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  • Un nuevo año ha llegado, y con él, la esperanza de que este sea realmente maravilloso

    Un nuevo año ha llegado, y con él, la esperanza de que este sea realmente maravilloso

    Es un momento lleno de buenos deseos, no solo para nosotros, sino especialmente para los 50 rehenes que aún siguen en Gaza: ¡nuestro corazón anhela que pronto estén de vuelta en sus casas, compartiendo las cenas de Rosh Hashaná con sus seres queridos!
    Celebramos Rosh Hashaná, que es el inicio de un nuevo ciclo en el calendario judío, marcando 5786 años desde que el hombre fue creado.
    Aunque festejamos el nacimiento del mundo y de Adam, el primer hombre, Rosh Hashaná es más que un simple aniversario. Es el “cumpleaños simbólico” de la creación, y su conteo es algo muy nuestro, muy judío, no universal.
    En la segunda mañana de Rosh Hashaná leemos en la Torá sobre el nacimiento de Itzjak, nuestro segundo patriarca. Quizás nos preguntemos: si celebramos la creación del mundo, ¿por qué no leemos la historia de la creación en sí?
    La historia de la creación es universal, ¡es para todos! Pero en Rosh Hashaná, celebramos un comienzo muy especial, el de nuestro propio pueblo judío. Por eso, leemos sobre Itzjak, quien fue el primer ser humano que nació dentro de una familia judía.
    Abraham, su padre: él fue el primer judío, sí, pero no nació en una familia judía. Itzjak, en cambio, no tuvo que irse de casa ni esperar, como su padre, 99 años para aceptar el pacto a través del Brit Milá. ¡Un comienzo distinto y desde adentro de la tradición!
    El período de Iamim Noraim (Días Terribles), que va desde Rosh Hashaná hasta Iom Kipur, es como un regalo que nos da el judaísmo para hacer nuestro Jeshvon HaNefesh (balance del alma). Es un momento para revisar nuestras vidas, nuestros pensamientos y nuestras acciones: ¿cómo estamos con nosotros mismos, con nuestros seres queridos y con Dios?
    Sabemos que no es fácil. A nadie le gusta recordar sus errores o los momentos no tan buenos.

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