Entre Rosh Hashaná y Yom Kipur

Dice Levinas “el rito no es en absoluto exterior a la conciencia, sino que la condiciona, le permite entrar en sí misma y mantenerse despierta”.

Uno de los conceptos más difíciles para nuestra generación es la idea de la Coronación de Dios como Rey. No somos monárquicos ni imaginamos a Dios como Rey, sin embargo, la metáfora aún es vigente.

No se trata solo de una acción interna de perdón o de pedido de perdón. Eso es parte, pero si no hay acción, reparación, restablecimiento del equilibrio humano, no alcanza. No es acallar la conciencia a través del pedido de perdón, sino asumir la responsabilidad y las consecuencias de los actos que realizamos y luego, en una acción dolorosa, tratar de restituir–nos. No podemos resetearnos. No podemos ni debemos borrar la memoria, sino por el contrario, es vivir con nuestro pasado, pero reubicado en una dimensión que nos permita crecer. ¿Y el Rey?

El Rey viene a recordarnos nuestra libertad humana. No somos súbditos de nada ni de nadie en la tierra. No debemos temer el poder de los poderosos. No le debemos nada a nadie más que a aquel que nos enseña nuestra conducta ética y moral. Algunos prefieren llamarlo conciencia. ¿Esa voz interna será la introyección del concepto de Dios?

Revisemos de aquí que debamos dedicar un tiempo a la Teshuvá.

En una de las plegarias de Rosh Hashaná leemos el versículo de Job 26:7 y “sobre la nada suspende la tierra” – תֹּ֥לֶה אֶ֝֗רֶץ עַל־בְּלִי־מָֽה.

La palabra ‘blimá’ que está escrita en el texto en dos palabras “bli – ma” significa literalmente bli – sin, ma- qué. De ahí la traducción “nada”. O sea, en una imagen plástica viene el versículo y nos dice, la Tierra está ahí, porque así Dios lo quiere, Él la sostiene sobre nada.

La guemará interpreta el versículo trayendo tres opiniones:

En la primera, nos habla de la modestia: “Rava dice, y algunos dicen, que el rabino Yojanán dice: Mayor es que el que se establece con relación a Abraham. Con respecto a Abraham, está escrito: ‘Y yo soy sólo polvo y cenizas’, mientras que con respecto a Moisés y Aarón está escrito: ‘Y qué somos nosotros’, es decir, ni siquiera somos polvo y cenizas. Y Rava dice, y algunos dicen que el rabino Yojanan dice: ‘El mundo perdura sólo por el mérito de Moisés y Aarón’. Está escrito aquí: ‘¿Y qué somos nosotros?’. Y está escrito en otra parte: “Él suspende la tierra sobre nada” (Job 26: 7). Es decir, la tierra perdura en el mérito de aquellos que dicen de sí mismos que no son nada, es decir, Moisés y Aarón” (Julin 89a).

En la segunda, la palabra no es leída como “bli-ma”, sino como una sola palabra, “blimá”, que

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