Rosh Hashaná y el próximo capítulo: pensar judío, actuar sionista

Silvio Joskowicz

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A eso me refiero cuando hablo del «opcionismo» de esta generación: no es indiferencia, es elección permanente. Es una generación que no rechaza lo judío, lo elige, o no lo elige, todo el tiempo, sin que nadie se lo imponga desde una estructura o un edificio.

Las comunidades que sigan pensando la pertenencia solo en términos de adentro o afuera, de socio o no socio, se van a quedar perfeccionando un producto que el mundo ya dejó de consumir.

Precisamente, este es también un momento para hablar de judaísmo humanista: uno que pone en el centro a la persona, su dignidad y su libertad de elegir, sin exigir uniformidad creencia ni de práctica como condición de pertenencia. Un judaísmo con tantas formas legítimas de ser judío como personas dispuestas a serlo.

Eso me lleva a una imagen que más me interesa resaltar en este Rosh Hashaná: “La carpa”.

Nuestro pueblo siempre supo construir carpas, no muros. La carpa de Abraham tenía aberturas en sus cuatro costados, para que quien pasara pudiera entrar por cualquier lado y sentirse recibido. Esa es la comunidad que necesitamos construir a futuro: amplia, inclusiva, con lugar para el que viene de una familia mixta, para el que se acerca por primera vez, para el que discrepa. Una carpa que no pregunta primero «¿sos de los nuestros?», sino «¿querés entrar?».

¿Qué nos pide entonces este Rosh Hashaná?

Como idealistas: pensar la pertenencia como algo gradual, múltiple e inclusivo.

Como soñadores: imaginar puntos de entrada que no exijan una decisión identitaria total desde el primer día.

Como ejecutores: sostener y apoyar activamente a la sociedad israelí, nuestro hogar nacional como pueblo, con un vínculo vivo que cada persona pueda construir y cuestionar a su manera, con matices y desacuerdos incluidos.

El sionismo, antes que una posición política, es el reconocimiento de que somos familia. Y a una familia no se la retiene por obligación. Se la sostiene generando, una y otra vez, motivos genuinos para pertenecer a ella.

El próximo capítulo todavía no está escrito. El proyecto que soñaron nuestros abuelos ya es una realidad. Nos toca a nosotros sostenerlo con el mismo fervor con que ellos lo imaginaron.

Este Rosh Hashaná no es para heredar ese capítulo, sino para escribirlo: entre idealistas, soñadores y ejecutores, bajo una carpa cada vez más amplia.

Shaná Tová u’Metuká.