El inicio de un nuevo año siempre nos invita a detenernos por un instante y abrir un espacio de introspección. No se trata únicamente de pasar la página del calendario, sino de hacer un balance sincero de lo vivido. Cada comienzo de ciclo nos da la posibilidad de crecer, de reparar, de volver a elegir los valores que guiarán nuestro camino.
Este nuevo año, sin embargo, lo recibimos atravesados por un sentimiento amargo. A la alegría de la vida que se renueva se suma el dolor de saber que en Israel, nuestro hogar, aún hay hermanos y hermanas que siguen privados de su libertad, secuestrados en manos del terrorismo. El dolor de familias que esperan el regreso de sus seres queridos sin certezas ni respuestas. El dolor de una sociedad que ansía recuperar la calma, la seguridad y la posibilidad de vivir en paz.
La historia de nuestro pueblo nos enseña que la resiliencia y la unidad son la base de nuestra supervivencia. Hemos atravesado momentos oscuros y, aun así, hemos sabido mantener encendida la llama de la esperanza y de nuestra identidad. Sabemos que no estamos solos: somos un pueblo que se acompaña, que se sostiene y que se multiplica en cada gesto de solidaridad, en cada encuentro comunitario y en cada voz que se alza en favor de la justicia, de la vida y de la paz.
Como presidente del Círculo siento la responsabilidad y el orgullo de pertenecer a una institución que lleva más de cinco décadas comprometida con estos valores. El Círculo es un espacio de encuentro, de recreación, de educación, de cultura y de transmisión. Pero, sobre todo, es un espacio de continuidad, donde las generaciones se encuentran y se fortalecen en torno a la identidad judía y al vínculo indisoluble con Medinat Israel. Ser parte de esta comunidad nos recuerda, cada día, que nuestra misión no es sólo preservar lo recibido, sino también proyectar un futuro lleno de contenido y sentido.
En este nuevo año renovamos ese compromiso. Renovamos la convicción de que nuestro rol es sostener a cada familia, acompañar a cada joven y ofrecer un lugar donde cada uno pueda sentirse parte de una historia que lo trasciende.
Que el 5786 sea un año de salud, de unión y de fortaleza. Que sea un tiempo en el que la paz deje de ser

