Etiqueta: revista-2026

  • El 8 de octubre

    El 8 de octubre

    El calendario siguió avanzando, pero una parte de nosotros quedó detenida en el 7 de octubre de 2023. Hay días que no terminan a medianoche y aquel fue uno de ellos. Desde entonces aprendimos a convivir con el dolor, la ausencia, la incertidumbre y una pregunta difícil: ¿cómo se sigue después de una tragedia que cambió y nos cambió tanto?

    Rosh Hashaná quizás nos ofrece una respuesta. Comenzar un nuevo año, un nuevo ciclo, no significa borrar lo anterior. Significa mirarlo, asumirlo y decidir qué hacemos con él. Porque recordar no puede significar quedarnos inmóviles. La memoria también debe empujarnos a construir.

    El Salmo 126, que habla del retorno a Sion, dice: “Los que siembran con lágrimas cosecharán con alegría”. La imagen es poderosa e increíblemente adecuada. No se espera a que termine el llanto para sembrar. Se siembra con lágrimas.

    Siglos después, Theodor Herzl hizo de una frase el lema de su Altneuland: “Wenn Ihr wollt, ist es kein Märchen”, que todos conocemos como “si lo queremos, no será una leyenda”.

    Entre esas dos ideas hay un puente profundamente sionista: aun heridos, elegimos el futuro.

    Quizás este Rosh Hashaná sea el momento de empezar a vivir nuestro 8 de octubre. No para dejar atrás el 7. Mucho menos para olvidarlo. Sino para llevar a quienes perdimos, todo lo que aprendimos y aquello que debemos defender hacia un nuevo ciclo.

    También desde la Argentina nos toca reconstruirnos, reencontrarnos y volver a hacer del ideal sionista una fuerza de vida, comunidad, responsabilidad y esperanza.

    Que este nuevo año nos encuentre nuevamente sembrando, construyendo y soñando. Shaná Tová Umetuká.

  • Rosh Hashaná y el próximo capítulo: pensar judío, actuar sionista

    Rosh Hashaná y el próximo capítulo: pensar judío, actuar sionista

    Cada Rosh Hashaná se nos entrega una página en blanco, que nos convoca a la introspección y a la renovación. Este año quiero detenerme en algo que vengo pensando desde hace tiempo, y que se cristalizó en una conversación reciente en Buenos Aires, junto a un grupo excelente de personas: ¿Cómo se escribe, realmente, el próximo capítulo de nuestro pueblo?

    El opcionismo de esta generación es una brújula para pensar hacia donde debemos transitar los próximos años. Una opción consciente y comprometida de la nueva generación que busca marcos de identidad en diferentes espacios culturales, que le devuelvan sentido al modelo individual de ser judio.

    Herzl decía «Im tirtzu, ein zo hagada…» (“si lo queréis, no es una leyenda/sueño”).

    No dijo «si lo piensan» ni «si lo sueñan». Dijo «si lo queréis…». Si tienen la pasión y están dispuestos a actuar.

    Entre esa tensión, entre pensar y actuar, vivimos también nosotros cada Rosh Hashaná: entre la teshuvá que es introspección y lo que es, sobre todo, acción.

    El sionismo nació en esa intersección: entre el idealista que sostiene el por qué, el soñador que imagina lo que todavía no existe, y el ejecutor que lo convierte en instituciones, en tierra, en Estado.

    Estamos hoy frente un desafío distinto al de Herzl: el proyecto colectivo de un pueblo judío laico, soberano, con Estado propio, ya no es un sueño por realizar, es una realidad de más de 75 años. Pero, paradójicamente, esa misma realidad atraviesa hoy una crisis como objeto ideológico. Para muchos, especialmente entre las generaciones más jóvenes, Israel dejó de ser un proyecto colectivo por el cual apasionarse y se volvió un dato, un país entre otros, o incluso, para algunos, una fuente de incomodidad.

    El sionismo que logró su sueño corre el riesgo de perder, precisamente por haberlo logrado, la fuerza movilizadora que lo hizo posible.

    Por eso creo que necesitamos un nuevo sionismo: no el que construyó el Estado, sino el que ahora tiene que darle sentido, comunidad y propósito a ese Estado ya construido. Un sionismo que no se apoye en la épica fundacional, sino en la elección cotidiana y libre de seguir sintiéndose parte.

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  • El mensaje del presidente de Country Mi Refugio

    El mensaje del presidente de Country Mi Refugio

    Con la llegada de Rosh Hashaná se abre un nuevo capítulo, un momento que nos invita a detenernos, agradecer el camino recorrido y renovar la esperanza en todo lo que está por venir.

    En Mi Refugio creemos profundamente en el valor de construir comunidad. Cada actividad, cada encuentro, cada proyecto y cada espacio compartido cobran sentido gracias a las personas que forman parte de esta gran familia.

    Durante este año hemos impulsado nuevos proyectos de infraestructura, consolidado nuestras propuestas deportivas, culturales y sociales y definido una prioridad clara: seguir incorporando familias jóvenes y acercar a más chicos y chicas a la vida en Mi Refugio, generando propuestas que acompañen su crecimiento.

    Estamos convencidos de que invertir en las nuevas generaciones es la mejor manera de afianzar nuestra comunidad y reafirmar nuestro compromiso con la continuidad judía, construyendo un espacio donde nuestros valores se vivan y se transmitan de generación en generación. Porque nuestro mayor patrimonio no son solamente los espacios físicos, sino los vínculos que aquí se crean, se fortalecen y perduran en el tiempo.

    Que este nuevo año nos encuentre unidos, con salud, paz y la energía necesaria para seguir soñando, creciendo y construyendo juntos un Country del que todos podamos sentirnos orgullosos.

    En nombre de la Comisión Directiva, les deseo un muy feliz y dulce año.

    Shaná Tová Umetuká.

  • El mensaje del Director General del Hogar Ledor Vador

    El mensaje del Director General del Hogar Ledor Vador

    Rosh Hashaná nos invita a detenernos, mirar el camino recorrido y renovar nuestras energías para el tiempo que viene. Es también una oportunidad para preguntarnos qué sociedad queremos construir y de qué manera elegimos estar presentes en la vida de los demás.

    Vivimos una época en la que la longevidad abre posibilidades inéditas. Vivir más años es una conquista, pero también nos interpela como sociedad: no alcanza con prolongar la vida; debemos procurar que cada etapa pueda ser vivida con dignidad, autonomía, vínculos y sentido.

    En LeDor VaDor entendemos que cuidar es mucho más que asistir. Cuidar es acompañar, escuchar con atención, respetar las decisiones de cada persona y reconocer la historia, los deseos y la singularidad de quienes comparten con nosotros este momento de la vida. Es estar presentes también en los pequeños gestos cotidianos, allí donde se construyen la confianza, la pertenencia y el bienestar.

    Este nuevo año también nos convoca a enfrentar una de las realidades más silenciosas de nuestro tiempo: la soledad no deseada. Ninguna persona debería sentirse sola o invisible. Por eso, renovar el compromiso con el cuidado implica fortalecer comunidades capaces de acercarse, incluir, compartir y sostener. Comunidades donde las generaciones se encuentren.

    Que el año que comienza nos encuentre más dispuestos a escuchar y más comprometidos con una sociedad que celebre la nueva longevidad como una oportunidad para seguir creando proyectos, afectos y futuro.

    Desde LeDor VaDor deseamos a toda la comunidad un año de salud y encuentros.

    Shaná Tová Umetuká.

  • El eco del pasado, el milagro del presente

    El eco del pasado, el milagro del presente

    Cada año, al leer la Torá en Rosh Hashaná, nos reencontramos con uno de los relatos más movilizantes y profundos de la Torá: la Akedá Itzjak (la Ligadura de Isaac).

    Imaginemos por un momento esa escena. Dios le pide a Abraham la prueba más difícil del mundo: llevar a su amado hijo Itzjak al monte Moriah para ofrecerlo como holocausto (Génesis 22). Abraham no duda, no discute ni siquiera con Sara; simplemente emprende el camino en un silencio lleno de preguntas y dolor.

    En medio de ese silencio absoluto, llega la pregunta más desgarradora de Itzjak: “Padre mío…he aquí el fuego y la leña, mas ¿dónde está el cordero para el sacrificio?”

    Y Abraham, con el corazón dolido, le responde: “Dios proveerá el cordero, hijo mío”.

    Pronto, Itzjak se encuentra atado sobre el altar y Abraham sostiene el cuchillo. Pero justo antes del desenlace fatal, el cielo se abre y se escucha la voz esperada: “¡No extiendas tu mano contra el muchacho!”. El cuchillo cae, el silencio inunda el lugar y los latidos acelerados de ambos se convierten en el sonido de una vida que vuelve a empezar.

    Aquel encuentro tan cercano con la tragedia transformó para siempre a Abraham y a Itzjak. La cercanía de la muerte les regaló una mirada completamente nueva sobre el valor de la vida.

    Lo hermoso del judaísmo es que no necesitamos pasar por una experiencia límite para despertar. A través del recuerdo de la Akedá podemos conectar con esos sentimientos de vulnerabilidad y gratitud sin haber atravesado el peligro real.

    Aquí es donde se cruza la sabiduría de nuestro judaísmo con las palabras del gran psiquiatra y sobreviviente del Holocausto, Víctor Frankl, quien nos dejó este maravilloso consejo: “Vive la vida como si estuvieras viviendo por segunda vez y como si hubieras actuado equivocadamente la primera vez”.

    Frankl nos invita a aprovechar cada bocanada de aire, a disfrutar el presente y a intentar hacer las cosas mejor. Porque tal vez, esta sea nuestra única oportunidad de escribir nuestra historia de la manera correcta.

    Los Iamim Noraim no buscan juzgarnos ni anclarnos en el pasado o en el error. Al contrario, nos dicen: podés comenzar de nuevo.

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  • Iamim Noraim: brújula del alma

    Iamim Noraim: brújula del alma

    Los Iamim Noraim, los Días Reverenciales, son un tiempo que trasciende el calendario y se convierte en un espacio de confrontación interior. No son días que simplemente se cuentan, sino días que pesan, que se cargan de sentido y que nos obligan a detenernos en medio de la vorágine de la vida para preguntarnos: ¿hacia dónde apunta la brújula de nuestra existencia?

    La tradición judía, desde sus fuentes más antiguas hasta sus pensadores contemporáneos, ha concebido este período como un cruce de caminos donde se decide el rumbo del alma. En ellos se entrelazan memoria y futuro, juicio y misericordia, introspección y acción. Son días en los que el ser humano es convocado a examinar no sólo lo que ha hecho, sino también aquello que ha dejado de hacer; no sólo sus logros, sino también sus omisiones; no sólo sus certezas, sino también sus dudas.

    Maimónides (1138-1204), en su obra Mishné Torá, explica que el sonido del shofar en Rosh Hashaná es un llamado a despertar del sueño espiritual. No es un gesto ritual vacío, sino una alarma que sacude al individuo para que revise sus actos y se reconcilie con su propósito. Najmánides (1194-1270) veía en la Teshuvá no sólo un retorno a D-os, sino un regreso a la chispa divina que nunca se extingue en el ser humano. Y Rabí Eliézer (siglos I-II) enseñaba que Rosh Hashaná conmemora la creación del hombre, lo que significa que cada año volvemos a ser creados, con la oportunidad de redefinir nuestro destino.

    Esta idea de una nueva creación anual contiene una profunda enseñanza existencial: la identidad humana no es una realidad fija e inmutable, sino una construcción permanente. Cada Rosh Hashaná nos recuerda que no estamos condenados a repetir nuestros errores ni a quedar atrapados en las definiciones que otros, o incluso nosotros mismos, hemos elaborado sobre nuestra persona. Siempre existe la posibilidad de comenzar nuevamente, de corregir el rumbo y de orientarnos hacia una versión más íntegra de nosotros mismos.

    En la modernidad, la reflexión se vuelve más existencial. El Rabino PhD. Yosef Dov Soloveitchik ZT”L (1903-1993) planteaba que la Teshuvá es una transformación radical: el futuro reinterpreta el pasado. No estamos condenados por lo que hicimos, sino que podemos resignificarlo a través de la visión de lo que queremos ser. Yeshayahu Leibowitz (1903-1994) ZT”L insistía en que la fe no se mide en

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