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Rosh Hashaná 5787: Volver a encontrarnos, volver a pertenecer
En estos días, al acercarnos a Rosh Hashaná e iniciar el camino que culmina en Yom Kipur, la tradición nos invita a hacer una pausa, mirar el año que termina y hacer un balance de lo vivido: de los caminos que elegimos, de aquello que construimos y también de aquello que quedó pendiente. Es un tiempo para preguntarnos quiénes somos, qué comunidad estamos construyendo y qué legado queremos dejar.
Este año, ese llamado adquiere un significado aún más profundo. Venimos de meses atravesados por el dolor y la incertidumbre, en los que la guerra volvió a poner a prueba a Israel y conmovió profundamente a los israelíes y a los judíos que vivimos en la diáspora.
Con el regreso de los últimos rehenes y la recuperación de quienes ya no podían volver con vida, comenzó a cerrarse una de las etapas más dolorosas abiertas el 7 de octubre de 2023.
El dolor no desaparece, pero permanece intacto uno de los principios que mejor nos define: “No abandonar jamás a los nuestros.”
En ese mismo espíritu de resiliencia, en los primeros días de junio tuve el privilegio de participar de la Marcha del Orgullo LGBTQ+ en Tel Aviv. Volver a ver esas calles llenas de música, de colores y de gente volviendo a bailar fue una de las imágenes más esperanzadoras de este año.
No fue solamente una celebración; fue la expresión de una sociedad que, después del dolor, eligió volver a encontrarse, volver a sonreír y volver a creer en el futuro.
Volver a bailar no significó olvidar. Significó demostrar que el terror no tendría la última palabra. Significó honrar la memoria de quienes ya no están, reafirmando con coraje el compromiso con la vida, con la libertad y con el futuro.
Esa experiencia también invita a una reflexión más amplia. Mientras en Israel miles de personas pudieron volver a marchar celebrando la diversidad, todavía hay lugares donde muchas personas LGBTQ+ no pueden vivir plenamente quiénes son, ni hacerlo con la libertad y la dignidad que merecen.
La defensa de los derechos humanos exige coherencia, compromiso y la convicción de que la libertad y la igualdad deben ser defendidas para todas las personas.
En la Argentina tenemos también una responsabilidad. A lo largo de
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Un nuevo año para seguir construyendo juntos
Cada Rosh HaShaná nos invita a hacer una pausa, mirar el camino recorrido y pensar cómo queremos seguir construyendo nuestro futuro. Es un momento para agradecer lo vivido, renovar nuestras fuerzas y comenzar un nuevo año con esperanza y renovada energía. Desde el Movimiento Sionista Renovador, junto a Olam Beiajad e Israel Hatzeirá, queremos hacer llegar nuestro saludo y nuestros mejores deseos a toda la comunidad judía argentina.
Deseamos que este nuevo año nos encuentre más unidos, fortaleciendo los vínculos que nos acercan y renovando nuestro compromiso con el activismo, con el pueblo judío, con el Estado de Israel y con los valores que nos inspiran y nos movilizan cada día. Sabemos que atravesamos tiempos desafiantes, que muchas veces ponen a prueba nuestra capacidad de encontrarnos y trabajar juntos. Por eso elegimos seguir apostando al diálogo, a la participación y a la construcción colectiva.
Creemos en la importancia de formar nuevas generaciones comprometidas con su identidad judía, con el sionismo y con el pluralismo, capaces de asumir responsabilidades y de ser protagonistas del futuro de nuestra comunidad. Estamos convencidos de que la educación no formal es una herramienta fundamental para construir comunidad: allí se transmiten valores, se fortalecen los vínculos, se forman nuevos liderazgos y se despierta el compromiso de las nuevas generaciones. Ese es el camino que recorremos todos los días desde nuestras instituciones y el compromiso que renovamos al comenzar este nuevo año.
Que este 5787 traiga paz para Israel y para el mundo, seguridad para el pueblo judío, encuentros que fortalezcan a nuestras comunidades y crecimiento para cada uno de nosotros. Que sepamos transformar los problemas en desafíos, y los desafíos en oportunidades. Que nunca perdamos la capacidad de soñar, de construir y de avanzar juntos hacia un futuro mejor.
Shaná Tová Umetuká. Que tengamos un año de salud, paz, alegría y bendiciones para toda la comunidad.
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EL MENSAJE DE LA PRESIDENTA DE LIMUD BA
La convivencia no es una declaración. Es un hecho.
Un hecho que construimos cada vez que generamos un espacio donde distintas voces pueden encontrarse sin necesidad de parecerse.
Dentro del judaísmo convivimos con miradas, prácticas, historias y formas de pertenencia muy diversas: cultura, tradición, historia, espiritualidad, identidad o experiencia familiar. Esa diversidad no debilita nuestra comunidad. La vuelve más rica, más compleja y también más desafiante.
Desde Limud hemos construido una plataforma de cultura judía para crear espacios donde todas esas voces puedan tener lugar, encontrarse y producir algo nuevo a través de propuestas masivas, abiertas y convocantes, capaces de reunir a miles de personas alrededor de la cultura judía.
Rosh Hashaná Urbano es una de las expresiones más visibles de esa convicción. Una celebración que ocupa el espacio público, donde cada conversación, cada experiencia, cada exposición, cada olor, sabor y color forman parte del verdadero valor de nuestra cultura y de la continuidad judía.
Buenos Aires tiene el privilegio de ser una de las pocas ciudades del mundo donde podemos celebrar públicamente nuestra identidad judía. Y debemos vivirlo con orgullo.
Todo esto permite construir comunidad hoy pero, sobre todo, generar las condiciones para que haya comunidad mañana.
Al comenzar 5787, el desafío es todavía mayor. En un tiempo de fragmentación y posiciones cada vez más rígidas, y en un mundo en el que tenemos el privilegio de celebrar nuestro judaísmo urbano, de a pie, necesitamos poner en valor los espacios capaces de reunir nuestras diferencias sin borrarlas.
Al comenzar 5787, deseo que podamos construir una comunidad menos preocupada por definir quién pertenece y más comprometida con generar razones para querer pertenecer.
Quizás allí esté una de las claves para construir futuro juntos.
Shaná Tová Umetuká.
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EL AÑO QUE ARGENTINA PRESIDE LA IHRA
El año 2026 nos encuentra frente a un escenario paradójico. Si bien la cresta de la ola de antisemitismo que siguió al 7 de octubre de 2023 parece haber disminuido en algunos ámbitos, el problema está lejos de haberse superado.
Por el contrario, el piso de antisemitismo socialmente aceptado es hoy considerablemente más alto que antes. Lo vemos en presidentes de la región, como Gustavo Petro, que se permiten expresiones antisemitas que hasta hace pocos años hubieran sido impensables, y en universidades latinoamericanas que reproducen algunas de las peores conductas antisemitas observadas en sus pares de América del Norte. Son solo dos ejemplos, entre muchos otros, de hasta dónde se ha corrido el límite de lo socialmente tolerable.
En este contexto, la lucha contra el antisemitismo no puede limitarse a reaccionar frente a los episodios más visibles. Es necesario fortalecer las políticas públicas e involucrar a los Estados y a las sociedades en una tarea que durante demasiado tiempo fue considerada un asunto exclusivo de las comunidades judías.
Por eso, la presidencia argentina de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA, por sus siglas en inglés) constituye un hito para nuestro país y para toda América Latina.
La IHRA es un organismo intergubernamental que reúne a representantes de sus países miembros y a expertos para trabajar en pos de la memoria y la educación sobre el Holocausto y el genocidio de los Roma.
Lo particular de esta organización es que no se trata de una institución judía. Los gobiernos que la integran, todos ellos democráticos, entienden que la memoria del Holocausto, la prevención del antisemitismo y la defensa de la convivencia no son responsabilidades de las comunidades judías, sino de cada sociedad y de la comunidad internacional en su conjunto.
Argentina participa ininterrumpidamente de la IHRA desde 2002 y es miembro pleno desde 2006. Es, además, el único país latinoamericano con esta condición. A lo largo de 24 años y bajo gobiernos de distintos signos políticos, el país mantuvo su compromiso con la organización y su misión, consolidando una política de Estado. En el actual contexto de polarización política, esta continuidad adquiere un valor aún mayor.






