Seguimos estando

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Hay momentos en los que hacer periodismo deja de ser simplemente contar lo que sucede. Hay momentos en los que uno siente que tiene que estar ahí. Este año volví a Israel. Y volví distinto.
No solamente porque Israel está atravesando uno de los momentos más difíciles de su historia. También porque caminar por sus calles, hablar con su gente, visitar lugares marcados por el dolor y escuchar historias que todavía buscan respuestas me hizo volver a pensar en algo que muchas veces damos por sentado: qué significa ser parte del pueblo judío.

Durante estos días conocí personas que perdieron hijos, padres, hermanos y amigos. Escuché historias de soldados, de familias, de sobrevivientes y de personas que decidieron transformar el dolor en acción.

Estuve frente a fotografías de jóvenes que tenían toda una vida por delante. Escuché los últimos mensajes de alguien que ya no está. Entré en una casa convertida en museo para que una hija no muera dos veces. Y también vi algo que resulta difícil explicar con palabras: la vida sigue. Israel sigue.

Los chicos siguen yendo a la escuela. Las familias siguen caminando. Las mesas siguen preparándose. Se siguen celebrando cumpleaños. Se siguen haciendo planes. Se sigue soñando.
No porque se haya olvidado el dolor. Todo lo contrario. Se sigue viviendo a pesar del dolor. Y quizás eso sea una de las formas más profundas de resistencia.

Este Rosh Hashaná nos encuentra, una vez más, con demasiadas preguntas y pocas respuestas.
Nos encuentra con una guerra que todavía no terminó, con familias que siguen esperando a sus seres queridos, con comunidades judías de todo el mundo enfrentando un antisemitismo que ya no se esconde y con una sociedad israelí que todavía intenta reconstruirse después de aquel 7 de octubre que cambió para siempre nuestra historia reciente.

También nos encuentra divididos. Y eso debería preocuparnos. Porque podemos pensar diferente. Podemos discutir. Podemos tener posiciones distintas sobre Israel, sobre su gobierno, sobre la guerra y sobre el futuro. Pero hay algo que no deberíamos perder nunca: la conciencia de que somos un mismo pueblo. Un pueblo diverso, complejo, contradictorio y apasionado. Pero un pueblo.

Desde Vis á Vis intentamos hacer nuestro trabajo en ese contexto: informar, preguntar, incomodar cuando corresponde, denunciar el

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