Como mujeres judías, descendientes de familias diezmadas por el odio, frente al recrudecimiento diario de agresiones y difamaciones por ser judíos, asumimos el compromiso ineludible de denunciar y exigir justicia. Porque somos hijas y nietas de sobrevivientes, y sabemos el precio del silencio.
Como mujeres, tenemos la responsabilidad de criar hijos en libertad y de construir un mundo compartido con hombres y mujeres de bien. Alzamos nuestra voz no desde el odio, sino desde la lucha irrenunciable por una sociedad mejor, más justa y más humana.
Con el nuevo año judío que comienza renovamos nuestro compromiso: ampliar nuestra programación y sumar cada día a más mujeres dispuestas a acompañarnos. Porque cuando una mujer alza su voz, ninguna es silenciada.
Porque somos memoria. Somos voz. Somos futuro.

