Creer en tu vida.

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luchaban no por sus egos, sino por su gente.

Herzl, Weitzman y Ben Gurión diseñaron el sueño de un Israel democrático, integrador y plural. Ese fue el espíritu fundacional del país. ¿Podremos nosotros sus herederos defender esos ideales? En este tiempo donde el Israel que conocimos está en peligro de desintegración por el fanatismo político y el extremismo religioso ¿Estaremos a la altura de sentirnos parte de la misión que tenemos como pueblo?

Hace poco escuché esta historia. 80 años antes de ese Congreso aquí en nuestro país, Pueyrredón le enviaba la ayuda económica que el Gral. San Martín pedía para el cruce de los Andes y lograr la independencia del Virreinato español. Pueyrredón le escribe al gran Gral. que si bien en la desesperación de la hora le enviaría lo que le pedía, estaba convencido que el proyecto era imposible. A lo que San Martín le respondió en otra carta: “Es cierto. Es imposible, pero es imprescindible.” Ellos estaban atravesados por una misión.

Imprescindibles. Estar inspirados por una misión, es sabernos mucho más de lo que somos. Arreglar nuestra Argentina parece una misión imposible. Pero todos somos imprescindibles. Tenemos que empezar por dejar de esperar qué es lo que el país, el Estado o la comunidad me tiene que dar, sino qué es lo que tengo para ofrecer. Para hacer.
Todos imprescindibles. A veces nos preguntamos ¿qué es lo que la comunidad me da?
Lo que ellos se preguntaron fue: ¿qué es lo que yo puedo construir?

Tenemos que sabernos más grandes de lo que somos pero desde la humildad. Comprendiendo que humildad no es pensar que somos menos. Sino pensar menos solamente en nosotros. En el momento en que te encontrás siendo parte de algo que te trasciende, Israel, tu país, tu kehilá, logras creer en tu vida.

2 – AMOR . Encontrar sentido en el amor.
Hoy estamos muchísimo más conectados pero mucho menos vinculados. Ha crecido la conectividad pero ha bajado el nivel de contacto. Y en medio de la soledad en la que nos refugiamos detrás de nuestras pantallas, el miedo tomó el lugar de la alegría.

El Rab Wolpe recuerda una historia de Carlebach. El rabino recorría pueblitos de Europa del Este. Se encuentra con un hombre amable, generoso, sonriente diferente al resto del pueblo. Le pregunta entonces: ¿por qué sos como sos?

“Recuerdo después de la guerra, que un rumor corrió que los cosacos vendrían y destruirían todo. El rabino juntó a todos los chicos del pueblo y nos llevó a su casa. Nos escondió mientras nuestros padres vigilaban si seriamos atacados. No podía dormir, el frío del invierno y el terror no me dejaban cerrar los ojos. En medio de la noche el Rab se acercó y me tapó con su saco para abrigarme. Me susurró despacito al oído: “Buen chico, dormí tranquilo que yo estoy acá”. El hombre volvió a sonreír y con los ojos húmedos dijo:
“Pasaron 75 años de ese momento, y todavía me siento abrigado”.

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