Autor: lauticarnaval

  • Shaná Tová Umetuká – Consejo Juvenil Sionista Argentino

    Shaná Tová Umetuká – Consejo Juvenil Sionista Argentino

    Querida Comunidad, Janijim, Madrijim, Bogrim y Familias de todas nuestras Tnuot Noar, a lo largo de Argentina.

    En este Rosh Hashaná, en el que nos detenemos para respirar, mirar atrás y abrazar el nuevo año que comienza, queremos hacerles llegar un abrazo inmenso desde el corazón de cada espacio educativo que conforma nuestra Red Juvenil en el país.

    El sonido del shofar que nos convoca hoy a despertar no es solo el anuncio de un año nuevo, sino un recordatorio profundo de nuestra capacidad de elegir, de transformarnos y de volver a empezar.

    En cada Peulá, en cada Majane, en cada Mifkad compartido y en cada rincón de nuestras Tnuot a lo largo de este año fuimos testigos de la fuerza vital que tiene la Juventud Judeo Sionista en Argentina.

    La Juventud, aquel motor de la continuidad, aquella chispa que mantiene encendida la llama de nuestra historia, de nuestra identidad y de nuestro futuro.

    Sabemos que los tiempos que corren nos desafían, pero es precisamente en la Tnuá donde aprendemos que la adversidad se enfrenta mejor en comunidad. El lugar donde construimos el refugio de los sueños colectivos, y sobre todo, el espacio donde la empatía, el compromiso social y el amor por nuestra Medinat Israel, se convierte en acciones reales.

    Que este nuevo año nos encuentre más unidos que nunca. Que cada manzana con miel sea el símbolo de un año dulce, pero también el del compromiso activo de tender puentes, de cuidar al otro y de seguir apostando por la Educación No Formal como herramienta de transformación social.

    Deseamos un año de salud, de paz, de reencuentros y de alegrías compartidas. Que la esperanza sea siempre nuestra brújula y que sigamos construyendo juntos el mañana que hoy soñamos.

    ¡Shaná Tová Umetuká!

    Por un año bueno, dulce y lleno de vida.

    Am Israel Jai.

  • El mensaje del Frente Sionista Liberal Herut Argentina

    El mensaje del Frente Sionista Liberal Herut Argentina

    Tishrei, el mes de Rosh Hashaná, se acerca.

    Estamos en vísperas de un nuevo año en el calendario hebreo. Ingresaremos al año 5787, un nuevo ciclo que nos invita a mirar hacia atrás, reflexionar sobre nuestros actos y renovar nuestra esperanza en el futuro.

    Con Rosh Hashaná comienzan los Aséret Yemei Teshuvá, los Diez Días de Arrepentimiento, días en los que sometemos nuestras acciones a juicio, buscamos corregir nuestros errores y elevamos nuestras plegarias con la esperanza de que, en este nuevo año, nuestros nombres sean inscriptos y sellados en el Libro de la Vida.

    Pero también es tiempo de reafirmar quiénes somos y aquello en lo que creemos. Siguiendo el legado de nuestro mentor, Zeev Vladimir Jabotinsky, quien nos enseñó: “No tenemos que disculparnos por nada. Somos un pueblo como los demás pueblos; no tenemos ninguna intención de ser mejores que el resto”.

    Desde el Frente Sionista Liberal Herut Argentina elevamos nuestros deseos más profundos de bienestar, prosperidad, fortaleza y paz para el Estado de Israel, para sus dirigentes y para todos sus habitantes.

    Extendemos especialmente nuestro reconocimiento y nuestros mejores deseos a nuestros Jaialim, dignos defensores del pueblo de Israel, que con valentía y entrega custodian su presente y su futuro.

    Que el nuevo año traiga consigo esperanza, unidad, fortaleza y paz. Que podamos seguir construyendo un Israel soberano, seguro y próspero, y una comunidad judía argentina fuerte, unida y orgullosa de sus raíces y de su identidad.

    A toda la Comunidad Judía Argentina, nuestros mejores deseos para este nuevo año.

    Shaná Tová Umetuká.

    ¡Feliz 5787!

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  • Hejalutz Lamerjav: Educación no formal Human Made

    Hejalutz Lamerjav: Educación no formal Human Made

    En las puertas del año 5787, y siguiendo esta sana costumbre de la diáspora de comenzar el año dos veces, aparece entre los pronósticos para este nuevo año la familiarización con etiquetas como “AI Free” o “Human Made”, destinadas a identificar contenidos libres de intervención de inteligencia artificial. En este contexto, y dejando para otro momento cualquier mirada optimista o pesimista sobre el futuro, existe un grupo grande de jóvenes que decide semana a semana recuperar el valor de aquello que no puede automatizarse: el vínculo, la presencia, la creatividad, la capacidad de improvisar, y también la posibilidad de equivocarse, de aprender del error y de volver a intentarlo.

    A principios de julio, cerca de 300 jóvenes participaron del Campamento de Invierno de Hejalutz Lamerjav en la zona de Pilar. Algunos de ellos, por decisión propia y de sus familias, decidieron dejar el teléfono celular en sus casas. No fue una consigna institucional ni un rechazo a la tecnología, fue una experiencia espontánea. Sus conclusiones fueron contundentes: sin teléfono, la habían pasado mucho mejor.

    La anécdota expresa algo central de nuestro modelo educativo. La educación no formal crea espacios en los que mirar, escuchar, interpretar al otro y construir experiencias colectivas ocupa el centro. Pero no formal no es sinónimo de informal. Detrás de cada peulá, cada campamento y cada decisión existe un trabajo coordinado de los madrijim y la mazkirut, acompañado por una red de shlijim y profesionales que brinda formación, herramientas, apoyo y contención. Una estructura que no reemplaza la autogestión juvenil, la fortalece.

    Los madrijim de Hejalutz Lamerjav trabajan cada día con esas capacidades que nos hacen profundamente humanos: empatía, intuición, liderazgo, y por sobre todas las cosas, actitud para transformar el mundo.

  • Proyectar el futuro con confianza

    Proyectar el futuro con confianza

    Cada Rosh Hashaná nos encuentra en un punto de balance y de renovación. Es un tiempo que invita a mirar hacia atrás con gratitud y hacia adelante con responsabilidad, sabiendo que lo que hacemos cada día tiene impacto en la vida de muchas personas.

    Son múltiples las dimensiones que atraviesa la vida comunitaria. La educación, el empleo, la asistencia social, la cultura, la memoria y el acompañamiento forman parte de una trama de trabajo sostenido que sólo es posible gracias al compromiso de muchas personas, que desde distintos roles aportan su esfuerzo cotidiano.

    Detrás de cada tarea hay personas que escuchan, contienen, gestionan y buscan soluciones en contextos muchas veces complejos. Esa labor, que a veces no se ve, es la que permite que las cosas ocurran y que las respuestas lleguen a tiempo.

    Rosh Hashaná también nos recuerda que la continuidad no es automática: se construye con esfuerzo, con organización y con la decisión de sostener lo colectivo incluso en tiempos de incertidumbre.

    Los desafíos que tenemos por delante nos encuentran con la certeza de que existe una base sólida, construida a lo largo del tiempo, que permite proyectar el futuro con confianza. Nuestro compromiso es seguir fortaleciendo esa red de vínculos, ampliando oportunidades y estando cerca de quienes más lo necesitan.

    Deseo que este año que comienza nos traiga salud, paz y bienestar. Y que podamos seguir trabajando juntos, con responsabilidad y esperanza, para que lo que construimos cada día siga creciendo y se sostenga en el tiempo.

    Shaná Tová Umetuká.

  • Rosh Hashaná, el comienzo de una responsabilidad

    Rosh Hashaná, el comienzo de una responsabilidad

    Con frecuencia se traduce Rosh Hashaná como el Año Nuevo judío. Sin embargo, la festividad trasciende el cambio de calendario para convertirse en una invitación a revisar el sentido mismo de nuestra existencia.

    Rosh Hashaná recuerda que el ser humano ocupa un lugar singular en la creación. Esa singularidad constituye un privilegio y una responsabilidad. Vivir implica asumir el compromiso de cuidar el mundo que habitamos y de responder con propósito y responsabilidad por la vida de quienes nos rodean. El comienzo del año, lejos de celebrar únicamente el paso del tiempo, homenajea la posibilidad siempre abierta de comenzar de nuevo.

    En ese contexto adquiere un significado especial el sonido del shofar. Su voz áspera y primitiva irrumpe para quebrar la rutina y despertar del letargo. No convoca al miedo, sino a la lucidez. Es un llamado a salir del encierro del egoísmo, a recuperar la capacidad de examinar nuestras acciones y a reconocer aquello que necesita ser transformado.

    Por eso los días que separan Rosh Hashaná de Iom Kipur constituyen un itinerario espiritual. Son jornadas de introspección en las que la tradición invita a revisar los vínculos, pedir perdón, reparar lo dañado y reconstruir el equilibrio entre la persona, los demás y Dios. El juicio del que hablan estos días nos da la posibilidad de mirarnos con honestidad para abrir espacio a una subsistencia más íntegra.

    La creación del ser humano interpela a toda la humanidad y recuerda que el cuidado del prójimo y de la naturaleza constituye un compromiso universal. Del mismo modo, la esperanza que inaugura el nuevo año es una realidad que nos convoca a ser activos. Esperar significa prepararse para actuar, sostener la confianza sin renunciar a ese compromiso.

    Cada Rosh Hashaná propone, entonces, una pregunta sencilla y exigente a la vez. ¿Qué clase de personas queremos ser cuando el sonido del shofar deje de escucharse y comience, otra vez, el quehacer cotidiano? Tal vez esa sea la verdadera celebración del nuevo año: descubrir que el tiempo no muda por sí solo. Cambiamos nosotros cuando aceptamos la responsabilidad de convertir cada inicio en una oportunidad para hacer de nuestro entorno y del mundo un lugar más humano.

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  • Construir comunidad, una responsabilidad compartida

    Construir comunidad, una responsabilidad compartida

    Cada Rosh Hashaná nos invita a detenernos por un instante, mirar el camino recorrido y reflexionar sobre el futuro que queremos construir. Es un momento especial para hacer un balance del año que termina, agradecer por lo vivido y asumir, con esperanza, los desafíos que tenemos por delante.
    Nuestra tradición nos impulsa a comenzar un nuevo ciclo con la convicción de que siempre es posible mejorar. También nos recuerda la importancia de los valores que han sostenido a nuestro pueblo a lo largo de generaciones: la solidaridad, la responsabilidad mutua, el respeto por el otro y la transmisión de nuestra identidad.
    Vivimos tiempos complejos, tanto para nuestras instituciones como para nuestras comunidades. Frente a esos desafíos, estoy convencido de que la mejor respuesta es seguir fortaleciendo los vínculos que nos unen. La vida comunitaria se construye todos los días, a través de la participación, el compromiso y la capacidad de encontrarnos aún cuando pensamos distinto.
    Desde AMIA trabajamos cada día con ese propósito: generar espacios de encuentro, acompañar a quienes más lo necesitan, promover la educación judía y fortalecer el sentido de pertenencia que nos conecta con nuestra historia. Lo hacemos con la certeza de que una comunidad crece cuando cada persona encuentra un lugar para involucrarse, aportar y sentirse parte.
    Al comenzar este nuevo año deseo que renovemos nuestro compromiso con esos valores y que sigamos construyendo juntos una comunidad cada vez más unida y solidaria.
    Que el año que comienza traiga salud, paz, bienestar y bendiciones para cada familia. Que podamos transitarlo con esperanza, fortaleciendo los lazos que nos unen y mirando el futuro con confianza.

    Shaná Tová Umetuká.

    AMIA
  • El mensaje del presidente del Círculo Social Hebreo Argentino

    El mensaje del presidente del Círculo Social Hebreo Argentino

    Cada Rosh Hashaná marca mucho más que el comienzo de un nuevo año. Es una oportunidad para detenernos, evaluar el camino recorrido y preguntarnos qué legado queremos seguir construyendo. Es un momento que invita a reforzar nuestros valores, fortalecer los lazos que nos unen y proyectar el futuro con la misma convicción que nos permitió llegar hasta aquí.

    Como pueblo judío encontramos nuestra fortaleza en aquello que compartimos: la memoria, la tradición, la educación y el profundo sentido de pertenencia que atraviesa generaciones. Son esos pilares los que nos permiten mirar hacia adelante con confianza y asumir la responsabilidad de transmitir nuestra herencia a quienes continuarán escribiendo nuestra historia.

    En el Círculo Social Hebreo Argentino esa misión se refleja todos los días. Cada actividad deportiva, cultural, educativa o social representa una oportunidad para encontrarnos, aprender, compartir y seguir consolidando una institución que crece gracias a las personas que la integran y a los valores que compartimos. Más allá de cada proyecto, el verdadero patrimonio del Círculo está en sus socios, en sus familias y en todos aquellos que, con dedicación y vocación, hacen posible nuestra vida comunitaria.

    Medinat Israel ocupa un lugar central en ese camino. El lazo que nos une trasciende las distancias geográficas: nace de una historia compartida, de valores comunes y de la certeza de pertenecer a un mismo pueblo. Desde el Círculo trabajamos para que las nuevas generaciones conozcan, vivan y profundicen esa conexión a través de la educación, el deporte, la cultura y cada experiencia que fortalezca nuestro sentido de pertenencia y nuestro futuro común con Israel.

    Pensar en el futuro también significa asumir nuevos desafíos. Significa seguir impulsando una institución abierta, participativa y cercana, que evolucione sin perder la esencia que la distingue desde su fundación. Un espacio donde cada familia encuentre su lugar, donde los jóvenes descubran oportunidades para desarrollarse y donde la vida judía se exprese con compromiso, naturalidad, alegría y sentido.

    Como presidente del Círculo, me llena de satisfacción ver una institución que sigue creciendo gracias al esfuerzo colectivo, con la buena

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  • Rosh Hashaná y Yom Kipur, días para fortalecer nuestras fuerzas internas

    Rosh Hashaná y Yom Kipur, días para fortalecer nuestras fuerzas internas

    De cara a los complejos desafíos que enfrentamos, quiero evocar un Rosh Hashaná singular, ocurrido a mediados del siglo V antes de la era común, tras la finalización del exilio en Babilonia.

    En aquel entonces, muchos judíos habían regresado a su tierra y el Segundo Templo se erguía renovado. Sin embargo, la realidad del pueblo no había cambiado de manera milagrosa: persistían las amenazas externas, las divisiones internas y una creciente asimilación.

    La supervivencia de nuestro pueblo en esa época se debió en gran medida a dos grandes líderes: Nehemías, el estadista y diplomático, y Ezra, el maestro y erudito. Ambos comprendieron que lo esencial no era una estrategia militar ni política, sino una profunda transformación espiritual. El pueblo necesitaba una identidad clara, un marco de valores, un conjunto de creencias, un modo de vida. En síntesis, lo que ese tiempo demandaba era volver a la Torá y renovar la alianza entre el pueblo de Israel y Di-s.

    En Rosh Hashaná reunieron al pueblo ante la Puerta del Agua en Jerusalén. Esra les leyó la Torá, y los educadores se dispersaron entre la multitud para explicar lo que escuchaban. Al darse cuenta de lo lejos que se habían alejado de su misión, la gente comenzó a llorar. Entonces Nehemías pronunció las palabras que encierran uno de los secretos de la supervivencia judía:

    «Hoy es sagrado para el Eterno, vuestro Di-s. No os lamentéis ni lloréis… Id, comed manjares sabrosos y bebed dulzuras, y compartid con quienes nada tienen preparado… No os entristezcáis, porque la alegría del Eterno es vuestra fortaleza» (Nehemías 8:9-10).

    El pueblo judío nunca perdió su capacidad de celebrar. Incluso en tiempos de pobreza y opresión, conmemoraban el Shabat y las festividades con la dignidad de quienes se reconocen hijos de reyes. Estudiaban Torá como nobles de espíritu. Festejaban bodas con alegría, como si no hubiera preocupaciones en el corazón. Esa misma resiliencia la sentimos hoy en Israel y en las comunidades judías de todo el mundo, en todos los momentos difíciles que atravesamos desde el 7 de octubre. 

    La fuerza del pueblo judío está en que jamás dejamos que nuestros enemigos nos arrebaten la capacidad de reír, de brindar, de

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  • El mes de Elul y las preguntas trascendentes

    El mes de Elul y las preguntas trascendentes

    Ya estamos transitando el mes de Elul, el último del calendario hebreo. Con él, el ciclo del año judío comienza a cerrarse y nos invita a disponernos a vivir las jornadas más intensas de nuestra tradición: Rosh Hashaná, el Año Nuevo, y el Iom Kipur, el Día del Perdón. No se trata de simples fechas en el almanaque: son momentos que nos piden detener el ritmo vertiginoso de lo cotidiano para abrir un espacio de revisión personal y comunitaria.

    Elul es, en ese sentido, un mes de preparación. No solo para formular deseos de un buen año, sino para ejercitarnos en la introspección, en el balance de lo que fue y en la proyección de lo que deseamos que sea. Preguntarnos, con honestidad, sobre nuestro recorrido es quizás uno de los actos más contraculturales de nuestra época. Vivimos en un mundo que nos empuja permanentemente hacia adelante, a consumir novedades, a llenar los silencios con ruido. Y, sin embargo, Elul nos propone detenernos y escuchar. 

    En palabras de Jorge Luis Borges: “El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego”. Esta experiencia nos recuerda que, lejos de ser meros pasajeros del calendario, somos también responsables de darle sentido al fluir del tiempo.

    Las preguntas que nos hacemos en este tiempo no son nuevas, pero sí necesarias de renovar. ¿Cuánto hemos madurado desde el último ciclo? ¿Qué transformaciones buscamos en nuestra vida interior? ¿Qué actitudes nos atrevimos a revisar y cuáles quedaron intactas? ¿Qué volveríamos a hacer con gusto y qué preferiríamos dejar en el pasado? ¿Qué cosas hoy nos conmueven que antes nos eran indiferentes? ¿Qué hábitos abandonamos y cuáles logramos incorporar? Estas preguntas, sencillas en apariencia, tienen la capacidad de desarmar certezas y abrir caminos.

    El maestro Sigmund Golaczek solía recordar: “Tú esperas de ti, los otros esperan de ti, y tú esperas de los otros haber madurado durante este año. Madurar significa sacralizar el tiempo en sensatez y en sabiduría”. No se trata de un mero paso del calendario: crecer biológicamente es inevitable, madurar

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  • El mensaje del representante del Frente Sionista Liberal Herut Argentina en Córdoba

    El mensaje del representante del Frente Sionista Liberal Herut Argentina en Córdoba

    Desde el Frente Sionista Liberal Herut Argentina les hacemos llegar a nuestros hermanos en Israel y a toda la Comunidad judía un Shaná Tová Umetuká, feliz 5786.

    En este nuevo Año dirigimos nuestra mirada con orgullo hacia el Estado de Israel, sus habitantes, sus soldados, hombres y mujeres que defienden con su vida la existencia del Estado y la de todo el pueblo judío. Israel seguirá por siempre siendo faro de luz para el mundo.

    Única democracia en Medio Oriente. Hoy uno de los países más felices del mundo. Líder en  ciencia y tecnología.

    Con inmensa alegría reafirmamos el legado de nuestro mentor Zeev Jabotinsky: ”El Sionismo es intrínsecamente moral y justo”.