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    Rosh Hashaná: el antídoto contra el odio

    Rosh Hashaná no es solo el inicio del año judío: es una cita con la verdad, una invitación Divina a escuchar el eco de nuestra conciencia antes de que el ruido de la vida nos distraiga nuevamente. En estos días de juicio y misericordia, se nos propone revisar no solo nuestras acciones, sino la raíz de nuestras emociones: ¿Qué alimenta el resentimiento que albergamos? ¿Qué historias nos contamos para justificar el desprecio, el enojo, la indiferencia?

    El odio, como la anosognosia espiritual, se instala cuando dejamos de reconocer nuestras propias heridas. Es más fácil apuntar al otro que asumir nuestros errores, más cómodo etiquetar que intentar comprender. Como aquellos pacientes que niegan su enfermedad, nuestra sociedad —y cada uno en su interior— fabrica narrativas en las que la culpa siempre está afuera. “El otro me provocó”, “los de tal grupo son así”, “yo solo respondo con justicia”, nos decimos. Y así, perpetuamos el ciclo del odio: racional, argumentado, auto justificado.

    Pero Rosh Hashaná interrumpe esa lógica. Nos sacude con el sonido del shofar, un grito primordial que atraviesa las defensas del alma. Nos recuerda que no somos jueces sino juzgados, que no hay relato más verdadero que el que emerge cuando uno se enfrenta a la mirada del Creador. Ahí no hay excusas. Solo nosotros y nuestra responsabilidad.

    El odio es una forma de idolatría: convierte al otro en una caricatura, lo reduce a un enemigo, borra su humanidad. Por eso la Teshuvá, la vuelta al origen comienza reconociendo que hemos perdido el rumbo no solo por lo que hicimos, sino por lo que sentimos sin cuestionar. Yom Hadin, el Día del Juicio, no evalúa solo actos, sino intenciones. ¿Cómo podemos limpiar nuestro corazón si nos negamos a ver sus manchas?

    El judaísmo, con su sabiduría milenaria, ofrece en estos días un modelo para desactivar el odio: introspección, arrepentimiento, reparación, oración comunitaria y silencio interior. No hay atajos. Se nos invita a mirar con honestidad, a pedir perdón, a concederlo, a comprometer un cambio. Y en el proceso, a descubrir que el otro también lucha, también siente, también espera un año mejor.

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