Celebrar este año nuevo judío es estar vivo y tener fuerza para festejarlo. Será el segundo del viejo y nuevo recrudecimiento del antisemitismo.
Viejo porque la historia de nuestro pueblo tiene un calendario de ataques sufridos que, con la creación del Estado de Israel, la defensa hizo posible saber que nunca más nos iban a avasallar.
Pero el 7/10 demostró lo contrario porque comenzó otro calendario, una especie de fecha Hiroshima Terrorista de Hamás, cuando tribus bárbaras se lanzaron sobre Israel. Destrucción y muerte como un carnaval, al igual que en las fiestas paganas, se desató una lujuria, invadiendo y asesinando.
A partir del 7/10, cada segundo es una alarma para los judíos que vieron cómo se le cayó al mundo la careta de la tolerancia, palabra horrible que esconde odio agazapado.
El 7/10 hizo girar en sentido opuesto las agujas del reloj, pues el tiempo pasado se hizo presente y esa fecha marcó un tiempo y un calendario que ya no son solo siglos o años, sino que marca a diario, a minutos, a segundos, la universal calumnia y ataques a los judíos. Se ha perdido la seguridad que todo estado presta a sus ciudadanos y cada antisemita se erige en un vengador de una fábula milenaria inventada a un pueblo que resistió las invasiones y conversiones porque resistió con su fidelidad a su pertenencia. Las noticias diarias no dejan de asombrar por la locura generalizada como un tsunami, en la que se señala a los judíos genocidas, absurda calificación de los genocidas de mente antisemita.
La pequeñez del territorio de Israel es directamente proporcional a su grandeza en el concierto de las naciones. Y cada judío, que representa el 0,02 % de la población mundial, es una luz ante el oscurantismo de los fanáticos obedientes a mandatos religiosos y políticos enfermos de poder y dominación.
El panorama para la judeidad huele a una propaganda putrefacta que proviene de riquezas naturales que producen fortunas, de vastedades de tierras, de jeques que mantienen a sus pueblos en la ignorancia y la pobreza que los condena a vivir bajo

