el mundo en cuestión de minutos. El odio ya no necesita paredes para escribirse ni panfletos para distribuirse. Hoy viaja a la velocidad de un clic y encuentra en los algoritmos una herramienta capaz de amplificar prejuicios y teorías conspirativas hasta alcanzar a millones de personas.
    El antisemitismo nunca desaparece; cambia de idioma, de formato y de excusa. A lo largo de la historia fue religioso, luego racial, más tarde político y hoy muchas veces se disfraza de información, de activismo o incluso de entretenimiento. Se adapta a cada época y utiliza las herramientas que esa época le ofrece para volver a señalar a los judíos como responsables de problemas que nada tienen que ver con ellos.
    Lo vimos hace apenas unas semanas en España. Una crisis migratoria en Ceuta, completamente ajena a la comunidad judía, fue suficiente para que las redes sociales se inundaran de publicaciones que recuperaban viejos mitos sobre supuestos controles judíos de gobiernos, fronteras y medios de comunicación. En apenas 72 horas, esas teorías conspirativas alcanzaron una audiencia estimada en más de cien millones de personas.
    Y también lo vimos durante el Mundial. Un acontecimiento que debería haber unido a millones de personas alrededor del deporte fue utilizado por algunos para volver a instalar relatos conspirativos sobre supuestos intereses judíos detrás de decisiones deportivas o económicas. Parece irracional, y justamente ahí radica el peligro: el antisemitismo no necesita argumentos sólidos para expandirse; le alcanza con encontrar una emoción, un prejuicio o un algoritmo dispuesto a amplificarlo. También lo vivimos en nuestro país.
    El último Informe sobre

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  • Un nuevo año para seguir construyendo juntos

    Un nuevo año para seguir construyendo juntos

    Con el comienzo del año 5787 renovamos nuestro compromiso con una misión que nos une desde hace más de un siglo: fortalecer a Israel, reconstruir vidas y tender puentes entre nuestra comunidad y el Estado de Israel. Los desafíos de los últimos años nos recuerdan que la unidad y la responsabilidad compartida no pueden quedar solamente en palabras. Pasaron años muy difíciles y para miles de ciudadanos israelíes la guerra aún no terminó. Continúa en quienes enfrentan largos procesos de rehabilitación física y emocional, en las familias que conviven con el trauma y la ausencia, en las comunidades que trabajan por reconstruirse y en los soldados y reservistas que siguen protegiendo el hogar de todo el Pueblo Judío.

    En este contexto, nuestra misión es ser un puente. Un puente que se fortalece cuando decidimos estar presentes con hechos llevando esperanza donde más se necesita. Israel es nuestra seguridad, nuestra identidad y nuestra continuidad. Israel es nuestra casa, nuestro hogar. Por lo tanto, Israel es nuestra responsabilidad.

    Desde Keren Hayesod Argentina trabajamos cada día para honrar esa responsabilidad, impulsados por el compromiso de personas como ustedes, que transforman la solidaridad en acciones concretas. Porque cada aporte, cada gesto y cada decisión de involucrarse les dicen a nuestros hermanos en Israel: «No están solos».

    Al comenzar este nuevo año queremos expresar nuestro más profundo agradecimiento por caminar junto a nosotros. Gracias por ayudarnos a seguir construyendo ese puente que une a nuestra comunidad con Israel y por demostrar que, cuando el Pueblo Judío permanece unido, es capaz de enfrentar cualquier desafío con fortaleza, esperanza y compromiso. Que el año 5787 nos encuentre renovando nuestra misión, fortaleciendo nuestros lazos y construyendo, juntos, un futuro de paz, seguridad y prosperidad para Israel y para todo el Pueblo Judío.

    Shaná Tová Umetuká.

  • Proyectar el futuro con confianza

    Proyectar el futuro con confianza

    Cada Rosh Hashaná nos encuentra en un punto de balance y de renovación. Es un tiempo que invita a mirar hacia atrás con gratitud y hacia adelante con responsabilidad, sabiendo que lo que hacemos cada día tiene impacto en la vida de muchas personas.

    Son múltiples las dimensiones que atraviesa la vida comunitaria. La educación, el empleo, la asistencia social, la cultura, la memoria y el acompañamiento forman parte de una trama de trabajo sostenido que sólo es posible gracias al compromiso de muchas personas, que desde distintos roles aportan su esfuerzo cotidiano.

    Detrás de cada tarea hay personas que escuchan, contienen, gestionan y buscan soluciones en contextos muchas veces complejos. Esa labor, que a veces no se ve, es la que permite que las cosas ocurran y que las respuestas lleguen a tiempo.

    Rosh Hashaná también nos recuerda que la continuidad no es automática: se construye con esfuerzo, con organización y con la decisión de sostener lo colectivo incluso en tiempos de incertidumbre.

    Los desafíos que tenemos por delante nos encuentran con la certeza de que existe una base sólida, construida a lo largo del tiempo, que permite proyectar el futuro con confianza. Nuestro compromiso es seguir fortaleciendo esa red de vínculos, ampliando oportunidades y estando cerca de quienes más lo necesitan.

    Deseo que este año que comienza nos traiga salud, paz y bienestar. Y que podamos seguir trabajando juntos, con responsabilidad y esperanza, para que lo que construimos cada día siga creciendo y se sostenga en el tiempo.

    Shaná Tová Umetuká.

  • Rosh Hashaná, el comienzo de una responsabilidad

    Rosh Hashaná, el comienzo de una responsabilidad

    Con frecuencia se traduce Rosh Hashaná como el Año Nuevo judío. Sin embargo, la festividad trasciende el cambio de calendario para convertirse en una invitación a revisar el sentido mismo de nuestra existencia.

    Rosh Hashaná recuerda que el ser humano ocupa un lugar singular en la creación. Esa singularidad constituye un privilegio y una responsabilidad. Vivir implica asumir el compromiso de cuidar el mundo que habitamos y de responder con propósito y responsabilidad por la vida de quienes nos rodean. El comienzo del año, lejos de celebrar únicamente el paso del tiempo, homenajea la posibilidad siempre abierta de comenzar de nuevo.

    En ese contexto adquiere un significado especial el sonido del shofar. Su voz áspera y primitiva irrumpe para quebrar la rutina y despertar del letargo. No convoca al miedo, sino a la lucidez. Es un llamado a salir del encierro del egoísmo, a recuperar la capacidad de examinar nuestras acciones y a reconocer aquello que necesita ser transformado.

    Por eso los días que separan Rosh Hashaná de Iom Kipur constituyen un itinerario espiritual. Son jornadas de introspección en las que la tradición invita a revisar los vínculos, pedir perdón, reparar lo dañado y reconstruir el equilibrio entre la persona, los demás y Dios. El juicio del que hablan estos días nos da la posibilidad de mirarnos con honestidad para abrir espacio a una subsistencia más íntegra.

    La creación del ser humano interpela a toda la humanidad y recuerda que el cuidado del prójimo y de la naturaleza constituye un compromiso universal. Del mismo modo, la esperanza que inaugura el nuevo año es una realidad que nos convoca a ser activos. Esperar significa prepararse para actuar, sostener la confianza sin renunciar a ese compromiso.

    Cada Rosh Hashaná propone, entonces, una pregunta sencilla y exigente a la vez. ¿Qué clase de personas queremos ser cuando el sonido del shofar deje de escucharse y comience, otra vez, el quehacer cotidiano? Tal vez esa sea la verdadera celebración del nuevo año: descubrir que el tiempo no muda por sí solo. Cambiamos nosotros cuando aceptamos la responsabilidad de convertir cada inicio en una oportunidad para hacer de nuestro entorno y del mundo un lugar más humano.

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  • Construir comunidad, una responsabilidad compartida

    Construir comunidad, una responsabilidad compartida

    Cada Rosh Hashaná nos invita a detenernos por un instante, mirar el camino recorrido y reflexionar sobre el futuro que queremos construir. Es un momento especial para hacer un balance del año que termina, agradecer por lo vivido y asumir, con esperanza, los desafíos que tenemos por delante.
    Nuestra tradición nos impulsa a comenzar un nuevo ciclo con la convicción de que siempre es posible mejorar. También nos recuerda la importancia de los valores que han sostenido a nuestro pueblo a lo largo de generaciones: la solidaridad, la responsabilidad mutua, el respeto por el otro y la transmisión de nuestra identidad.
    Vivimos tiempos complejos, tanto para nuestras instituciones como para nuestras comunidades. Frente a esos desafíos, estoy convencido de que la mejor respuesta es seguir fortaleciendo los vínculos que nos unen. La vida comunitaria se construye todos los días, a través de la participación, el compromiso y la capacidad de encontrarnos aún cuando pensamos distinto.
    Desde AMIA trabajamos cada día con ese propósito: generar espacios de encuentro, acompañar a quienes más lo necesitan, promover la educación judía y fortalecer el sentido de pertenencia que nos conecta con nuestra historia. Lo hacemos con la certeza de que una comunidad crece cuando cada persona encuentra un lugar para involucrarse, aportar y sentirse parte.
    Al comenzar este nuevo año deseo que renovemos nuestro compromiso con esos valores y que sigamos construyendo juntos una comunidad cada vez más unida y solidaria.
    Que el año que comienza traiga salud, paz, bienestar y bendiciones para cada familia. Que podamos transitarlo con esperanza, fortaleciendo los lazos que nos unen y mirando el futuro con confianza.

    Shaná Tová Umetuká.

    AMIA