Iamim Noraim en el Centenario: legado y compromiso

Daniel Gurfinkiel

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Daniel Gurfinkiel

Presidente Consejo Directivo

Sociedad Hebraica Argentina

Se acercan los Iamim Noraim, ese momento único y esperado del año en el que aflojamos el ritmo para hacer nuestro propio balance y reencontrarnos en lo que nos une de verdad. Para nuestra tradición, este tiempo de balance espiritual es un ejercicio íntimo pero también colectivo. Nos invita a repensarnos, a reparar lo dañado y a renovar nuestro compromiso con el futuro.

Para quienes formamos parte de Hebraica, este espacio dentro del tiempo tiene este año un significado especial, más profundo y emocionante: lo atravesamos transitando con orgullo el Centenario de nuestra querida institución.

Cuando en los próximos días el sonido del Shofar nos convoque y nos vuelva a cautivar, su eco no solo despertará nuestra conciencia individual. Este año, ese sonido nos traerá el murmullo y la fuerza de un siglo entero de historia. Va a sonar por los jóvenes visionarios que en 1926 se animaron a soñar una Hebraica que uniera la cultura, el deporte y la identidad; va a sonar por las generaciones que levantaron las paredes de Sarmiento en el Once, y por aquellos que plantaron los árboles bajo los cuales hoy corren nuestros hijos y nietos en Pilar. Nos va a recordar que somos la prueba viva de su memoria: un eslabón firme en esta historia compartida gracias a ellos, que se animaron a soñar.

En Hebraica, el concepto de Ledor Vador (de generación en generación) no es una frase retórica; es una realidad que se respira en cada rincón de nuestras sedes. Lo vemos en la transmisión de valores de nuestros madrijim, en el abrazo de las familias y en la continuidad de nuestra vida comunitaria. Por eso, el balance de este año trasciende lo personal: conecta de manera perfecta con el balance de nuestro primer siglo de vida. Nos convoca a mirar hacia atrás con profunda gratitud por el legado recibido, pero fundamentalmente nos desafía a mirar hacia adelante.

Al iniciar este Segundo Siglo de Hebraica, el desafío que tenemos por delante como dirigentes y como comunidad es inmenso y muy motivador. No se trata simplemente de custodiar con nostalgia lo hecho en el pasado, sino de tener la audacia de seguir construyendo instituciones modernas, dinámicas, sustentables y vibrantes, capaces de abrazar y contener a las nuevas generaciones que hoy crían a sus hijos en un mundo complejo y desafiante. El futuro no es ese lugar que esperamos pasivamente; es un compromiso que asumimos de forma activa cada día.