En estos días, al acercarnos a Rosh Hashaná e iniciar el camino que culmina en Yom Kipur, la tradición nos invita a hacer una pausa, mirar el año que termina y hacer un balance de lo vivido: de los caminos que elegimos, de aquello que construimos y también de aquello que quedó pendiente. Es un tiempo para preguntarnos quiénes somos, qué comunidad estamos construyendo y qué legado queremos dejar.
Este año, ese llamado adquiere un significado aún más profundo. Venimos de meses atravesados por el dolor y la incertidumbre, en los que la guerra volvió a poner a prueba a Israel y conmovió profundamente a los israelíes y a los judíos que vivimos en la diáspora.
Con el regreso de los últimos rehenes y la recuperación de quienes ya no podían volver con vida, comenzó a cerrarse una de las etapas más dolorosas abiertas el 7 de octubre de 2023.
El dolor no desaparece, pero permanece intacto uno de los principios que mejor nos define: “No abandonar jamás a los nuestros.”
En ese mismo espíritu de resiliencia, en los primeros días de junio tuve el privilegio de participar de la Marcha del Orgullo LGBTQ+ en Tel Aviv. Volver a ver esas calles llenas de música, de colores y de gente volviendo a bailar fue una de las imágenes más esperanzadoras de este año.
No fue solamente una celebración; fue la expresión de una sociedad que, después del dolor, eligió volver a encontrarse, volver a sonreír y volver a creer en el futuro.
Volver a bailar no significó olvidar. Significó demostrar que el terror no tendría la última palabra. Significó honrar la memoria de quienes ya no están, reafirmando con coraje el compromiso con la vida, con la libertad y con el futuro.
Esa experiencia también invita a una reflexión más amplia. Mientras en Israel miles de personas pudieron volver a marchar celebrando la diversidad, todavía hay lugares donde muchas personas LGBTQ+ no pueden vivir plenamente quiénes son, ni hacerlo con la libertad y la dignidad que merecen.
La defensa de los derechos humanos exige coherencia, compromiso y la convicción de que la libertad y la igualdad deben ser defendidas para todas las personas.
En la Argentina tenemos también una responsabilidad. A lo largo de

