Desde ese día de holocausto que fue el 7 de octubre de 2023, los crímenes de guerra y la invasión territorial de Hamas despertaron un tsunami de antisemitismo. Y la increíble empatía con los victimarios en lugar de hacerlo con las víctimas. Montañas de millones de dólares de los enemigos de Israel y de los judíos como financistas y el fascismo de izquierda que se autopercibe progre, como ejecutor material, lograron gran ventaja en la batalla cultural por la información.
Hay cientos de situaciones que me sorprendieron e indignaron. El rol nefasto de artistas como Rosalía, Samuel Jackson o Javier Bardem, por ejemplo. No debería ser gratis para aquellas celebridades que defienden a los grupos terroristas pro iraníes más sanguinarios y salvajes. Y menos para los que reivindican al propio Irán que asesina masivamente a su pueblo, que lo hambrea, lo tortura y castiga brutalmente la diversidad sexual y las libertades civiles de las mujeres.
Pero por momentos, parece gratis.
Pedro Porro recibió la medalla de campeón del mundo en New Jersey envuelto en la bandera de Palestina. Todo en línea con el corrupto antisemita de Pedro Sánchez. El primer ministro de España es el vocero más importante que tienen los ayatolas en Europa. Pero la mayoría —no todos, por suerte— de los líderes de países del viejo continente han callado y por lo tanto han otorgado. Otro ejemplo de mirar para otro lado como política de Estado fue Emmanuel Macron en Francia.
Ideológicamente woke, temerosos de ser rechazados electoralmente por los miles y miles de inmigrantes de países musulmanes y suicidas culturales que le dan la razón a Oriana Fallaci, una gran mayoría de países ejerció un silencio cómplice. Ni siquiera se inmutaron con el bloqueo al estrecho de Ormuz, con los ataques misilísticos a los países árabes del Golfo Pérsico por parte de Irán o con el cierre de otras vías navegables por el Mar Rojo. Los más perjudicados fueron, además de Arabia Saudita y China, los integrantes de la Unión Europea.
No les interesa defender los valores occidentales judeocristianos. No los espanta ni los moviliza la defensa de la democracia, la república y la libertad. Están paralizados de cobardía y especulación.
Quedarán en la historia atravesados por el hecho de haber transformado a Europa en un viejo continente, cada vez más viejo y menos continente. Y sus liderazgos serán repudiados en las urnas más temprano que tarde.
La complicidad del viejísimo continente

