El último Informe sobre Antisemitismo de la DAIA registró 713 expresiones antisemitas durante 2025, y cerca del 70% tuvo lugar en las redes sociales. Son cifras que preocupan, pero también nos muestran que el escenario cambió.
Por eso creo que hoy ya no alcanza con indignarnos.
Necesitamos involucrarnos.
Necesitamos que cada vez más personas participen de la conversación digital. Que no dejemos ese espacio solamente en manos de quienes difunden odio o desinformación. Que cada uno, desde su lugar, pueda responder con respeto, con información y con responsabilidad.
El estudiante que explica qué es el antisemitismo en su universidad.
La mamá que responde con serenidad cuando encuentra una mentira en las redes.
El abuelo que les cuenta a sus nietos la historia de su familia.
El periodista que verifica antes de publicar.
El docente que enseña.
El dirigente comunitario.
El empresario.
El joven que comparte con orgullo una actividad de su movimiento juvenil o una festividad judía.
Todos tenemos algo para aportar.
Porque la identidad no se defiende solamente cuando nos atacan.
También se fortalece cuando la vivimos con orgullo, cuando la compartimos y cuando la hacemos visible.
Pero mientras escribía estas líneas me di cuenta de que también hay otra reflexión que quiero compartir.
Muchas veces hablamos de todo lo que debemos defender. Hoy también quiero invitarlos a pensar en todo lo que tenemos para agradecer.
Porque, a pesar de los desafíos, la Argentina sigue siendo uno de los pocos países del mundo donde podemos vivir una vida judía plena.
Podemos educar a nuestros hijos en escuelas judías. Podemos rezar libremente en nuestras sinagogas. Tenemos clubes, movimientos juveniles, instituciones, centros culturales y espacios donde miles de chicos construyen identidad todos los días. Podemos celebrar un Bar o una Bat Mitzvá con orgullo, cantar el Hatikva, estudiar hebreo, reunirnos en familia para Shabat o caminar con una kipá por la calle. Nada de eso debería parecernos natural.
En muchas comunidades del mundo, hoy hay padres que dudan antes de enviar a sus hijos a una escuela judía o de permitirles usar una Estrella de David en el espacio público. Nosotros, con los desafíos que enfrentamos, todavía podemos vivir nuestra identidad con libertad. Y eso es un privilegio que debemos valorar y proteger.

