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La revista de Vis á Vis -Edición Especial Iamim Noraim 5787 es posible gracias a los siguientes sponsors.

Axel Wahnish

Embajador de Argentina en Israel

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Yaakov Hagoel

Presidente de la Organización Sionista Mundial

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Mario Montoto

Mario Montoto

Presidente de la Cámara de Comercio Argentino-Israelí

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Eli Cohen

Eli Cohen

Representante de la Agencia Judía y la OSM para Argentina y el Cono Sur

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Marcelo Bancic - Freddy Vainberg

Marcelo Bancic y Freddy Vainberg

Sheliaj y Pte. Keren Hayesod

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Silvio Joskowicz

Silvio Joskowicz

Dpto. de Emprendimientos Sionistas de la OSM

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Eyal Ostrinsky

Presidente del Keren Kayemet LeIsrael

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Rabina Graciela de Grynberg

Rabina Graciela de Grynberg

Comunidad Beit Israel

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Pnina Agenyahu

Directora de la Unidad de Relaciones Judías Globales en la Agencia Judía

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Daniel Gurfinkiel

Daniel Gurfinkiel

Presidente del Consejo Directivo de Sociedad Hebraica Argentina

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Maximiliano Srur

Presidente del Círculo Social Hebreo Argentino

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Fabián Wolff

Fabián Wolff

Presidente de Country Mi Refugio

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Lic. Sergio Kuchevasky

Director General del Hogar LeDor VaDor

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Claudia Camisar Alterman

Presidenta de OR WIZO Argentina

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Rabino Rubén Najmanovich

Rabino M.Ed. Rubén Najmanovich

Rabino, educador y comunicador

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Dr. Ariel Gelblung

Director del Centro Simon Wiesenthal para América Latina

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Pablo Haber

Dir. Rel. Institucionales de Hejalutz Lamerjav

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Saludo de Hanoar Hatzioni y Tnuat Hamercaz Haliberalit

Yuval Nemirovsky

Tnuat Hamerkaz Haliberalit (Hanoar Hatzioni)

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Seguimos estando

Hay momentos en los que hacer periodismo deja de ser simplemente contar lo que sucede. Hay momentos en los que uno siente que tiene que estar ahí. Este año volví a Israel. Y volví distinto.
No solamente porque Israel está atravesando uno de los momentos más difíciles de su historia. También porque caminar por sus calles, hablar con su gente, visitar lugares marcados por el dolor y escuchar historias que todavía buscan respuestas me hizo volver a pensar en algo que muchas veces damos por sentado: qué significa ser parte del pueblo judío.

Durante estos días conocí personas que perdieron hijos, padres, hermanos y amigos. Escuché historias de soldados, de familias, de sobrevivientes y de personas que decidieron transformar el dolor en acción.

Estuve frente a fotografías de jóvenes que tenían toda una vida por delante. Escuché los últimos mensajes de alguien que ya no está. Entré en una casa convertida en museo para que una hija no muera dos veces. Y también vi algo que resulta difícil explicar con palabras: la vida sigue. Israel sigue.

Los chicos siguen yendo a la escuela. Las familias siguen caminando. Las mesas siguen preparándose. Se siguen celebrando cumpleaños. Se siguen haciendo planes. Se sigue soñando.
No porque se haya olvidado el dolor. Todo lo contrario. Se sigue viviendo a pesar del dolor. Y quizás eso sea una de las formas más profundas de resistencia.

Este Rosh Hashaná nos encuentra, una vez más, con demasiadas preguntas y pocas respuestas.
Nos encuentra con una guerra que todavía no terminó, con familias que siguen esperando a sus seres queridos, con comunidades judías de todo el mundo enfrentando un antisemitismo que ya no se esconde y con una sociedad israelí que todavía intenta reconstruirse después de aquel 7 de octubre que cambió para siempre nuestra historia reciente.

También nos encuentra divididos. Y eso debería preocuparnos. Porque podemos pensar diferente. Podemos discutir. Podemos tener posiciones distintas sobre Israel, sobre su gobierno, sobre la guerra y sobre el futuro. Pero hay algo que no deberíamos perder nunca: la conciencia de que somos un mismo pueblo. Un pueblo diverso, complejo, contradictorio y apasionado. Pero un pueblo.

Desde Vis á Vis intentamos hacer nuestro trabajo en ese contexto: informar, preguntar, incomodar cuando corresponde, denunciar el

antisemitismo, contar las historias que muchas veces no llegan a los grandes medios y, sobre todo, mantener abierto un espacio para la comunidad judía argentina.

No siempre es fácil. Pero después de todo lo que vi y escuché este año, hay algo que tengo todavía más claro. Tenemos que seguir estando. Estar por Israel. Estar por la comunidad. Estar por quienes no pueden hablar. Estar por quienes fueron asesinados. Estar por quienes todavía esperan. Estar por quienes todos los días trabajan para reconstruir. Estar por mis hijos, mis nietos y las próximas generaciones.

Porque ellos tienen que recibir una identidad judía que no esté construida solamente desde el miedo, sino también desde el orgullo. Que sepan quiénes somos. Que sepan de dónde venimos. Que conozcan nuestra historia. Y que entiendan que ser judío no es solamente recordar lo que nos hicieron. También es seguir construyendo lo que somos. Quizás por eso Rosh Hashaná tenga hoy un significado todavía más profundo. Es tiempo de mirar hacia atrás, pero también de preguntarnos qué queremos construir hacia adelante.

Desde Vis á Vis quiero agradecerles a quienes nos leen, nos acompañan, nos critican, nos cuestionan y nos ayudan a seguir. Porque un medio de comunicación también es una comunidad. Y esta revista es, de alguna manera, una fotografía del momento que nos toca vivir. Una fotografía con dolor, sí. Pero también con esperanza.

Que este nuevo año nos encuentre más unidos. Que podamos volver a abrazarnos sin miedo. Que los que esperan puedan reencontrarse. Que Israel pueda recuperar la tranquilidad. Que nuestros hermanos en la diáspora puedan vivir su judaísmo con orgullo y sin temor. Y que nunca perdamos la capacidad de mirar hacia adelante.

Shaná Tová Umetuká.
Que tengamos un año de salud, paz, unidad y esperanza.
Y que, pase lo que pase, sigamos estando.

MENSAJE DEL EMBAJADOR DE ISRAEL EN ARGENTINA, EYAL SELA

MENSAJE DEL EMBAJADOR DE ARGENTINA EN ISRAEL, AXEL WAHNISH

EL MENSAJE DE PILAR RAHOLA POR IAMIM NORAIM

MENSAJE DE YAAKOV HAGOEL – PRESIDENTE DE LA ORGANIZACIÓN SIONISTA MUNDIAL

MENSAJE DE DORON ALMOG – PRESIDENTE DE LA AGENCIA JUDÍA

La complicidad del viejísimo continente

Desde ese día de holocausto que fue el 7 de octubre de 2023, los crímenes de guerra y la invasión territorial de Hamas despertaron un tsunami de antisemitismo. Y la increíble empatía con los victimarios en lugar de hacerlo con las víctimas. Montañas de millones de dólares de los enemigos de Israel y de los judíos como financistas y el fascismo de izquierda que se autopercibe progre, como ejecutor material, lograron gran ventaja en la batalla cultural por la información.
Hay cientos de situaciones que me sorprendieron e indignaron. El rol nefasto de artistas como Rosalía, Samuel Jackson o Javier Bardem, por ejemplo. No debería ser gratis para aquellas celebridades que defienden a los grupos terroristas pro iraníes más sanguinarios y salvajes. Y menos para los que reivindican al propio Irán que asesina masivamente a su pueblo, que lo hambrea, lo tortura y castiga brutalmente la diversidad sexual y las libertades civiles de las mujeres.
Pero por momentos, parece gratis.
Pedro Porro recibió la medalla de campeón del mundo en New Jersey envuelto en la bandera de Palestina. Todo en línea con el corrupto antisemita de Pedro Sánchez. El primer ministro de España es el vocero más importante que tienen los ayatolas en Europa. Pero la mayoría —no todos, por suerte— de los líderes de países del viejo continente han callado y por lo tanto han otorgado. Otro ejemplo de mirar para otro lado como política de Estado fue Emmanuel Macron en Francia.
Ideológicamente woke, temerosos de ser rechazados electoralmente por los miles y miles de inmigrantes de países musulmanes y suicidas culturales que le dan la razón a Oriana Fallaci, una gran mayoría de países ejerció un silencio cómplice. Ni siquiera se inmutaron con el bloqueo al estrecho de Ormuz, con los ataques misilísticos a los países árabes del Golfo Pérsico por parte de Irán o con el cierre de otras vías navegables por el Mar Rojo. Los más perjudicados fueron, además de Arabia Saudita y China, los integrantes de la Unión Europea.
No les interesa defender los valores occidentales judeocristianos. No los espanta ni los moviliza la defensa de la democracia, la república y la libertad. Están paralizados de cobardía y especulación.
Quedarán en la historia atravesados por el hecho de haber transformado a Europa en un viejo continente, cada vez más viejo y menos continente. Y sus liderazgos serán repudiados en las urnas más temprano que tarde.

Osvaldo Armoza

Construir comunidad, una responsabilidad compartida

Cada Rosh Hashaná nos invita a detenernos por un instante, mirar el camino recorrido y reflexionar sobre el futuro que queremos construir. Es un momento especial para hacer un balance del año que termina, agradecer por lo vivido y asumir, con esperanza, los desafíos que tenemos por delante.
Nuestra tradición nos impulsa a comenzar un nuevo ciclo con la convicción de que siempre es posible mejorar. También nos recuerda la importancia de los valores que han sostenido a nuestro pueblo a lo largo de generaciones: la solidaridad, la responsabilidad mutua, el respeto por el otro y la transmisión de nuestra identidad.
Vivimos tiempos complejos, tanto para nuestras instituciones como para nuestras comunidades. Frente a esos desafíos, estoy convencido de que la mejor respuesta es seguir fortaleciendo los vínculos que nos unen. La vida comunitaria se construye todos los días, a través de la participación, el compromiso y la capacidad de encontrarnos aún cuando pensamos distinto.
Desde AMIA trabajamos cada día con ese propósito: generar espacios de encuentro, acompañar a quienes más lo necesitan, promover la educación judía y fortalecer el sentido de pertenencia que nos conecta con nuestra historia. Lo hacemos con la certeza de que una comunidad crece cuando cada persona encuentra un lugar para involucrarse, aportar y sentirse parte.
Al comenzar este nuevo año deseo que renovemos nuestro compromiso con esos valores y que sigamos construyendo juntos una comunidad cada vez más unida y solidaria.
Que el año que comienza traiga salud, paz, bienestar y bendiciones para cada familia. Que podamos transitarlo con esperanza, fortaleciendo los lazos que nos unen y mirando el futuro con confianza.

Shaná Tová Umetuká.

AMIA
Mauro Berenstein

Shaná Tová Umetuká

Cada Rosh Hashaná tiene algo especial.
No importa si somos más observantes o más tradicionales. Si vamos todos los Shabat a la sinagoga o solamente en las Altas Fiestas. Hay algo de esta fecha que siempre nos reúne.
Nos volvemos a sentar alrededor de una mesa con nuestros hijos, nuestros padres, nuestros abuelos o nuestros amigos. Compartimos una comida, escuchamos el sonido del shofar, probamos la manzana con miel y, casi sin darnos cuenta, volvemos a preguntarnos qué clase de personas queremos ser durante el año que comienza.
Confieso que este año esa pregunta me acompañó más que nunca.
Vivimos un tiempo extraordinario y desafiante a la vez. Nunca antes estuvimos tan conectados y, sin embargo, nunca antes una mentira había tenido tanta capacidad para recorrer el mundo en cuestión de minutos. El odio ya no necesita paredes para escribirse ni panfletos para distribuirse. Hoy viaja a la velocidad de un clic y encuentra en los algoritmos una herramienta capaz de amplificar prejuicios y teorías conspirativas hasta alcanzar a millones de personas.
El antisemitismo nunca desaparece; cambia de idioma, de formato y de excusa. A lo largo de la historia fue religioso, luego racial, más tarde político y hoy muchas veces se disfraza de información, de activismo o incluso de entretenimiento. Se adapta a cada época y utiliza las herramientas que esa época le ofrece para volver a señalar a los judíos como responsables de problemas que nada tienen que ver con ellos.
Lo vimos hace apenas unas semanas en España. Una crisis migratoria en Ceuta, completamente ajena a la comunidad judía, fue suficiente para que las redes sociales se inundaran de publicaciones que recuperaban viejos mitos sobre supuestos controles judíos de gobiernos, fronteras y medios de comunicación. En apenas 72 horas, esas teorías conspirativas alcanzaron una audiencia estimada en más de cien millones de personas.
Y también lo vimos durante el Mundial. Un acontecimiento que debería haber unido a millones de personas alrededor del deporte fue utilizado por algunos para volver a instalar relatos conspirativos sobre supuestos intereses judíos detrás de decisiones deportivas o económicas. Parece irracional, y justamente ahí radica el peligro: el antisemitismo no necesita argumentos sólidos para expandirse; le alcanza con encontrar una emoción, un prejuicio o un algoritmo dispuesto a amplificarlo. También lo vivimos en nuestro país.
El último Informe sobre

Antisemitismo de la DAIA registró 713 expresiones antisemitas durante 2025, y cerca del 70% tuvo lugar en las redes sociales. Son cifras que preocupan, pero también nos muestran que el escenario cambió.
Por eso creo que hoy ya no alcanza con indignarnos. Necesitamos involucrarnos. Necesitamos que cada vez más personas participen de la conversación digital. Que no dejemos ese espacio solamente en manos de quienes difunden odio o desinformación. Que cada uno, desde su lugar, pueda responder con respeto, con información y con responsabilidad.
El estudiante que explica qué es el antisemitismo en su universidad. La mamá que responde con serenidad cuando encuentra una mentira en las redes. El abuelo que les cuenta a sus nietos la historia de su familia. El periodista que verifica antes de publicar. El docente que enseña. El dirigente comunitario. El empresario. El joven que comparte con orgullo una actividad de su movimiento juvenil o una festividad judía. Todos tenemos algo para aportar. Porque la identidad no se defiende solamente cuando nos atacan. También se fortalece cuando la vivimos con orgullo, cuando la compartimos y cuando la hacemos visible. Pero mientras escribía estas líneas me di cuenta de que también hay otra reflexión que quiero compartir.
Muchas veces hablamos de todo lo que debemos defender. Hoy también quiero invitarlos a pensar en todo lo que tenemos para agradecer.
Porque, a pesar de los desafíos, la Argentina sigue siendo uno de los pocos países del mundo donde podemos vivir una vida judía plena.
Podemos educar a nuestros hijos en escuelas judías. Podemos rezar libremente en nuestras sinagogas. Tenemos clubes, movimientos juveniles, instituciones, centros culturales y espacios donde miles de chicos construyen identidad todos los días. Podemos celebrar un Bar o una Bat Mitzvá con orgullo, cantar el Hatikva, estudiar hebreo, reunirnos en familia para Shabat o caminar con una kipá por la calle. Nada de eso debería parecernos natural.
En muchas comunidades del mundo, hoy hay padres que dudan antes de enviar a sus hijos a una escuela judía o de permitirles usar una Estrella de David en el espacio público. Nosotros, con los desafíos que enfrentamos, todavía podemos vivir nuestra identidad con libertad. Y eso es un privilegio que debemos valorar y proteger.
Ese privilegio existe gracias al esfuerzo de generaciones enteras que construyeron comunidad. Gracias a quienes soñaron escuelas, levantaron sinagogas, fundaron clubes, crearon instituciones y entendieron que el judaísmo se fortalece cuando se vive en comunidad.
Y también gracias a quienes hoy siguen sosteniendo esa tarea.
Quiero detenerme un instante para agradecer profundamente a todos los que hacen posible esa misión.
A nuestros profesionales, que ponen su conocimiento y su vocación al servicio de la comunidad.
A nuestros educadores y rabinos, que transmiten valores y construyen identidad cada día.

A los voluntarios, dirigentes y askanim, que entregan incontables horas de manera silenciosa, muchas veces resignando tiempo con sus

propias familias para fortalecer las instituciones de todos.

Y muy especialmente a nuestros donantes, cuyo compromiso y generosidad hacen posible gran parte de nuestro trabajo. Gracias a ellos podemos defender a la comunidad cuando es atacada, acompañar a quienes lo necesitan, impulsar programas educativos, fortalecer la seguridad, promover el diálogo y representar con dignidad a la comunidad judía argentina. Cada aporte, grande o pequeño, es una demostración de que la responsabilidad colectiva sigue siendo uno de nuestros mayores valores.
Como presidente de la DAIA tengo el enorme privilegio de ver de cerca esa entrega cotidiana. Y puedo asegurarles que detrás de cada proyecto, de cada acción y de cada logro hay personas que trabajan con una convicción admirable, muchas veces lejos de los reconocimientos y de los reflectores.
A todos ellos, gracias.
Hace unos días alguien me preguntó cuál era, para mí, la mejor respuesta frente al antisemitismo. Pensé mucho la respuesta. Y hoy estoy convencido de que es esta.
El antisemitismo pretende convencernos de que ocultemos quiénes somos. Nuestra mejor respuesta es exactamente la contraria: vivir nuestra identidad con más orgullo, más participación y más comunidad que nunca.
Es llenar nuestras sinagogas. Es que nuestros chicos sigan jugando en los clubes y participando de los movimientos juveniles. Es estudiar hebreo. Es celebrar un Bar o una Bat Mitzvá. Es ayudar al que más lo necesita. Es tender puentes con la sociedad argentina. Es abrir las puertas de nuestras instituciones. Es mostrar, con naturalidad, la riqueza de nuestra historia, nuestra cultura y nuestros valores. Porque cuando una comunidad vive plenamente su identidad, el odio pierde fuerza.
Que el sonido del shofar nos recuerde que siempre es posible empezar de nuevo. Que tengamos la sabiduría para distinguir el ruido de la verdad.
La fortaleza para enfrentar los desafíos. Y la humildad para seguir construyendo juntos.
Que este 5787 nos encuentre más unidos, más comprometidos y más orgullosos de ser quienes somos. Con salud para nuestras familias. Con paz para el Estado de Israel. Con esperanza para nuestro pueblo.
Y con la certeza de que tenemos una enorme responsabilidad: cuidar la extraordinaria vida judía que hemos sabido construir en la Argentina y transmitirla, todavía más fuerte, a las próximas generaciones.
De corazón, les deseo a todos y a cada uno de ustedes una Shaná Tová Umetuká.

Federico Nemetsky

El 8 de octubre

El calendario siguió avanzando, pero una parte de nosotros quedó detenida en el 7 de octubre de 2023. Hay días que no terminan a medianoche y aquel fue uno de ellos. Desde entonces aprendimos a convivir con el dolor, la ausencia, la incertidumbre y una pregunta difícil: ¿cómo se sigue después de una tragedia que cambió y nos cambió tanto?

Rosh Hashaná quizás nos ofrece una respuesta. Comenzar un nuevo año, un nuevo ciclo, no significa borrar lo anterior. Significa mirarlo, asumirlo y decidir qué hacemos con él. Porque recordar no puede significar quedarnos inmóviles. La memoria también debe empujarnos a construir.

El Salmo 126, que habla del retorno a Sion, dice: “Los que siembran con lágrimas cosecharán con alegría”. La imagen es poderosa e increíblemente adecuada. No se espera a que termine el llanto para sembrar. Se siembra con lágrimas.

Siglos después, Theodor Herzl hizo de una frase el lema de su Altneuland: “Wenn Ihr wollt, ist es kein Märchen”, que todos conocemos como “si lo queremos, no será una leyenda”.

Entre esas dos ideas hay un puente profundamente sionista: aun heridos, elegimos el futuro.

Quizás este Rosh Hashaná sea el momento de empezar a vivir nuestro 8 de octubre. No para dejar atrás el 7. Mucho menos para olvidarlo. Sino para llevar a quienes perdimos, todo lo que aprendimos y aquello que debemos defender hacia un nuevo ciclo.

También desde la Argentina nos toca reconstruirnos, reencontrarnos y volver a hacer del ideal sionista una fuerza de vida, comunidad, responsabilidad y esperanza.

Que este nuevo año nos encuentre nuevamente sembrando, construyendo y soñando. Shaná Tová Umetuká.

Mario Montoto

Shaná Tová Umetuká

Estimados amigos y colegas:

En estas Altas Fiestas deseo hacerles llegar un fraternal saludo desde la Cámara de Comercio Argentino-Israelí, institución que tengo el honor de presidir. Es un tiempo de reflexión y renovación, que nos invita a mirar el camino recorrido y a reafirmar, con la misma convicción de siempre, nuestro compromiso con el futuro.

Desde el inicio, esta Cámara ha sido, por sobre todo, un puente: una conexión entre Argentina e Israel, y especialmente, entre sus personas. De seguro con miradas distintas, con trayectorias diversas y con historias diferentes, pero creemos profundamente que esa diversidad nos fortalece y que son los lazos construidos los que generan oportunidades y contribuyen al desarrollo de nuestras naciones. Es por ello que continuamos promoviendo no solo el intercambio comercial, sino también la cooperación en innovación, ciencia, tecnología, educación y cultura entre nuestras dos naciones.

Al comenzar un nuevo año advertimos sobre una tendencia que preocupa: el aumento del antisemitismo camuflado en posturas pseudo humanistas, que relativizan, minimizan y hasta justifican el terrorismo. Ante ese panorama, renovamos nuestro compromiso con los valores de la libertad, la paz y la vida.

En tiempos complejos, la resiliencia continúa siendo una de las mayores fortalezas de Israel, cuya capacidad de innovar y generar soluciones de impacto global sigue inspirando al mundo. Ese mismo espíritu impulsa nuestra labor cotidiana y se refleja en iniciativas como la 11ª edición de los Israel Innovation Awards, un espacio que reafirma el valor de la cooperación entre Argentina e Israel, impulsando el talento, la innovación y el desarrollo tecnológico como motores para construir un futuro mejor.

Que este nuevo año nos encuentre construyendo más y mejores puentes entre la Argentina e Israel, con el diálogo, el trabajo conjunto y la innovación como motores de ese camino compartido.

Shaná Tová Umetuká.

Eli Cohen

El mensaje del Representante de la Agencia Judía y la OSM para Argentina y el Cono Sur

De nuevo estamos al comienzo de un nuevo año, y de nuevo es como si fuera el primer año que ha pasado

De nuevo, introspección y búsqueda del alma.

De nuevo, el dolor de la culpa y la petición del perdón.

Pero la verdad es que no es lo mismo: es un nuevo comienzo. Dios nos ha dado un don único: permitirnos reiniciar, aprender de nuestros errores y corregir nuestro camino cuando nos equivocamos.

Este año fue muy especial. La misión judía de la garantía mutua se completó con el rescate de los secuestrados y el regreso a casa tras la guerra del 7/10/23. Lamentablemente, no todos volvieron como queríamos.

Por otro lado, muchos de nuestros hijos y hermanos cayeron defendiendo nuestra querida Eretz Israel.

La lucha por nuestro derecho a ser un pueblo libre, tanto en nuestra tierra como en la diáspora, aún no ha terminado. El antisemitismo va en aumento y perjudica a todos los judíos, dondequiera que se encuentren.

Sí, este año también pido perdón. Este año también oraremos por la verdadera paz con nuestros enemigos y entre nosotros mismos.

Este año espero que todos los deseos de nuestro corazón se hagan realidad para bien.

Este año creemos que será bueno, e incluso mejor

בשנה הזו יהיה טוב ועוד יותר טוב

Feliz Año Nuevo

תחל שנה וברכותיה

Marcelo Bancic - Freddy Vainberg

Un nuevo año para seguir construyendo juntos

Con el comienzo del año 5787 renovamos nuestro compromiso con una misión que nos une desde hace más de un siglo: fortalecer a Israel, reconstruir vidas y tender puentes entre nuestra comunidad y el Estado de Israel. Los desafíos de los últimos años nos recuerdan que la unidad y la responsabilidad compartida no pueden quedar solamente en palabras. Pasaron años muy difíciles y para miles de ciudadanos israelíes la guerra aún no terminó. Continúa en quienes enfrentan largos procesos de rehabilitación física y emocional, en las familias que conviven con el trauma y la ausencia, en las comunidades que trabajan por reconstruirse y en los soldados y reservistas que siguen protegiendo el hogar de todo el Pueblo Judío.

En este contexto, nuestra misión es ser un puente. Un puente que se fortalece cuando decidimos estar presentes con hechos llevando esperanza donde más se necesita. Israel es nuestra seguridad, nuestra identidad y nuestra continuidad. Israel es nuestra casa, nuestro hogar. Por lo tanto, Israel es nuestra responsabilidad.

Desde Keren Hayesod Argentina trabajamos cada día para honrar esa responsabilidad, impulsados por el compromiso de personas como ustedes, que transforman la solidaridad en acciones concretas. Porque cada aporte, cada gesto y cada decisión de involucrarse les dicen a nuestros hermanos en Israel: «No están solos».

Al comenzar este nuevo año queremos expresar nuestro más profundo agradecimiento por caminar junto a nosotros. Gracias por ayudarnos a seguir construyendo ese puente que une a nuestra comunidad con Israel y por demostrar que, cuando el Pueblo Judío permanece unido, es capaz de enfrentar cualquier desafío con fortaleza, esperanza y compromiso. Que el año 5787 nos encuentre renovando nuestra misión, fortaleciendo nuestros lazos y construyendo, juntos, un futuro de paz, seguridad y prosperidad para Israel y para todo el Pueblo Judío.

Shaná Tová Umetuká.

Silvio Joskowicz

Rosh Hashaná y el próximo capítulo: pensar judío, actuar sionista

Cada Rosh Hashaná se nos entrega una página en blanco, que nos convoca a la introspección y a la renovación. Este año quiero detenerme en algo que vengo pensando desde hace tiempo, y que se cristalizó en una conversación reciente en Buenos Aires, junto a un grupo excelente de personas: ¿Cómo se escribe, realmente, el próximo capítulo de nuestro pueblo?

El opcionismo de esta generación es una brújula para pensar hacia donde debemos transitar los próximos años. Una opción consciente y comprometida de la nueva generación que busca marcos de identidad en diferentes espacios culturales, que le devuelvan sentido al modelo individual de ser judio.

Herzl decía «Im tirtzu, ein zo hagada…» (“si lo queréis, no es una leyenda/sueño”).

No dijo «si lo piensan» ni «si lo sueñan». Dijo «si lo queréis…». Si tienen la pasión y están dispuestos a actuar.

Entre esa tensión, entre pensar y actuar, vivimos también nosotros cada Rosh Hashaná: entre la teshuvá que es introspección y lo que es, sobre todo, acción.

El sionismo nació en esa intersección: entre el idealista que sostiene el por qué, el soñador que imagina lo que todavía no existe, y el ejecutor que lo convierte en instituciones, en tierra, en Estado.

Estamos hoy frente un desafío distinto al de Herzl: el proyecto colectivo de un pueblo judío laico, soberano, con Estado propio, ya no es un sueño por realizar, es una realidad de más de 75 años. Pero, paradójicamente, esa misma realidad atraviesa hoy una crisis como objeto ideológico. Para muchos, especialmente entre las generaciones más jóvenes, Israel dejó de ser un proyecto colectivo por el cual apasionarse y se volvió un dato, un país entre otros, o incluso, para algunos, una fuente de incomodidad.

El sionismo que logró su sueño corre el riesgo de perder, precisamente por haberlo logrado, la fuerza movilizadora que lo hizo posible.

Por eso creo que necesitamos un nuevo sionismo: no el que construyó el Estado, sino el que ahora tiene que darle sentido, comunidad y propósito a ese Estado ya construido. Un sionismo que no se apoye en la épica fundacional, sino en la elección cotidiana y libre de seguir sintiéndose parte.

A eso me refiero cuando hablo del «opcionismo» de esta generación: no es indiferencia, es elección permanente. Es una generación que no rechaza lo judío, lo elige, o no lo elige, todo el tiempo, sin que nadie se lo imponga desde una estructura o un edificio.

Las comunidades que sigan pensando la pertenencia solo en términos de adentro o afuera, de socio o no socio, se van a quedar perfeccionando un producto que el mundo ya dejó de consumir.

Precisamente, este es también un momento para hablar de judaísmo humanista: uno que pone en el centro a la persona, su dignidad y su libertad de elegir, sin exigir uniformidad creencia ni de práctica como condición de pertenencia. Un judaísmo con tantas formas legítimas de ser judío como personas dispuestas a serlo.

Eso me lleva a una imagen que más me interesa resaltar en este Rosh Hashaná: “La carpa”.

Nuestro pueblo siempre supo construir carpas, no muros. La carpa de Abraham tenía aberturas en sus cuatro costados, para que quien pasara pudiera entrar por cualquier lado y sentirse recibido. Esa es la comunidad que necesitamos construir a futuro: amplia, inclusiva, con lugar para el que viene de una familia mixta, para el que se acerca por primera vez, para el que discrepa. Una carpa que no pregunta primero «¿sos de los nuestros?», sino «¿querés entrar?».

¿Qué nos pide entonces este Rosh Hashaná?

Como idealistas: pensar la pertenencia como algo gradual, múltiple e inclusivo.

Como soñadores: imaginar puntos de entrada que no exijan una decisión identitaria total desde el primer día.

Como ejecutores: sostener y apoyar activamente a la sociedad israelí, nuestro hogar nacional como pueblo, con un vínculo vivo que cada persona pueda construir y cuestionar a su manera, con matices y desacuerdos incluidos.

El sionismo, antes que una posición política, es el reconocimiento de que somos familia. Y a una familia no se la retiene por obligación. Se la sostiene generando, una y otra vez, motivos genuinos para pertenecer a ella.

El próximo capítulo todavía no está escrito. El proyecto que soñaron nuestros abuelos ya es una realidad. Nos toca a nosotros sostenerlo con el mismo fervor con que ellos lo imaginaron.

Este Rosh Hashaná no es para heredar ese capítulo, sino para escribirlo: entre idealistas, soñadores y ejecutores, bajo una carpa cada vez más amplia.

Shaná Tová u’Metuká.

EYAL OSTRINSKY, PRESIDENTE DEL KEREN KAYEMET LEISRAEL

Creer en tu vida.

Rosh Hashaná nos enfrenta al paso del tiempo. Al paso de los años.
En el final de los días de Moisés, el maestro recuerda lo que trae los años. Las luces y las sombras que trae el tiempo.
Tiempos de Brajá y tiempos de tormenta. De sol y de lluvias. De caídas y de alegrías. Comienza con una hermosa lista de bendiciones que nos trae la vida y los años.

Nos habla de la tierra buena, de campos verdes y amaneceres infinitos.
Pero también nos recuerda que los años traen días oscuros. Y esos días, tapan la luz de todos los demás. Tiempos en que nos cuesta ver, nos cuesta seguir, nos cuesta vivir.

Sobre el final de esas palabras, el eterno maestro nos trae algo que es quizá el peor de todos los males:
“LO TAAMIN BEJAIEJA: No creer en tu propia vida”.

No creer en nuestra propia vida implica perder la noción del sentido, del para qué.
Muchas veces nos llenamos la agenda, nos cargamos de compromisos, nos perdemos en el celular o nos escondemos acumulando cosas materiales, sólo para no enfrentar la crisis espiritual de este tiempo: si acaso creemos en nuestra vida.
Si somos quienes queremos ser. Si nos sabemos genuinos, verdaderos.
Si acaso tiene sentido nuestra existencia.

Quisiera compartirles esta noche lo que enseña sobre esto el más grande experto en la búsqueda de sentido, Viktor Frankl.
Frankl dice que tres cosas le pueden entregar sentido a la vida:
UNA MISIÓN, el AMOR y el SUFRIMIENTO.

1 – MISION – Encontramos sentido cuando descubrimos una misión.
Una misión es entregarte a algo que es más grande que vos.
En 1897 se reunieron 200 delegados judíos de todo el mundo convocados por un sueño. Fue el 1er Congreso Sionista en Basilea fundado por Theodoro Herzl. Lo hicieron porque creían en algo. Porque estaban convencidos que podían cambiar sus vidas.

Vivían en condiciones miserables, inimaginables para nosotros. De persecución, exilio, discriminación, segregación, desamparo, pogromos y hambre. Pero sentían y creían que cambiarían el mundo. Y lo hicieron. Sintieron que ellos eran una causa.

Cuando terminó el congreso, Herzl escribió en su diario que en 50 años el Estado de Israel que estaban soñando en ese Congreso sería real. 50 años y 6 meses después Ben Gurión declaraba la Independencia. Fue gracias a que

luchaban no por sus egos, sino por su gente.

Herzl, Weitzman y Ben Gurión diseñaron el sueño de un Israel democrático, integrador y plural. Ese fue el espíritu fundacional del país. ¿Podremos nosotros sus herederos defender esos ideales? En este tiempo donde el Israel que conocimos está en peligro de desintegración por el fanatismo político y el extremismo religioso ¿Estaremos a la altura de sentirnos parte de la misión que tenemos como pueblo?

Hace poco escuché esta historia. 80 años antes de ese Congreso aquí en nuestro país, Pueyrredón le enviaba la ayuda económica que el Gral. San Martín pedía para el cruce de los Andes y lograr la independencia del Virreinato español. Pueyrredón le escribe al gran Gral. que si bien en la desesperación de la hora le enviaría lo que le pedía, estaba convencido que el proyecto era imposible. A lo que San Martín le respondió en otra carta: “Es cierto. Es imposible, pero es imprescindible.” Ellos estaban atravesados por una misión.

Imprescindibles. Estar inspirados por una misión, es sabernos mucho más de lo que somos. Arreglar nuestra Argentina parece una misión imposible. Pero todos somos imprescindibles. Tenemos que empezar por dejar de esperar qué es lo que el país, el Estado o la comunidad me tiene que dar, sino qué es lo que tengo para ofrecer. Para hacer.
Todos imprescindibles. A veces nos preguntamos ¿qué es lo que la comunidad me da?
Lo que ellos se preguntaron fue: ¿qué es lo que yo puedo construir?

Tenemos que sabernos más grandes de lo que somos pero desde la humildad. Comprendiendo que humildad no es pensar que somos menos. Sino pensar menos solamente en nosotros. En el momento en que te encontrás siendo parte de algo que te trasciende, Israel, tu país, tu kehilá, logras creer en tu vida.

2 – AMOR . Encontrar sentido en el amor.
Hoy estamos muchísimo más conectados pero mucho menos vinculados. Ha crecido la conectividad pero ha bajado el nivel de contacto. Y en medio de la soledad en la que nos refugiamos detrás de nuestras pantallas, el miedo tomó el lugar de la alegría.

El Rab Wolpe recuerda una historia de Carlebach. El rabino recorría pueblitos de Europa del Este. Se encuentra con un hombre amable, generoso, sonriente diferente al resto del pueblo. Le pregunta entonces: ¿por qué sos como sos?

“Recuerdo después de la guerra, que un rumor corrió que los cosacos vendrían y destruirían todo. El rabino juntó a todos los chicos del pueblo y nos llevó a su casa. Nos escondió mientras nuestros padres vigilaban si seriamos atacados. No podía dormir, el frío del invierno y el terror no me dejaban cerrar los ojos. En medio de la noche el Rab se acercó y me tapó con su saco para abrigarme. Me susurró despacito al oído: “Buen chico, dormí tranquilo que yo estoy acá”. El hombre volvió a sonreír y con los ojos húmedos dijo:
“Pasaron 75 años de ese momento, y todavía me siento abrigado”.

Una palabra, un gesto de amor, puede cambiar para siempre a una persona, y a vos.

Una palabra de amor. A tu hijo. A tu papá. A tu pareja. Eso que damos por obvio.
Una palabra de apoyo, de cariño, de gratitud. A la persona que ayuda en tu casa.
Al que te abre la puerta del edificio en la oficina. No imaginamos como podemos cambiarle el día o la vida a alguien con un acto de amor.

Sabes cómo podes Creer en tu vida, encontrar sentido en la vida?
Sabiéndote único para cambiar otras vidas.

3 – SUFRIMIENTO. Encontrar sentido en el sufrimiento

El Coliseo era el corazón de Roma. Los juegos mostraban gladiadores que luchaban entre ellos o contra bestias salvajes. Una orgia de sangre, violencia y muerte. Parte del “juego”, era el final de la pelea donde los asistentes ponían su pulgar hacia arriba o hacia abajo, determinando la muerte pública del guerrero.
Los rabíes del Talmud vivían en esa ciudad. Ellos determinaron que estaba prohibido participar de esas masacres. Ser parte deshonraba la vida y toda moral.
Sin embargo, Rabi Natan se opone en el debate y dice que no solo hay que ir sino que es un deber estar allí. Es una obligación estar presente y levantar el dedo bien alto!
Gritar con todas las fuerzas y alentar a que otros levanten también sus manos!

Porque la vida no es un juego. SALVAR UNA VIDA NO ES UN JUEGO.

En días oscuros, en el dolor, en el sufrimiento podemos encontrar un sentido.

Es en los momentos de angustia, donde debemos levantar nuestras manos, y decir que seguimos presentes en la arena. Que vamos a dar batalla. Y que podemos ser ejemplo para otros. Que podemos ser gladiadores frente a nuestras perdidas. Que podemos encontrar sentido, justo en ese lugar en donde todo parece vacío.

Cuando aparece la enfermedad, cuando llega la muerte, perdemos fuerzas, perdemos coraje, perdemos valentía, y sobre todo, solemos perder la búsqueda del sentido. Perdemos la brujula, el sentido de hacia dónde, la dirección, el camino.
El sentido del para qué.

Pero es justamente en momentos de sufrimiento, donde debe aparecer el gladiador.
El que comprende que si estamos luchando, es porque estamos sobre la arena.
Ser ejemplo para los nuestros en nuestra lucha, nos hace héroes en el Coliseo de nuestra vida.

Tenemos un mensaje para dar cuando atravesamos un dolor. Una historia que contar, un legado lleno de entereza que dejar. Para aquellos que desde las gradas nos alientan con sus dedos hacia arriba, celebrando nuestra vida. Nuestro sentido único en la vida.

Creer en nuestra vida, es encontrar ese pequeño destello de luz en medio de nuestras sombras. Para ayudar a otros con nuestro ejemplo, a levantar sus manos al cielo.

Amigos queridos, amigos todos.

El tiempo se va. Pero vuelve a nacer cada mañana.

Un nuevo año se hace nueva oportunidad. Para descubrir el propósito. El para qué.

El desafío de este año será abrazarnos a una misión, renacer desde el dolor, y transformarnos en almas que multipliquen acciones de amor.

Este año, propongámonos invertir en lo que perdura.
En lo que recordaremos para siempre. En lo que será nuestro mensaje.
No hay misión más grande que amar profundo a nuestra familia, nuestros amigos, nuestra historia, nuestra gente, nuestro idishkait, nuestro país, nuestros ideales y nuestros futuros.

Por un año, en el que creamos con el alma, en nosotros mismos.

Rabina Graciela de Grynberg

El eco del pasado, el milagro del presente

Cada año, al leer la Torá en Rosh Hashaná, nos reencontramos con uno de los relatos más movilizantes y profundos de la Torá: la Akedá Itzjak (la Ligadura de Isaac).

Imaginemos por un momento esa escena. Dios le pide a Abraham la prueba más difícil del mundo: llevar a su amado hijo Itzjak al monte Moriah para ofrecerlo como holocausto (Génesis 22). Abraham no duda, no discute ni siquiera con Sara; simplemente emprende el camino en un silencio lleno de preguntas y dolor.

En medio de ese silencio absoluto, llega la pregunta más desgarradora de Itzjak: “Padre mío…he aquí el fuego y la leña, mas ¿dónde está el cordero para el sacrificio?”

Y Abraham, con el corazón dolido, le responde: “Dios proveerá el cordero, hijo mío”.

Pronto, Itzjak se encuentra atado sobre el altar y Abraham sostiene el cuchillo. Pero justo antes del desenlace fatal, el cielo se abre y se escucha la voz esperada: “¡No extiendas tu mano contra el muchacho!”. El cuchillo cae, el silencio inunda el lugar y los latidos acelerados de ambos se convierten en el sonido de una vida que vuelve a empezar.

Aquel encuentro tan cercano con la tragedia transformó para siempre a Abraham y a Itzjak. La cercanía de la muerte les regaló una mirada completamente nueva sobre el valor de la vida.

Lo hermoso del judaísmo es que no necesitamos pasar por una experiencia límite para despertar. A través del recuerdo de la Akedá podemos conectar con esos sentimientos de vulnerabilidad y gratitud sin haber atravesado el peligro real.

Aquí es donde se cruza la sabiduría de nuestro judaísmo con las palabras del gran psiquiatra y sobreviviente del Holocausto, Víctor Frankl, quien nos dejó este maravilloso consejo: “Vive la vida como si estuvieras viviendo por segunda vez y como si hubieras actuado equivocadamente la primera vez”.

Frankl nos invita a aprovechar cada bocanada de aire, a disfrutar el presente y a intentar hacer las cosas mejor. Porque tal vez, esta sea nuestra única oportunidad de escribir nuestra historia de la manera correcta.

Los Iamim Noraim no buscan juzgarnos ni anclarnos en el pasado o en el error. Al contrario, nos dicen: podés comenzar de nuevo.

Nos invitan a soltar aquellas culpas, rencores o problemas que no podemos resolver, y a mirar hacia adelante. El quasi-sacrificio de Itzjak ocurrió, la historia existió, pero lo que hacemos hoy con nuestro presente depende enteramente de nosotros.

Tenemos por delante 365 días, como un libro completamente nuevo con páginas en blanco. Solo nosotros tenemos la lapicera para escribir en ellas la vida y la persona que siempre soñamos ser y que hasta ahora no habíamos logrado concretar.

En estos días tan especiales, detengámonos un momento a pensar:

¿Qué actitud nos gustaría cambiar este año para vivir con más plenitud?

¿Cómo podemos usar las lecciones del pasado para diseñar un futuro más luminoso y feliz?

Que este año nuevo nos encuentre con la valentía de escribir una historia hermosa, llena de amor, proyectos y segundas oportunidades.

¡Shaná Tová Umetuká!

שנה טובה ומתוקה

MENSAJE DE PNINA AGENYAHU – DIRECTORA DE LA UNIDAD DE RELACIONES JUDÍAS GLOBALES EN LA AGENCIA JUDÍA

Esteban Bluvol

El mensaje del presidente de Faccma

Desde el inicio de nuestra gestión convivimos constantemente con situaciones en donde tuvimos que tomar decisiones importantes para seguir mostrándonos como una comunidad fuerte, unida y que no cesa sus actividades pese al terrorismo y el antisemitismo.

Como institución consideramos que nuestra misión fue siempre no escondernos, decir presente, seguir activando y promoviendo el deporte, como así también las actividades culturales y educativas.

En esa línea nos mantuvimos cuando decidimos en 2024 iniciar los procesos de preselección para la Macabeada del 2025, y una vez que se postergó por la guerra con Irán, rápidamente nos rearmamos para empezar a trabajar pensando en la nueva fecha propuesta por Israel.

Llevamos 330 madrijim a Bekeff para fines de 2025 / principios de 2026 y logramos llevar más de 270 personas a la Macabeada Mundial, cuando meses atrás era una incertidumbre si el evento iría a realizarse.

Como siempre decimos, trabajamos para que 273 judíos regresen a nuestro país siendo orgullosamente judíos y creemos que en gran parte lo hemos logrado.

Sabemos que era un evento complejo y, lejos de juzgar a quienes no estuvieron, creemos que viajamos, jugamos y vivimos por nosotros y por aquellos que en algún momento pensaron en viajar y por diversas cuestiones no pudieron decir presente.

Fue un evento histórico, por lo que estamos viviendo hoy como judíos en el mundo, por lo que está viviendo Israel, por el 7 de octubre, por la guerra constante y por la incertidumbre del futuro.

Volvimos a decir presente, no solo con las palabras, sino también con hechos. Deseamos de corazón que los próximos años sean de mayor tranquilidad y menor incertidumbre, pero con la convicción de que si tenemos que volver a pisar fuerte y sentar nuestra postura, volveríamos a hacer una y mil veces lo que hicimos.

¡Jazak Veematz!

¡Am Israel Jai!

¡Shaná Tová y Gmar Jatimá tová!

Daniel Gurfinkiel

Iamim Noraim en el Centenario: legado y compromiso

Se acercan los Iamim Noraim, ese momento único y esperado del año en el que aflojamos el ritmo para hacer nuestro propio balance y reencontrarnos en lo que nos une de verdad. Para nuestra tradición, este tiempo de balance espiritual es un ejercicio íntimo pero también colectivo. Nos invita a repensarnos, a reparar lo dañado y a renovar nuestro compromiso con el futuro.

Para quienes formamos parte de Hebraica, este espacio dentro del tiempo tiene este año un significado especial, más profundo y emocionante: lo atravesamos transitando con orgullo el Centenario de nuestra querida institución.

Cuando en los próximos días el sonido del Shofar nos convoque y nos vuelva a cautivar, su eco no solo despertará nuestra conciencia individual. Este año, ese sonido nos traerá el murmullo y la fuerza de un siglo entero de historia. Va a sonar por los jóvenes visionarios que en 1926 se animaron a soñar una Hebraica que uniera la cultura, el deporte y la identidad; va a sonar por las generaciones que levantaron las paredes de Sarmiento en el Once, y por aquellos que plantaron los árboles bajo los cuales hoy corren nuestros hijos y nietos en Pilar. Nos va a recordar que somos la prueba viva de su memoria: un eslabón firme en esta historia compartida gracias a ellos, que se animaron a soñar.

En Hebraica, el concepto de Ledor Vador (de generación en generación) no es una frase retórica; es una realidad que se respira en cada rincón de nuestras sedes. Lo vemos en la transmisión de valores de nuestros madrijim, en el abrazo de las familias y en la continuidad de nuestra vida comunitaria. Por eso, el balance de este año trasciende lo personal: conecta de manera perfecta con el balance de nuestro primer siglo de vida. Nos convoca a mirar hacia atrás con profunda gratitud por el legado recibido, pero fundamentalmente nos desafía a mirar hacia adelante.

Al iniciar este Segundo Siglo de Hebraica, el desafío que tenemos por delante como dirigentes y como comunidad es inmenso y muy motivador. No se trata simplemente de custodiar con nostalgia lo hecho en el pasado, sino de tener la audacia de seguir construyendo instituciones modernas, dinámicas, sustentables y vibrantes, capaces de abrazar y contener a las nuevas generaciones que hoy crían a sus hijos en un mundo complejo y desafiante. El futuro no es ese lugar que esperamos

pasivamente; es un compromiso que asumimos de forma activa cada día.

En este tiempo de reconexión con lo esencial, con el orgullo y la responsabilidad de presidir Hebraica en su Centenario, pero fundamentalmente como un integrante más de este espacio colectivo, les comparto mi deseo: que sepamos renovar nuestra vocación de encuentro. Porque cuidar, habitar y fortalecer nuestras instituciones desde el lugar que a cada uno le toca es la contribución indispensable para asegurar el futuro de toda nuestra comunidad. Que encontremos en la herencia de nuestros pioneros la fuerza para seguir innovando, y en nuestra identidad compartida la guía para seguir construyendo un camino de continuidad y orgullo.

Que el sonido del Shofar nos encuentre unidos, fuertes y con la mirada puesta en lo que vendrá. Que seamos inscriptos en el Libro de la Vida para un año de paz, salud, encuentro y alegrías para toda la comunidad y para todo el pueblo de Israel.

¡Shaná Tová Umetuká!

¡Gmar Jatimá Tová!

El mensaje del presidente del Círculo Social Hebreo Argentino

Cada Rosh Hashaná marca mucho más que el comienzo de un nuevo año. Es una oportunidad para detenernos, evaluar el camino recorrido y preguntarnos qué legado queremos seguir construyendo. Es un momento que invita a reforzar nuestros valores, fortalecer los lazos que nos unen y proyectar el futuro con la misma convicción que nos permitió llegar hasta aquí.

Como pueblo judío encontramos nuestra fortaleza en aquello que compartimos: la memoria, la tradición, la educación y el profundo sentido de pertenencia que atraviesa generaciones. Son esos pilares los que nos permiten mirar hacia adelante con confianza y asumir la responsabilidad de transmitir nuestra herencia a quienes continuarán escribiendo nuestra historia.

En el Círculo Social Hebreo Argentino esa misión se refleja todos los días. Cada actividad deportiva, cultural, educativa o social representa una oportunidad para encontrarnos, aprender, compartir y seguir consolidando una institución que crece gracias a las personas que la integran y a los valores que compartimos. Más allá de cada proyecto, el verdadero patrimonio del Círculo está en sus socios, en sus familias y en todos aquellos que, con dedicación y vocación, hacen posible nuestra vida comunitaria.

Medinat Israel ocupa un lugar central en ese camino. El lazo que nos une trasciende las distancias geográficas: nace de una historia compartida, de valores comunes y de la certeza de pertenecer a un mismo pueblo. Desde el Círculo trabajamos para que las nuevas generaciones conozcan, vivan y profundicen esa conexión a través de la educación, el deporte, la cultura y cada experiencia que fortalezca nuestro sentido de pertenencia y nuestro futuro común con Israel.

Pensar en el futuro también significa asumir nuevos desafíos. Significa seguir impulsando una institución abierta, participativa y cercana, que evolucione sin perder la esencia que la distingue desde su fundación. Un espacio donde cada familia encuentre su lugar, donde los jóvenes descubran oportunidades para desarrollarse y donde la vida judía se exprese con compromiso, naturalidad, alegría y sentido.

Como presidente del Círculo, me llena de satisfacción ver una institución que sigue creciendo gracias al esfuerzo colectivo, con la buena

convivencia y el respeto mutuo como pilares.

Cada paso que damos es el resultado del trabajo de dirigentes, profesionales, voluntarios y socios que dedican tiempo y energía para que nuestra casa continúe siendo un punto de encuentro para toda la comunidad.

Cada nuevo año nos recuerda que el futuro se construye con las acciones del presente. Al comenzar el 5787 renovamos nuestra vocación de seguir fortaleciendo la vida comunitaria, transmitir nuestros valores y profundizar el vínculo permanente que nos une con Medinat Israel.

Deseo de corazón que este nuevo año traiga salud, paz, unión y bendiciones para toda la comunidad, que podamos seguir viviendo nuestro judaísmo con orgullo y libertad y que veamos realizados nuestros fervientes deseos de paz para Israel y el mundo.

Shaná Tová UMetuká. Gmar Jatimá Tová.

Am Israel Jai

Fabián Wolff

El mensaje del presidente de Country Mi Refugio

Con la llegada de Rosh Hashaná se abre un nuevo capítulo, un momento que nos invita a detenernos, agradecer el camino recorrido y renovar la esperanza en todo lo que está por venir.

En Mi Refugio creemos profundamente en el valor de construir comunidad. Cada actividad, cada encuentro, cada proyecto y cada espacio compartido cobran sentido gracias a las personas que forman parte de esta gran familia.

Durante este año hemos impulsado nuevos proyectos de infraestructura, consolidado nuestras propuestas deportivas, culturales y sociales y definido una prioridad clara: seguir incorporando familias jóvenes y acercar a más chicos y chicas a la vida en Mi Refugio, generando propuestas que acompañen su crecimiento.

Estamos convencidos de que invertir en las nuevas generaciones es la mejor manera de afianzar nuestra comunidad y reafirmar nuestro compromiso con la continuidad judía, construyendo un espacio donde nuestros valores se vivan y se transmitan de generación en generación. Porque nuestro mayor patrimonio no son solamente los espacios físicos, sino los vínculos que aquí se crean, se fortalecen y perduran en el tiempo.

Que este nuevo año nos encuentre unidos, con salud, paz y la energía necesaria para seguir soñando, creciendo y construyendo juntos un Country del que todos podamos sentirnos orgullosos.

En nombre de la Comisión Directiva, les deseo un muy feliz y dulce año.

Shaná Tová Umetuká.

Mi Refugio — 5787

El mensaje del Director General del Hogar Ledor Vador

Rosh Hashaná nos invita a detenernos, mirar el camino recorrido y renovar nuestras energías para el tiempo que viene. Es también una oportunidad para preguntarnos qué sociedad queremos construir y de qué manera elegimos estar presentes en la vida de los demás.

Vivimos una época en la que la longevidad abre posibilidades inéditas. Vivir más años es una conquista, pero también nos interpela como sociedad: no alcanza con prolongar la vida; debemos procurar que cada etapa pueda ser vivida con dignidad, autonomía, vínculos y sentido.

En LeDor VaDor entendemos que cuidar es mucho más que asistir. Cuidar es acompañar, escuchar con atención, respetar las decisiones de cada persona y reconocer la historia, los deseos y la singularidad de quienes comparten con nosotros este momento de la vida. Es estar presentes también en los pequeños gestos cotidianos, allí donde se construyen la confianza, la pertenencia y el bienestar.

Este nuevo año también nos convoca a enfrentar una de las realidades más silenciosas de nuestro tiempo: la soledad no deseada. Ninguna persona debería sentirse sola o invisible. Por eso, renovar el compromiso con el cuidado implica fortalecer comunidades capaces de acercarse, incluir, compartir y sostener. Comunidades donde las generaciones se encuentren.

Que el año que comienza nos encuentre más dispuestos a escuchar y más comprometidos con una sociedad que celebre la nueva longevidad como una oportunidad para seguir creando proyectos, afectos y futuro.

Desde LeDor VaDor deseamos a toda la comunidad un año de salud y encuentros.

Shaná Tová Umetuká.

LeDor VaDor — 5787

Rosh Hashaná 5787: Volver a encontrarnos, volver a pertenecer

En estos días, al acercarnos a Rosh Hashaná e iniciar el camino que culmina en Yom Kipur, la tradición nos invita a hacer una pausa, mirar el año que termina y hacer un balance de lo vivido: de los caminos que elegimos, de aquello que construimos y también de aquello que quedó pendiente. Es un tiempo para preguntarnos quiénes somos, qué comunidad estamos construyendo y qué legado queremos dejar.

Este año, ese llamado adquiere un significado aún más profundo. Venimos de meses atravesados por el dolor y la incertidumbre, en los que la guerra volvió a poner a prueba a Israel y conmovió profundamente a los israelíes y a los judíos que vivimos en la diáspora.

Con el regreso de los últimos rehenes y la recuperación de quienes ya no podían volver con vida, comenzó a cerrarse una de las etapas más dolorosas abiertas el 7 de octubre de 2023.

El dolor no desaparece, pero permanece intacto uno de los principios que mejor nos define: “No abandonar jamás a los nuestros.”

En ese mismo espíritu de resiliencia, en los primeros días de junio tuve el privilegio de participar de la Marcha del Orgullo LGBTQ+ en Tel Aviv. Volver a ver esas calles llenas de música, de colores y de gente volviendo a bailar fue una de las imágenes más esperanzadoras de este año.

No fue solamente una celebración; fue la expresión de una sociedad que, después del dolor, eligió volver a encontrarse, volver a sonreír y volver a creer en el futuro.

Volver a bailar no significó olvidar. Significó demostrar que el terror no tendría la última palabra. Significó honrar la memoria de quienes ya no están, reafirmando con coraje el compromiso con la vida, con la libertad y con el futuro.

Esa experiencia también invita a una reflexión más amplia. Mientras en Israel miles de personas pudieron volver a marchar celebrando la diversidad, todavía hay lugares donde muchas personas LGBTQ+ no pueden vivir plenamente quiénes son, ni hacerlo con la libertad y la dignidad que merecen.

La defensa de los derechos humanos exige coherencia, compromiso y la convicción de que la libertad y la igualdad deben ser defendidas para todas las personas.

En la Argentina tenemos también una responsabilidad. A lo largo de

nuestra historia hemos sabido construir comunidades comprometidas, solidarias y plurales. Ese es un legado que no solo debemos preservar, sino profundizar.

Las diferencias que hoy atraviesan a la sociedad israelí tampoco deberían convertirse en fracturas dentro de nuestras propias instituciones. Este nuevo año nos desafía a reencontrarnos, a escucharnos y a comprender que la pluralidad nunca ha debilitado al judaísmo; por el contrario, ha sido una de las fuentes de su fortaleza y de su continuidad a lo largo del tiempo.

Nuestras comunidades deben seguir siendo espacios abiertos, seguros y acogedores, donde cada persona encuentre un lugar para participar, crecer y aportar; donde nadie tenga que ocultar quién es para sentirse parte; donde las familias sepan que siempre habrá una puerta abierta y una comunidad dispuesta a abrazarlas.

“Kol Israel arevim ze laze.” Ser responsables unos de otros comienza mucho antes de que alguien necesite ayuda; comienza cuando abrimos nuestras puertas antes de que alguien sienta que está afuera.

Porque una comunidad verdaderamente fuerte no es la que piensa de una sola manera, sino la que logra que cada persona sepa que pertenece.

Como nos enseña el Tehilim 34:13-15:

“Mi haish hejafétz jaím, ohéb yamím lirót tov. Netzor leshonejá merá, usfatéja midabér mirmá. Sur merá va asé tov, bakésh shalom verodféhu.”

“¿Quién es la persona que desea la vida y ama los días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal y tus labios de hablar con engaño. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y persíguela.”

Que estas palabras inspiren nuestro camino en el próximo año.

Que este nuevo año, traiga paz para Israel, consuelo para quienes aún cargan con el dolor de las pérdidas, esperanza para todo el pueblo judío y la sabiduría para seguir construyendo comunidades donde cada persona encuentre un lugar para vivir plenamente su identidad, con orgullo, respeto y pertenencia.

Que podamos entrar en este nuevo año no solo preguntándonos qué comunidad queremos tener, sino qué comunidad queremos ser.

Que el 5787 nos encuentre construyendo comunidades más unidas, más inclusivas y más fuertes.

Shana Tová Umetuká.

Manus Marc Chagall
Jessica Souss, Presidenta KKL Argentina

Sembrar unidad, cosechar futuro: una reflexión para este nuevo comienzo

Con la llegada de Rosh Hashaná nos disponemos a hacer una pausa y reflexionar. Pensamos en el año que pasó, en los logros y las cuestiones pendientes, si tuvimos un impacto positivo en nuestro entorno… En fin, hacemos un balance. En KKL nos pasa lo mismo.

Podría extenderme con el detalle de los proyectos que impulsamos este año, la plantación de árboles, los proyectos de educación, los festivales, las becas, los viajes, y muchas actividades más, pero hay otros momentos más adecuados para eso. En cambio prefiero compartir una reflexión que está presente en cada una de las cosas que hacemos: ¿qué puedo hacer yo para fortalecer la vida de nuestro pueblo y de Israel?

Vivimos tiempos muy desafiantes para nuestra comunidad, y ninguno de nosotros cambiará el mundo por sí solo. Pero cada uno puede elegir ser un eslabón fuerte en la cadena de un pueblo con miles de años de historia. El destino del pueblo judío siempre ha sido un destino compartido. Porque, como dice nuestra tradición, Am Israel arevim ze la ze. Todo Israel es responsable el uno del otro. Tenemos que trabajar juntos, sembrar unidad, participar en las instituciones comunitarias y colaborar con las actividades.

Por eso, quiero extender una invitación abierta y franca a cada integrante de nuestra comunidad:

– Sumate a participar. Tu tiempo, tus ideas y tu energía son indispensables para los desafíos que vienen.
Involucrate en los proyectos. La transformación comunitaria y el lazo con Israel no se logran desde la contemplación, sino desde la acción compartida.
Seamos constructores de diálogo. Transformemos la diversidad de opiniones en el motor que impulse nuevas iniciativas.

Las puertas del KKL están abiertas para todos aquellos que deseen dejar una huella positiva, plantar futuro y cuidar nuestras raíces comunes. Que este nuevo ciclo nos encuentre unidos, trabajando codo a codo, celebrando nuestras diferencias y construyendo un espacio donde todos sintamos que tenemos un lugar para florecer.

Quiero aprovechar también para agradecer el esfuerzo y el compromiso de los voluntarios y los donantes de todas las instituciones comunitarias, que hacen que todo sea posible. Sigamos impulsando grandes proyectos juntos para que todos nosotros y las próximas generaciones tengamos un pueblo aún más unido, un Israel aún más fuerte y un futuro del que todos podamos sentirnos orgullosos.

En nombre de todo el equipo del Keren Kayemet LeIsrael les deseo a cada uno de ustedes y a sus familias un año lleno de salud, paz, dulzura y realizaciones.

¡Shaná Tová Umetuká!

Mario Sobol

Proyectar el futuro con confianza

Cada Rosh Hashaná nos encuentra en un punto de balance y de renovación. Es un tiempo que invita a mirar hacia atrás con gratitud y hacia adelante con responsabilidad, sabiendo que lo que hacemos cada día tiene impacto en la vida de muchas personas.

Son múltiples las dimensiones que atraviesa la vida comunitaria. La educación, el empleo, la asistencia social, la cultura, la memoria y el acompañamiento forman parte de una trama de trabajo sostenido que sólo es posible gracias al compromiso de muchas personas, que desde distintos roles aportan su esfuerzo cotidiano.

Detrás de cada tarea hay personas que escuchan, contienen, gestionan y buscan soluciones en contextos muchas veces complejos. Esa labor, que a veces no se ve, es la que permite que las cosas ocurran y que las respuestas lleguen a tiempo.

Rosh Hashaná también nos recuerda que la continuidad no es automática: se construye con esfuerzo, con organización y con la decisión de sostener lo colectivo incluso en tiempos de incertidumbre.

Los desafíos que tenemos por delante nos encuentran con la certeza de que existe una base sólida, construida a lo largo del tiempo, que permite proyectar el futuro con confianza. Nuestro compromiso es seguir fortaleciendo esa red de vínculos, ampliando oportunidades y estando cerca de quienes más lo necesitan.

Deseo que este año que comienza nos traiga salud, paz y bienestar. Y que podamos seguir trabajando juntos, con responsabilidad y esperanza, para que lo que construimos cada día siga creciendo y se sostenga en el tiempo.

Shaná Tová Umetuká.

Rosh Hashaná: el comienzo de un nuevo tiempo

Rosh Hashaná nos invita a detenernos, mirar el camino recorrido y abrir el corazón a un nuevo comienzo. Es un tiempo de reflexión, de esperanza y de compromiso con los valores que nos definen como comunidad. Cada año que inicia nos ofrece la oportunidad de renovar nuestros sueños, fortalecer nuestros vínculos y elegir, una vez más, construir un futuro mejor.

En WIZO vivimos este espíritu a través de la acción. Creemos profundamente en la capacidad de las mujeres para liderar, inspirar y transformar la realidad con sensibilidad, creatividad y compromiso. Cada encuentro que organizamos, cada proyecto solidario que impulsamos y cada iniciativa que llevamos adelante nace de la convicción de que, cuando las mujeres trabajan unidas, el impacto trasciende generaciones.

Rosh Hashaná también nos recuerda el valor de sembrar. Sembrar tiempo, dedicación, escucha y solidaridad. Porque toda acción realizada con amor deja una huella y contribuye a fortalecer una comunidad más unida, más inclusiva y más humana. Ese es el espíritu que guía el trabajo de WIZO y el que renueva nuestra energía para seguir creciendo juntas.

Que el sonido del shofar despierte en cada una de nosotras el deseo de seguir aprendiendo, de tender puentes, de acompañar a quienes lo necesitan y de continuar siendo protagonistas de una historia construida sobre el compromiso y la esperanza.

En este nuevo año, renovamos nuestro agradecimiento a cada mujer que forma parte de nuestro movimiento.

Su entrega, su generosidad y su vocación de servicio hacen posible que nuestra misión siga creciendo día a día.

Que el año que comienza nos encuentre unidas, fortalecidas y con la certeza de que cada pequeño gesto puede cambiar una vida.

Shaná Tová Umetuká. Que este nuevo año traiga paz, salud, bienestar y bendiciones para nuestras familias, para Israel y para toda la comunidad.

Rabino Rubén Najmanovich

Iamim Noraim: brújula del alma

Los Iamim Noraim, los Días Reverenciales, son un tiempo que trasciende el calendario y se convierte en un espacio de confrontación interior. No son días que simplemente se cuentan, sino días que pesan, que se cargan de sentido y que nos obligan a detenernos en medio de la vorágine de la vida para preguntarnos: ¿hacia dónde apunta la brújula de nuestra existencia?

La tradición judía, desde sus fuentes más antiguas hasta sus pensadores contemporáneos, ha concebido este período como un cruce de caminos donde se decide el rumbo del alma. En ellos se entrelazan memoria y futuro, juicio y misericordia, introspección y acción. Son días en los que el ser humano es convocado a examinar no sólo lo que ha hecho, sino también aquello que ha dejado de hacer; no sólo sus logros, sino también sus omisiones; no sólo sus certezas, sino también sus dudas.

Maimónides (1138-1204), en su obra Mishné Torá, explica que el sonido del shofar en Rosh Hashaná es un llamado a despertar del sueño espiritual. No es un gesto ritual vacío, sino una alarma que sacude al individuo para que revise sus actos y se reconcilie con su propósito. Najmánides (1194-1270) veía en la Teshuvá no sólo un retorno a D-os, sino un regreso a la chispa divina que nunca se extingue en el ser humano. Y Rabí Eliézer (siglos I-II) enseñaba que Rosh Hashaná conmemora la creación del hombre, lo que significa que cada año volvemos a ser creados, con la oportunidad de redefinir nuestro destino.

Esta idea de una nueva creación anual contiene una profunda enseñanza existencial: la identidad humana no es una realidad fija e inmutable, sino una construcción permanente. Cada Rosh Hashaná nos recuerda que no estamos condenados a repetir nuestros errores ni a quedar atrapados en las definiciones que otros, o incluso nosotros mismos, hemos elaborado sobre nuestra persona. Siempre existe la posibilidad de comenzar nuevamente, de corregir el rumbo y de orientarnos hacia una versión más íntegra de nosotros mismos.

En la modernidad, la reflexión se vuelve más existencial. El Rabino PhD. Yosef Dov Soloveitchik ZT”L (1903-1993) planteaba que la Teshuvá es una transformación radical: el futuro reinterpreta el pasado. No estamos condenados por lo que hicimos, sino que podemos resignificarlo a través de la visión de lo que queremos ser. Yeshayahu Leibowitz (1903-1994) ZT”L insistía en que la fe no se mide en

discursos, sino en acción: los Iamim Noraim son un llamado a vivir la Torá en lo cotidiano, a encarnar la santidad en cada gesto. Abraham Joshua Heschel (1907-1972) ZT”L veía en estos días un tiempo de asombro radical, donde la oración se convierte en un diálogo profundo con el misterio de la vida y de D-os. Y Emmanuel Levinas (1906-1995) recordaba que el juicio divino se refleja en la responsabilidad hacia el otro: los Iamim Noraim no son sólo introspección individual, sino compromiso ético con la alteridad.

Sin embargo, la transformación espiritual exige una condición indispensable: la humildad. No puede existir Teshuvá mientras el individuo permanezca aferrado a la ilusión de la perfección. Reconocer los propios errores constituye uno de los actos más difíciles y, al mismo tiempo, más liberadores de la experiencia humana. La verdadera superación personal comienza cuando la persona se acepta a sí misma tal como es, con sus virtudes y defectos, comprendiendo que equivocarse forma parte de la condición humana. Reconocer el error no disminuye nuestra dignidad; por el contrario, la fortalece, porque demuestra la capacidad de aprender, rectificar y crecer.

La arrogancia pretende la infalibilidad; la Teshuvá, en cambio, exige honestidad. Quien cree poseer toda la verdad difícilmente pueda emprender un camino de transformación. Los Sabios entendieron que el crecimiento espiritual comienza cuando somos capaces de mirarnos sin máscaras ni autojustificaciones. El examen de conciencia propio de estos días no consiste únicamente en recordar faltas pasadas, sino en desarrollar la valentía de admitir nuestras limitaciones y asumir la responsabilidad de nuestro perfeccionamiento moral.

Esta actitud también transforma nuestra relación con los demás. Así como reclamamos el derecho a pensar, elegir y actuar conforme a nuestra conciencia, debemos reconocer ese mismo derecho en quienes nos rodean. La Teshuvá auténtica nos aleja del fanatismo y de la necesidad de imponer nuestras convicciones. Nos enseña a escuchar antes que juzgar, a comprender antes que condenar y a dialogar antes que intentar vencer. Reconocer la legitimidad de la diferencia también es una forma de reparación espiritual.

Desde esta perspectiva, el juicio de Rosh Hashaná no aparece únicamente como una evaluación divina, sino también como una confrontación con nuestra propia conciencia. ¿Somos capaces de reconocer nuestros desaciertos? ¿Podemos admitir nuestras equivocaciones sin sentir que nuestra identidad se derrumba? La tradición judía responde afirmativamente: la verdadera fortaleza no radica en tener siempre razón, sino en la capacidad de corregirse. La persona espiritualmente madura no es aquella que nunca cae, sino aquella que sabe levantarse después de cada caída.

Este tiempo nos recuerda que no basta con preguntarse “¿qué hice?”, sino también “¿qué puedo reparar?”. El concepto de Tikún Olam (restauración del mundo) se convierte en brújula ética: nuestras decisiones personales repercuten en la

comunidad y en la humanidad. El versículo “Vivirá el hombre en ellos” (Vaykrá – Levítico18:5) se transforma en principio rector: la vida es el valor supremo, y cada elección debe preservarla y dignificarla.

Los Iamim Noraim son, entonces, mucho más que un calendario litúrgico. Son una escuela de conciencia, responsabilidad y libertad interior. Nos enseñan que la espiritualidad no se reduce a la plegaria ni al pensamiento, sino que debe manifestarse en acciones concretas, en vínculos más humanos, en una mayor sensibilidad ante el sufrimiento ajeno y en una sincera disposición a mejorar.

Desde Maimónides hasta Heschel, desde Soloveitchik hasta Levinas, desde la tradición rabínica clásica hasta la reflexión contemporánea, el mensaje converge en una misma dirección: cada año somos convocados a redefinir nuestra brújula vital, a transformar el pasado mediante la visión del futuro, a reconocer nuestras imperfecciones sin temor y a encarnar la santidad en la vida cotidiana.

En este cruce de caminos, la brújula del alma no apunta hacia afuera, sino hacia adentro: hacia la capacidad de despertar, reconocer, corregir y reconstruir. Allí se revela la esencia más profunda de estos días: no como un juicio que paraliza, sino como una oportunidad que libera; no como el peso del pasado, sino como la posibilidad del futuro.

“Los Iamim Noraim no son el peso del pasado, sino la posibilidad del futuro: el instante en que el alma decide su rumbo y la vida se convierte en elección”.

Mujeres 7-10

Memoria, voz y compromiso

Ante la proximidad de un nuevo año judío, los Iamim Noraim nos convocan a la introspección. Es tiempo de balance, de preguntarnos quiénes somos, qué hemos logrado y cuál es nuestra responsabilidad con la comunidad.

Como mujeres judías, cada víspera de las Altas Fiestas nos interroga sobre nuestra identidad, nuestra pertenencia y nuestra historia.

En vísperas del año 5787, desde el “Movimiento Mujeres 7-10” queremos compartir por qué nacimos y para qué estamos.

Nuestro nombre es nuestra fecha y nuestra razón de ser. Nacimos el 7 de octubre de 2023 frente al silencio atroz de los movimientos e instituciones feministas locales e internacionales. Donde esperábamos sororidad, encontramos indiferencia. Donde esperábamos el grito de #NiUnaMenos, hubo un silencio selectivo y cómplice. Entendimos que nadie iba a hablar por nosotras.

Nos unimos para denunciar el antisemitismo y para desenmascarar un falso feminismo que, bajo la bandera de los derechos, esconde odio hacia el pueblo judío.

Agradecemos a la publicación Vis á Vis por este espacio que nos permite contar nuestra trayectoria, nuestra motivación y nuestro futuro, buscando llevar esclarecimiento a toda la sociedad, judía y no judía.

Desde nuestros inicios, todas nuestras actividades contaron con el acompañamiento de prestigiosas personalidades del ámbito político, periodístico, artístico, religioso y social del país. Porque una de nuestras prioridades es la denuncia: como dijo Elie Wiesel, “El silencio favorece al opresor, nunca al oprimido”.

Nos propusimos acercarnos a la gente a través de eventos de gran convocatoria, junto a destacados artistas, intelectuales y referentes del diálogo interreligioso. Nuestro mensaje es claro e irrenunciable: el derecho de toda mujer a ser respetada por su género, su fe y sus elecciones, sin ser condenada por ser judía.

Nuestro origen no puede ni debe olvidarse: la violación sistemática y planificada de mujeres judías como arma de guerra por el grupo terrorista Hamás. No fue un exceso, fue una orden: ensañarse con ellas por el solo hecho de ser judías. Violaron a mujeres y a sus hijas, asesinaron a sus hijos, a sus padres y a sus abuelos. Fue un crimen de lesa humanidad.

Vivimos en un siglo de avances científicos y de inteligencia artificial, y sin embargo asistimos a un retroceso moral sin precedentes, donde la mentira, la discriminación y la

deshumanización se viralizan con una velocidad aterradora.

Como mujeres judías, descendientes de familias diezmadas por el odio, frente al recrudecimiento diario de agresiones y difamaciones por ser judíos, asumimos el compromiso ineludible de denunciar y exigir justicia. Porque somos hijas y nietas de sobrevivientes, y sabemos el precio del silencio.

Como mujeres, tenemos la responsabilidad de criar hijos en libertad y de construir un mundo compartido con hombres y mujeres de bien. Alzamos nuestra voz no desde el odio, sino desde la lucha irrenunciable por una sociedad mejor, más justa y más humana.

Con el nuevo año judío que comienza renovamos nuestro compromiso: ampliar nuestra programación y sumar cada día a más mujeres dispuestas a acompañarnos. Porque cuando una mujer alza su voz, ninguna es silenciada.

Porque somos memoria. Somos voz. Somos futuro.

A favor del juicio en ausencia

El año pasado se sancionó la ley 27.784 que incorporó al sistema judicial argentino el juicio en ausencia para el juzgamiento de algunos delitos graves como los de lesa humanidad.

Fuimos de los primeros en apoyar esta iniciativa junto a un reducido grupo de familiares de las víctimas del atentado a la sede de la AMIA-DAIA, periodistas, dirigentes comunitarios, jueces y legisladores.

En el transcurso del año que termina hubo movimiento y novedades: se pidió la aplicación concreta del instituto en la denominada “Causa AMIA”, lo que ha sido admitido por dos instancias judiciales que se expidieron sobre su constitucionalidad dado que concilia adecuadamente el derecho de defensa y las garantías del imputado con el deber estatal de juzgar y el derecho de las víctimas a saber la verdad. El fiscal de la causa sostiene que hay prueba suficiente para lograr condenas.

Sin considerarnos dueños de la verdad, a quienes se oponen al juicio en ausencia les decimos que no es cierto que se busque cerrar la causa; por el contrario, en el marco de un juicio oral y público podrían surgir nuevas evidencias, incluso vinculadas a la llamada “conexión local”.

También les decimos que, en caso de que hubiera una condena, las alertas rojas y pedidos de captura a Interpol se verían reforzados.

Por último nos preguntamos: ¿los detractores que están en contra de que se juzgue a los iraníes y libaneses imputados, qué propuesta superadora tienen después de 32 años? ¿Qué esperan que ocurra?

No queremos “impunidad biológica”: los años pasan inexorablemente y los imputados, testigos y familiares de las víctimas se van muriendo; lo único que está detenido desde aquel 18 de julio de 1994 es la herida lacerante que no cicatriza.

Creemos que el juzgamiento en ausencia de los sindicados por la Justicia argentina como autores intelectuales del más cruento atentado terrorista que registra el país en su historia es la única vía plausible para intentar obtener Justicia y terminar de una vez por todas con la impunidad rampante.

Shaná Tová umetuká.

EL AÑO QUE ARGENTINA PRESIDE LA IHRA

El año 2026 nos encuentra frente a un escenario paradójico. Si bien la cresta de la ola de antisemitismo que siguió al 7 de octubre de 2023 parece haber disminuido en algunos ámbitos, el problema está lejos de haberse superado.

Por el contrario, el piso de antisemitismo socialmente aceptado es hoy considerablemente más alto que antes. Lo vemos en presidentes de la región, como Gustavo Petro, que se permiten expresiones antisemitas que hasta hace pocos años hubieran sido impensables, y en universidades latinoamericanas que reproducen algunas de las peores conductas antisemitas observadas en sus pares de América del Norte. Son solo dos ejemplos, entre muchos otros, de hasta dónde se ha corrido el límite de lo socialmente tolerable.

En este contexto, la lucha contra el antisemitismo no puede limitarse a reaccionar frente a los episodios más visibles. Es necesario fortalecer las políticas públicas e involucrar a los Estados y a las sociedades en una tarea que durante demasiado tiempo fue considerada un asunto exclusivo de las comunidades judías.

Por eso, la presidencia argentina de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA, por sus siglas en inglés) constituye un hito para nuestro país y para toda América Latina.

La IHRA es un organismo intergubernamental que reúne a representantes de sus países miembros y a expertos para trabajar en pos de la memoria y la educación sobre el Holocausto y el genocidio de los Roma.

Lo particular de esta organización es que no se trata de una institución judía. Los gobiernos que la integran, todos ellos democráticos, entienden que la memoria del Holocausto, la prevención del antisemitismo y la defensa de la convivencia no son responsabilidades de las comunidades judías, sino de cada sociedad y de la comunidad internacional en su conjunto.

Argentina participa ininterrumpidamente de la IHRA desde 2002 y es miembro pleno desde 2006. Es, además, el único país latinoamericano con esta condición. A lo largo de 24 años y bajo gobiernos de distintos signos políticos, el país mantuvo su compromiso con la organización y su misión, consolidando una política de Estado. En el actual contexto de polarización política, esta continuidad adquiere un valor aún mayor.

La presidencia de la IHRA es rotativa y dura un año. El país que la ejerce se convierte en anfitrión de dos reuniones plenarias. Dado que la mayoría de sus integrantes son europeos, la participación argentina nunca fue particularmente numerosa, tanto por las distancias como por los costos. Sin embargo, jamás pasó desapercibida, gracias al compromiso de sus representantes y, especialmente, al trabajo del llamado Capítulo Local, integrado por la Cancillería, Educación y Derechos Humanos y organizaciones locales, judías y no judías, comprometidas con la preservación de la memoria y la educación sobre el Holocausto y el genocidio de los Roma.

Una de las principales fortalezas de la IHRA reside en la combinación entre gobiernos y expertos. Los especialistas trabajan en grupos y comités técnicos, desarrollan herramientas y recomendaciones y las elevan al plenario, donde los representantes de los gobiernos las analizan y aprueban. Así, el trabajo de la organización se traduce en instrumentos concretos que luego pueden ser adoptados y utilizados por cada Estado.

Entre ellos se encuentran las recomendaciones para enseñar y aprender sobre el Holocausto, que se actualizan periódicamente; las recomendaciones para la enseñanza sobre el genocidio de los Roma; la guía para la protección de sitios y memoriales; y las definiciones de distorsión y negación del Holocausto, antisemitismo y antigitanismo. Estas últimas tres herramientas fueron adoptadas por Argentina e incorporadas a su ordenamiento jurídico interno.

En el plenario celebrado en Londres en 2024, Argentina fue elegida para presidir la organización durante 2026. Es la primera vez en la historia de la IHRA que nuestro país ejerce esta responsabilidad y, además, la primera ocasión en que sus expertos y delegados cruzaron el Ecuador y el océano para celebrar una reunión plenaria en el extremo sur del continente.

La presidencia recayó, por decisión presidencial, en Marcelo Mindlin, titular del Museo del Holocausto de Buenos Aires. Entre el 31 de mayo y el 4 de junio se desarrolló el primero de los dos plenarios que tendrán lugar durante este año. En su jornada inaugural, el Centro Simon Wiesenthal tuvo el honor de organizar la conferencia preliminar, en la que 250 delegados pudieron conocer la experiencia argentina en la aplicación de la Definición de Antisemitismo, a diez años de su adopción.

La secretaria general de la IHRA, Michaela Küchler, destacó que se trató de una conferencia diferente, orientada a presentar soluciones a problemas concretos y no solamente casos teóricos o estudios académicos. Frente al crecimiento actual del antisemitismo, el desafío no es únicamente comprender el fenómeno, sino desarrollar herramientas eficaces para enfrentarlo.

En noviembre recibiremos nuevamente a los delegados de los países miembros. Será entonces una oportunidad para dar un paso más y cumplir con el gran objetivo que se propuso el equipo argentino: acercar

la IHRA a América Latina y acercar América Latina a la IHRA.

La oportunidad es histórica. Si la pertenencia a la IHRA está reservada a democracias, América Latina es una de las regiones del mundo con mayor potencial para ampliar el alcance de la organización. Pero esa expansión no puede ser solamente institucional. Los países de la región deben asumir un compromiso mayor con la memoria de la Shoá, la prevención y el combate del antisemitismo, la lucha contra el antigitanismo y la construcción de sociedades capaces de reconocer y enfrentar las distintas formas de odio.

La presidencia argentina nos brinda algo más que un reconocimiento internacional: nos permite acercar al resto de la región las herramientas, conocimientos y experiencias desarrollados por la IHRA. Llevar estos recursos a gobiernos, universidades, instituciones educativas y organizaciones de la sociedad civil será fundamental para transformar el trabajo de la organización en políticas y acciones concretas.

Hubo mucho esfuerzo para que esta presidencia fuera posible. Ahora tenemos la responsabilidad de aprovecharla al máximo.

Si al finalizar 2026 más países latinoamericanos conocen, utilizan y adoptan las herramientas de la IHRA y asumen un compromiso más firme frente al antisemitismo y otras formas de odio, la presidencia argentina habrá dejado un legado que trascenderá largamente este año.

Rosh Hashaná, el comienzo de una responsabilidad

Con frecuencia se traduce Rosh Hashaná como el Año Nuevo judío. Sin embargo, la festividad trasciende el cambio de calendario para convertirse en una invitación a revisar el sentido mismo de nuestra existencia.

Rosh Hashaná recuerda que el ser humano ocupa un lugar singular en la creación. Esa singularidad constituye un privilegio y una responsabilidad. Vivir implica asumir el compromiso de cuidar el mundo que habitamos y de responder con propósito y responsabilidad por la vida de quienes nos rodean. El comienzo del año, lejos de celebrar únicamente el paso del tiempo, homenajea la posibilidad siempre abierta de comenzar de nuevo.

En ese contexto adquiere un significado especial el sonido del shofar. Su voz áspera y primitiva irrumpe para quebrar la rutina y despertar del letargo. No convoca al miedo, sino a la lucidez. Es un llamado a salir del encierro del egoísmo, a recuperar la capacidad de examinar nuestras acciones y a reconocer aquello que necesita ser transformado.

Por eso los días que separan Rosh Hashaná de Iom Kipur constituyen un itinerario espiritual. Son jornadas de introspección en las que la tradición invita a revisar los vínculos, pedir perdón, reparar lo dañado y reconstruir el equilibrio entre la persona, los demás y Dios. El juicio del que hablan estos días nos da la posibilidad de mirarnos con honestidad para abrir espacio a una subsistencia más íntegra.

La creación del ser humano interpela a toda la humanidad y recuerda que el cuidado del prójimo y de la naturaleza constituye un compromiso universal. Del mismo modo, la esperanza que inaugura el nuevo año es una realidad que nos convoca a ser activos. Esperar significa prepararse para actuar, sostener la confianza sin renunciar a ese compromiso.

Cada Rosh Hashaná propone, entonces, una pregunta sencilla y exigente a la vez. ¿Qué clase de personas queremos ser cuando el sonido del shofar deje de escucharse y comience, otra vez, el quehacer cotidiano? Tal vez esa sea la verdadera celebración del nuevo año: descubrir que el tiempo no muda por sí solo. Cambiamos nosotros cuando aceptamos la responsabilidad de convertir cada inicio en una oportunidad para hacer de nuestro entorno y del mundo un lugar más humano.

Rosh Hashaná también nos invita a recuperar una comprensión diferente del tiempo. La tradición judía jamás concibió el tiempo como una sucesión indiferente de días que pasan. La percibe como una oportunidad permanente para otorgarle sentido a la vida. Cada año que comienza abre la posibilidad de interrumpir la inercia, de volver a elegir el camino que deseamos recorrer y de comprender que el futuro no está determinado, sino que depende, en buena medida, de las decisiones que somos capaces de asumir en el presente.

En ese horizonte, la memoria ocupa un lugar esencial. Se nos convoca a no permanecer aferrados al pasado ni a repetir mecánicamente lo vivido, ya que recordar significa aprender, reconociendo las huellas que dejaron nuestras acciones y permitiendo que esa experiencia ilumine el porvenir. La memoria, cuando está orientada con un sentido de optimismo, no inmoviliza. Por el contrario, hace posible la transformación. Solo quien recuerda con honestidad y confianza puede abrirse auténticamente a un nuevo comienzo.

Ian Pecar

Shaná Tová Umetuká – Consejo Juvenil Sionista Argentino

Querida Comunidad, Janijim, Madrijim, Bogrim y Familias de todas nuestras Tnuot Noar, a lo largo de Argentina.

En este Rosh Hashaná, en el que nos detenemos para respirar, mirar atrás y abrazar el nuevo año que comienza, queremos hacerles llegar un abrazo inmenso desde el corazón de cada espacio educativo que conforma nuestra Red Juvenil en el país.

El sonido del shofar que nos convoca hoy a despertar no es solo el anuncio de un año nuevo, sino un recordatorio profundo de nuestra capacidad de elegir, de transformarnos y de volver a empezar.

En cada Peulá, en cada Majane, en cada Mifkad compartido y en cada rincón de nuestras Tnuot a lo largo de este año fuimos testigos de la fuerza vital que tiene la Juventud Judeo Sionista en Argentina.

La Juventud, aquel motor de la continuidad, aquella chispa que mantiene encendida la llama de nuestra historia, de nuestra identidad y de nuestro futuro.

Sabemos que los tiempos que corren nos desafían, pero es precisamente en la Tnuá donde aprendemos que la adversidad se enfrenta mejor en comunidad. El lugar donde construimos el refugio de los sueños colectivos, y sobre todo, el espacio donde la empatía, el compromiso social y el amor por nuestra Medinat Israel, se convierte en acciones reales.

Que este nuevo año nos encuentre más unidos que nunca. Que cada manzana con miel sea el símbolo de un año dulce, pero también el del compromiso activo de tender puentes, de cuidar al otro y de seguir apostando por la Educación No Formal como herramienta de transformación social.

Deseamos un año de salud, de paz, de reencuentros y de alegrías compartidas. Que la esperanza sea siempre nuestra brújula y que sigamos construyendo juntos el mañana que hoy soñamos.

¡Shaná Tová Umetuká!

Por un año bueno, dulce y lleno de vida.

Am Israel Jai.

Fundación Judaica
Martha Wolff

Rosh Hashaná 5787

En la próxima celebración de Rosh Hashaná cumpliremos 5787 años de existencia como pueblo de Israel, que para nosotros fue cuando se creó el mundo.

Somos el comienzo de la conciencia de tener una tierra, una pertenencia, un solo Dios. Todos los años celebramos y recordamos. El costo de vidas judías ha sido enorme ante las conquistas, las persecuciones, las matanzas y las religiones.

Somos el 0,2% de la población mundial, alrededor de 15,8 millones ante 8000 millones. Si no fuera verdad me reiría, pero en realidad me angustia saber que ante los genocidios padecidos, lo que más ha molestado a nuestros detractores es la inclaudicable fe judía y la fuerza de volver a empezar. Con esa antigüedad existencial podríamos haber sido una alta proporción poblacional y, siendo tan poco, somos judíos luchadores desde las actividades individuales y colectivas y en la lucha para defendernos desde la palabra a las armas.

Desde 1948 tenemos un estado con fronteras por aceptación internacional y las ganadas o avanzadas por las continuas guerras contra la existencia del Estado de Israel creado por aprobación internacional y rechazo árabe a la partición de Palestina en dos estados.

De ahí en más la beligerancia reemplazó a la mesa de negociaciones por la paz. Pero antes del conflicto árabe-israelí, y sumado a éste el mito, que quiere decir historia o creencia falsa que se cuenta como verdad, sobre los judíos, las acusaciones fueron infinitas como si el judío fuese una maldición que perjudica y contamina a la sociedad.

La herencia de esa acusación sigue vigente ya que todo lo que sucede se debe a que somos genocidas y al sionismo capitalista.

Vamos a celebrar un nuevo Rosh Hashaná no tan metuká como siempre porque estamos viviendo un plan antisemita que se nos ataca por ser judíos, por tener un estado, por tener un ejército, por tener una comunidad, por ser libres y mucho más.

Una campaña muy orquestada y millonaria para potenciar a los ignorantes de que somos asesinos de palestinos y que sufren por nuestra culpa. A esa culpa se suma el antisemitismo acunado en hogares, la educación, la religión, la calle y las ideologías políticas. ¡Entonces qué mejor que el chivo emisario de siempre!

El sufrimiento judío no existe, lo vivimos el 7 de octubre con el ataque de Hamás…por eso cada año a partir del 2023 no alcanzan las lágrimas para llorar a los más de 1200 asesinados que ellos nunca más podrán celebrarlo.

A partir de esa nefasta fecha ningún judío volvió a ser el mismo y la sombra del odio nos volvió a acechar. Las vallas a partir de los atentados no se han derribado y seguimos custodiados como ninguna otra comunidad, tratando de seguir una vida aparentemente normal.

Somos el 0,02 % de la población mundial y encenderemos velas como un resplandor para iluminar la ceguera universal.

¡Shaná Tová lambrot hakol!

Un nuevo año para seguir construyendo juntos

Cada Rosh HaShaná nos invita a hacer una pausa, mirar el camino recorrido y pensar cómo queremos seguir construyendo nuestro futuro. Es un momento para agradecer lo vivido, renovar nuestras fuerzas y comenzar un nuevo año con esperanza y renovada energía. Desde el Movimiento Sionista Renovador, junto a Olam Beiajad e Israel Hatzeirá, queremos hacer llegar nuestro saludo y nuestros mejores deseos a toda la comunidad judía argentina.

Deseamos que este nuevo año nos encuentre más unidos, fortaleciendo los vínculos que nos acercan y renovando nuestro compromiso con el activismo, con el pueblo judío, con el Estado de Israel y con los valores que nos inspiran y nos movilizan cada día. Sabemos que atravesamos tiempos desafiantes, que muchas veces ponen a prueba nuestra capacidad de encontrarnos y trabajar juntos. Por eso elegimos seguir apostando al diálogo, a la participación y a la construcción colectiva.

Creemos en la importancia de formar nuevas generaciones comprometidas con su identidad judía, con el sionismo y con el pluralismo, capaces de asumir responsabilidades y de ser protagonistas del futuro de nuestra comunidad. Estamos convencidos de que la educación no formal es una herramienta fundamental para construir comunidad: allí se transmiten valores, se fortalecen los vínculos, se forman nuevos liderazgos y se despierta el compromiso de las nuevas generaciones. Ese es el camino que recorremos todos los días desde nuestras instituciones y el compromiso que renovamos al comenzar este nuevo año.

Que este 5787 traiga paz para Israel y para el mundo, seguridad para el pueblo judío, encuentros que fortalezcan a nuestras comunidades y crecimiento para cada uno de nosotros. Que sepamos transformar los problemas en desafíos, y los desafíos en oportunidades. Que nunca perdamos la capacidad de soñar, de construir y de avanzar juntos hacia un futuro mejor.

Shaná Tová Umetuká. Que tengamos un año de salud, paz, alegría y bendiciones para toda la comunidad.

EL MENSAJE DE LA PRESIDENTA DE LIMUD BA

La convivencia no es una declaración. Es un hecho.

Un hecho que construimos cada vez que generamos un espacio donde distintas voces pueden encontrarse sin necesidad de parecerse.

Dentro del judaísmo convivimos con miradas, prácticas, historias y formas de pertenencia muy diversas: cultura, tradición, historia, espiritualidad, identidad o experiencia familiar. Esa diversidad no debilita nuestra comunidad. La vuelve más rica, más compleja y también más desafiante.

Desde Limud hemos construido una plataforma de cultura judía para crear espacios donde todas esas voces puedan tener lugar, encontrarse y producir algo nuevo a través de propuestas masivas, abiertas y convocantes, capaces de reunir a miles de personas alrededor de la cultura judía.

Rosh Hashaná Urbano es una de las expresiones más visibles de esa convicción. Una celebración que ocupa el espacio público, donde cada conversación, cada experiencia, cada exposición, cada olor, sabor y color forman parte del verdadero valor de nuestra cultura y de la continuidad judía.

Buenos Aires tiene el privilegio de ser una de las pocas ciudades del mundo donde podemos celebrar públicamente nuestra identidad judía. Y debemos vivirlo con orgullo.

Todo esto permite construir comunidad hoy pero, sobre todo, generar las condiciones para que haya comunidad mañana.

Al comenzar 5787, el desafío es todavía mayor. En un tiempo de fragmentación y posiciones cada vez más rígidas, y en un mundo en el que tenemos el privilegio de celebrar nuestro judaísmo urbano, de a pie, necesitamos poner en valor los espacios capaces de reunir nuestras diferencias sin borrarlas.

Al comenzar 5787, deseo que podamos construir una comunidad menos preocupada por definir quién pertenece y más comprometida con generar razones para querer pertenecer.

Quizás allí esté una de las claves para construir futuro juntos.

Shaná Tová Umetuká.

El mensaje del Frente Sionista Liberal Herut Argentina

Tishrei, el mes de Rosh Hashaná, se acerca.

Estamos en vísperas de un nuevo año en el calendario hebreo. Ingresaremos al año 5787, un nuevo ciclo que nos invita a mirar hacia atrás, reflexionar sobre nuestros actos y renovar nuestra esperanza en el futuro.

Con Rosh Hashaná comienzan los Aséret Yemei Teshuvá, los Diez Días de Arrepentimiento, días en los que sometemos nuestras acciones a juicio, buscamos corregir nuestros errores y elevamos nuestras plegarias con la esperanza de que, en este nuevo año, nuestros nombres sean inscriptos y sellados en el Libro de la Vida.

Pero también es tiempo de reafirmar quiénes somos y aquello en lo que creemos. Siguiendo el legado de nuestro mentor, Zeev Vladimir Jabotinsky, quien nos enseñó: “No tenemos que disculparnos por nada. Somos un pueblo como los demás pueblos; no tenemos ninguna intención de ser mejores que el resto”.

Desde el Frente Sionista Liberal Herut Argentina elevamos nuestros deseos más profundos de bienestar, prosperidad, fortaleza y paz para el Estado de Israel, para sus dirigentes y para todos sus habitantes.

Extendemos especialmente nuestro reconocimiento y nuestros mejores deseos a nuestros Jaialim, dignos defensores del pueblo de Israel, que con valentía y entrega custodian su presente y su futuro.

Que el nuevo año traiga consigo esperanza, unidad, fortaleza y paz. Que podamos seguir construyendo un Israel soberano, seguro y próspero, y una comunidad judía argentina fuerte, unida y orgullosa de sus raíces y de su identidad.

A toda la Comunidad Judía Argentina, nuestros mejores deseos para este nuevo año.

Shaná Tová Umetuká.

¡Feliz 5787!

Hejalutz Lamerjav: Educación no formal Human Made

En las puertas del año 5787, y siguiendo esta sana costumbre de la diáspora de comenzar el año dos veces, aparece entre los pronósticos para este nuevo año la familiarización con etiquetas como “AI Free” o “Human Made”, destinadas a identificar contenidos libres de intervención de inteligencia artificial. En este contexto, y dejando para otro momento cualquier mirada optimista o pesimista sobre el futuro, existe un grupo grande de jóvenes que decide semana a semana recuperar el valor de aquello que no puede automatizarse: el vínculo, la presencia, la creatividad, la capacidad de improvisar, y también la posibilidad de equivocarse, de aprender del error y de volver a intentarlo.

A principios de julio, cerca de 300 jóvenes participaron del Campamento de Invierno de Hejalutz Lamerjav en la zona de Pilar. Algunos de ellos, por decisión propia y de sus familias, decidieron dejar el teléfono celular en sus casas. No fue una consigna institucional ni un rechazo a la tecnología, fue una experiencia espontánea. Sus conclusiones fueron contundentes: sin teléfono, la habían pasado mucho mejor.

La anécdota expresa algo central de nuestro modelo educativo. La educación no formal crea espacios en los que mirar, escuchar, interpretar al otro y construir experiencias colectivas ocupa el centro. Pero no formal no es sinónimo de informal. Detrás de cada peulá, cada campamento y cada decisión existe un trabajo coordinado de los madrijim y la mazkirut, acompañado por una red de shlijim y profesionales que brinda formación, herramientas, apoyo y contención. Una estructura que no reemplaza la autogestión juvenil, la fortalece.

Los madrijim de Hejalutz Lamerjav trabajan cada día con esas capacidades que nos hacen profundamente humanos: empatía, intuición, liderazgo, y por sobre todas las cosas, actitud para transformar el mundo.

Saludo de Hanoar Hatzioni y Tnuat Hamercaz Haliberalit

Israel y la diáspora: ¿podemos volver a sentarnos juntos?

Hace años que Israel y el mundo judío viven, y muchas veces sufren, una profunda polarización. Derecha e izquierda, religiosos y liberales, más y menos observantes, diferentes corrientes y visiones sobre qué significa ser judío y cuál debe ser el futuro de Israel. Las elecciones para la Knesset de octubre de 2026 no son una excepción: vuelven a poner sobre la mesa estas divisiones, que también atraviesan a nuestras comunidades de la diáspora.

El desafío no es pensar todos igual. El desafío es poder seguir pensando juntos.

En este contexto, el TH4, Tnuat Hamerkaz Haliberalit, la familia de Hanoar Hatzioni, tiene una responsabilidad histórica. Desde el nacimiento de Hanoar Hatzioni en Polonia, en la década de 1920, nuestra propuesta fue construir un puente entre distintos sectores del pueblo judío: entre tradición y modernidad, entre Israel y la diáspora, entre diferentes posiciones políticas y maneras de vivir nuestra identidad judía.

Ese puente hoy es más necesario que nunca.

En Argentina tenemos una enorme oportunidad y responsabilidad: fortalecer aquellos movimientos y organizaciones que ponen en el centro a las comunidades locales, conocen sus desafíos y trabajan para que la vida judía en la diáspora tenga futuro, identidad y voz propia.

Que este Rosh Hashaná nos encuentre con la voluntad de volver a sentarnos alrededor de una misma mesa. No para borrar nuestras diferencias, sino para recordar que antes que segmentos, partidos o corrientes, somos parte de un mismo pueblo. La unión es uno de nuestros valores básicos y debemos volver a ponerla en el centro.

Shaná Tová Umetuká. Que podamos construir juntos. Jazak Veematz!

Tzfat: cuando Iom Kipur acercó el cielo a la tierra

Hay experiencias que no se pueden explicar completamente con palabras. Se viven, quedan grabadas y, con el paso de los años, regresan a la memoria con una fuerza particular. Esta es la historia de una de ellas.

1. El ascenso
Nos encontrábamos en el Kibutz Ein Jarod, en el Emek Izreel, visitando a la legendaria tía Iehudit, pionera de la época jalutziana. Escuchábamos fascinados los intensos relatos de “aquellos días”, cuando se trabajaba de sol a sol en la desecación de pantanos, luchando al mismo tiempo contra el mosquito del paludismo y los ataques de los árabes de las aldeas cercanas. Eran tiempos de espíritus solidarios y de una visión histórica sin par. Mientras se desarrollaban sin pausa todas aquellas historias, un aroma penetrante envolvía nuestros sentidos. Afuera, las plantaciones de naranjas y pomelos; adentro, una mesa servida con toda clase de manjares y frutas nos provocaba vértigos de satisfacción por la exuberancia, producto del trabajo denodado de “aquellos días”. Justo a la hora convenida se presentó Efraim, el “Rey del Galil”, con su flamante Escort para conducirnos a la mística ciudad de Tzfat, una de las cuatro ciudades judías sagradas del pueblo de Israel: Hebrón, Jerusalén, Tiberíades y Tzfat.

Debíamos apresurarnos, pues estábamos en Erev Iom Kipur y, en pocas horas más, teníamos previsto asistir a la ceremonia de Kol Nidré. Apenas el automóvil comenzó a trepar por las escarpadas montañas del Galil Haelión, empezamos a percibir una cadena de sensaciones peculiares que, de a poco, fue invadiendo todo nuestro ser.

Allá, en lo alto, como una lograda Torre de Babel, apareció en su mágico esplendor la bella ciudad de Tzfat, sobresaliendo entre las nubes que la rodeaban, como desgajada de la realidad terrestre que recién habíamos dejado atrás. Así comenzaron los momentos espirituales más profundos de toda nuestra vida, que terminaron marcando nuestro destino en forma decisiva. Nos preparamos con bastante anticipación a la caída del sol, pues queríamos recorrer algunas de las históricas y muy conocidas sinagogas de Tzfat.

2. El recorrido

Iniciamos nuestra caminata por las angostas callejuelas de Tzfat. Ni un solo automóvil podía verse en movimiento por las calles. La terminal

de ómnibus ya estaba clausurada desde hacía largo rato y las estaciones de servicio se encontraban desiertas.

Fue hermoso poder acompañar a las innumerables familias, padres e hijos, que como hongos brotaban de todos lados, dirigiéndose a sus respectivas sinagogas.

Muchos vestían impecables trajes, corbatas y sombreros. En la mano o bajo el hombro portaban una bolsita con distintos grabados dorados o plateados que contenían el Majzor y el Talit.

Algunos vestían todo de blanco, con turbantes bajos también blancos, y al caminar movían los enrulados y ensortijados “peot” que, bulliciosamente, pendían de sus cabelleras.

Las mujeres, con blusas blancas relucientes y polleras de distintos colores, caminaban cuchicheando entre ellas y saludando a todos los conocidos.

Las callejuelas de Tzfat se fueron llenando de caminantes de todas las edades y de todas las procedencias imaginables, listos para afrontar el “Día del Perdón”, en un clima de solemnidad y respeto.

Así fue como llegamos a la sinagoga Maran Beit Iosef, donde Rabí Iosef Caro redactó el Shulján Aruj, una de las sinagogas que se mantuvieron en plena y permanente actividad durante más de quinientos años.

Sencilla y solemne a la vez, la iluminación resaltaba el color azul cielo de sus ventanas, puertas, púlpito y sillas. La congregación ya se estaba reuniendo para la gran ceremonia.

Seguimos un poco más y nos encontramos con una de las sinagogas más antiguas y modestas de Tzfat, Hatzadik Halabán, que no fuera afectada por el terremoto de 1759.

Humilde, pero con expresión de fuerza, las luces reflejaban el color blanco nube de sus columnas, paredes y barandas.

Palmeras, cítaras y cuernos —shofarim— pintados por doquier resaltaban el ambiente, ya casi lleno de fieles y concurrentes al acto.

Finalmente llegamos a nuestra sinagoga, Beit Hakneset HaArí Hakadosh, la sinagoga santa de los ashkenazim, con bóvedas cruzadas por aristas uniformes.

Data del siglo XVI. Fue destruida por el terremoto de 1759 y restaurada en 1816.

Los distintos tonos de marrón y beige realzaban en general toda la sinagoga, pero destacaban especialmente la zona del Aron

Hakodesh, enmarcado por hermosos trabajos artísticos en metal, yeso y madera, verdadera obra de arte.

3. Kol Nidré

Casi de inmediato se escuchó la melodía del Kol Nidré en su triple clamor existencial.

Con profundidad y temor nos fuimos compenetrando en el texto que habla del arrepentimiento y del perdón, del retorno de aquellos que se alejaron y de la absolución y nulidad por toda iniquidad realizada.

Ya no cabía un alfiler en la sala y cientos de voces reverberaban entre sí, tomaban vuelo propio y sus sonidos se esparcían por todo el recinto como una plegaria colectiva y embriagadora.

A la finalización de los oficios, las callecitas de Tzfat se llenaron nuevamente de caminantes que, pausadamente, se dirigían a sus hogares para descansar y poder así cumplir con el ayuno de Iom Kipur.

Tzfat se había convertido en una pequeña-gran ciudad absolutamente espiritual, una vasta sinagoga cuyo techo era la inmensidad y cuyos habitantes eran ángeles guardianes del Pacto con el D’s de Israel.

4. El cielo y la tierra

A la mañana siguiente, Efraim nos llevó al Beit Hakneset de la Saraia, y allí tuvimos el honor de conocer a David Iehuda, moré, rabí, jazán y conductor espiritual de la comunidad.

Su rostro, lleno de fuerza y profundidad; su figura, con una no muy larga barba, aunque ya con algunas canas; su personalidad penetrante y abrasadora; su voz melodiosa y dulce; sus oraciones, sus prédicas y cantos mostraban al maestro en su plenitud intelectual y emocional.

Nuestros sentidos creyeron imaginar, por unos instantes, al patriarca Abraham y al libertador Moisés presentes ese santo día en Tzfat.

Luego nos contó Efraim que este gran hombre acababa de perder un hijo en un enfrentamiento con las hordas terroristas palestinas.

Sin embargo, no hubo un solo instante en que su consagración decayera. Por el contrario, todo su ser vibraba, y con él la concurrencia, cuando entonaba el “Unetané Tokef Kedushat Haiom”, “Clamemos con pasión en este día de sublime santidad”, o el “Berosh Hashaná Ikatevun, Uveiôm Tzom Kipur Iejatemun”: “En Rosh Hashaná será inscripto y en el día del ayuno de Kipur quedará firmado”.

Tiempo y espacio habían desaparecido.

No sentíamos en nuestros cuerpos el ayuno que estábamos cumpliendo. Todo nuestro ser estaba embargado por una vivencia verdaderamente inolvidable.

Al menos por un día, Iom Kipur, la ciudad de Tzfat estaba más cerca del cielo que de la tierra.

Esta experiencia, única, distinta e irrepetible, quedará grabada para siempre en nuestra memoria.

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