A partir de esa nefasta fecha ningún judío volvió a ser el mismo y la sombra del odio nos volvió a acechar. Las vallas a partir de los atentados no se han derribado y seguimos custodiados como ninguna otra comunidad, tratando de seguir una vida aparentemente normal.
Somos el 0,02 % de la población mundial y encenderemos velas como un resplandor para iluminar la ceguera universal.
¡Shaná Tová lambrot hakol!

