Pero estos días son precisamente para eso: para parar, analizar y crecer. Es como mirarse en un espejo, a veces sintiéndonos en un “desierto personal” con dudas y encrucijadas. Pero es en esa introspección donde encontramos la fuerza para cambiar y mejorar.
Al empezar este nuevo año, nuestras oraciones y deseos son muchos y muy sinceros.
Primero, lo más fundamental: salud, trabajo, amor, buenos amigos, una comunidad y que el judaísmo siga vivo en nuestros hijos y nietos.
Si ya tenemos todo eso, pedimos que Dios nos abra los ojos para ver cómo hacer de este un mundo mejor.
Deseamos con todo el corazón tener la claridad y la capacidad de ver más allá de nuestras propias vidas.
Y, por supuesto, nuestro mayor anhelo es que los rehenes encuentren la fortaleza, la esperanza y la certeza que pronto, muy pronto, regresarán a casa.
Que este nuevo comienzo nos ilumine para construir el mundo que Dios imaginó para todos nosotros.
Shana Tova umetuka
שנה טובה ומתוקה

