El Shofar acusa…Rabinos y líderes cuyo ego hiere a la Comunidad

identidades no debilita a la comunidad, la fortalece. Porque cuando cada persona puede verse incluida, el futuro se escribe con más fuerza, más dignidad y más verdad.

Nos escandalizamos por una bandera palestina en alguna movilización, pero nos quedamos callados cuando el odio baja desde el Poder o Gobierno de turno, atacando alguna minoría. Ese silencio también aturde. En los chats comunitarios, dirigentes que deberían dar ejemplo replican discursos que dividen y marcan más la grieta, atacan a partidos políticos y personas por tener voces disidentes, como si fueran herejes. Muchos “Rabinos” (Ortodoxos, Conservadores, Reformistas) se reparten una autoridad sobre “la Comunidad” que nadie les otorgó, como si su dogma personal fuera ley para todos. 

Las elecciones en este último año fueron el espejo más cruel. Vimos las de DAIA, las de AMIA, las del Congreso Sionista Mundial, y pronto serán las de OSA. ¿Resultado? Más grieta, más foto con el poder de turno, más egos con moño institucional. Se prometió combatir la judeofobia “a nivel Estado”, y lo que llegó fueron selfies, comunicados y ruidos de campaña. Dimos vergüenza.

Este nuevo año, si no empezamos a reconocer que, sin una comunidad pluralista, honesta, abierta y autocrítica, no hay futuro, seguiremos dando vergüenza. Seguiremos repitiendo la farsa de las elecciones comunitarias, seguiremos creyendo que donar un cheque compra eternidad, seguiremos posando en fotos que nadie recordará.

Desde Argentina, la paradoja es todavía más grotesca: dirigentes que aquí se proclaman de Derecha, en Israel defienden posiciones de izquierda; y viceversa. Discursos que cambian según la conveniencia del momento, según la billetera que abre puertas o cierra bocas. Altos dirigentes que, a fuerza de limosnas, se sienten dueños de la Comunidad, como si donar les diera derecho de propiedad sobre nuestras almas. Nos seguimos vendiendo al mejor postor, creyendo que con plata se compra legitimidad, pero lo único que se compra es silencio. 

Rosh Hashaná nos llama a otra cosa. Nos llama a la Teshuvá: a volver, a repensar, a mirar hacia adentro, admitir que este camino nos lleva al abismo. La judeofobia global no se combate con selfies, ni con el poder de turno, ni con comunicados altisonantes, sin consecuencias reales. La historia nos lo gritó demasiadas veces: cuando nos fragmentamos y los egos pesan más que la vida colectiva, perdemos todos.

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