En este tiempo de reconexión con lo esencial, con el orgullo y la responsabilidad de presidir Hebraica en su Centenario, pero fundamentalmente como un integrante más de este espacio colectivo, les comparto mi deseo: que sepamos renovar nuestra vocación de encuentro. Porque cuidar, habitar y fortalecer nuestras instituciones desde el lugar que a cada uno le toca es la contribución indispensable para asegurar el futuro de toda nuestra comunidad. Que encontremos en la herencia de nuestros pioneros la fuerza para seguir innovando, y en nuestra identidad compartida la guía para seguir construyendo un camino de continuidad y orgullo.
Que el sonido del Shofar nos encuentre unidos, fuertes y con la mirada puesta en lo que vendrá. Que seamos inscriptos en el Libro de la Vida para un año de paz, salud, encuentro y alegrías para toda la comunidad y para todo el pueblo de Israel.
¡Shaná Tová Umetuká!
¡Gmar Jatimá Tová!

