Shaná Tová Umetuká

Mauro Berenstein

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Ese privilegio existe gracias al esfuerzo de generaciones enteras que construyeron comunidad. Gracias a quienes soñaron escuelas, levantaron sinagogas, fundaron clubes, crearon instituciones y entendieron que el judaísmo se fortalece cuando se vive en comunidad.

Y también gracias a quienes hoy siguen sosteniendo esa tarea.

Quiero detenerme un instante para agradecer profundamente a todos los que hacen posible esa misión.

A nuestros profesionales, que ponen su conocimiento y su vocación al servicio de la comunidad.

A nuestros educadores y rabinos, que transmiten valores y construyen identidad cada día.

A los voluntarios, dirigentes y askanim, que entregan incontables horas de manera silenciosa, muchas veces resignando tiempo con sus propias familias para fortalecer las instituciones de todos.

Y muy especialmente a nuestros donantes, cuyo compromiso y generosidad hacen posible gran parte de nuestro trabajo. Gracias a ellos podemos defender a la comunidad cuando es atacada, acompañar a quienes lo necesitan, impulsar programas educativos, fortalecer la seguridad, promover el diálogo y representar con dignidad a la comunidad judía argentina. Cada aporte, grande o pequeño, es una demostración de que la responsabilidad colectiva sigue siendo uno de nuestros mayores valores.

Como presidente de la DAIA tengo el enorme privilegio de ver de cerca esa entrega cotidiana. Y puedo asegurarles que detrás de cada proyecto, de cada acción y de cada logro hay personas que trabajan con una convicción admirable, muchas veces lejos de los reconocimientos y de los reflectores.

A todos ellos, gracias.

Hace unos días alguien me preguntó cuál era, para mí, la mejor respuesta frente al antisemitismo.

Pensé mucho la respuesta.

Y hoy estoy convencido de que es esta.

El antisemitismo pretende convencernos de que ocultemos quiénes somos. Nuestra mejor respuesta es exactamente la contraria: vivir nuestra identidad con más orgullo, más participación y más comunidad que nunca.

Es llenar nuestras sinagogas.

Es que nuestros chicos sigan jugando en los clubes y participando de los movimientos juveniles.

Es estudiar hebreo.

Es celebrar un Bar o una Bat Mitzvá.

Es ayudar al que más lo necesita.

Es tender puentes con la sociedad argentina.

Es abrir las puertas de nuestras instituciones.

Es mostrar, con naturalidad, la riqueza de nuestra historia, nuestra cultura y nuestros valores.