El mes de Elul y las preguntas trascendentes

Rab Daniel Goldman

Ya estamos transitando el mes de Elul, el último del calendario hebreo. Con él, el ciclo del año judío comienza a cerrarse y nos invita a disponernos a vivir las jornadas más intensas de nuestra tradición: Rosh Hashaná, el Año Nuevo, y el Iom Kipur, el Día del Perdón. No se trata de simples fechas en el almanaque: son momentos que nos piden detener el ritmo vertiginoso de lo cotidiano para abrir un espacio de revisión personal y comunitaria.

Elul es, en ese sentido, un mes de preparación. No solo para formular deseos de un buen año, sino para ejercitarnos en la introspección, en el balance de lo que fue y en la proyección de lo que deseamos que sea. Preguntarnos, con honestidad, sobre nuestro recorrido es quizás uno de los actos más contraculturales de nuestra época. Vivimos en un mundo que nos empuja permanentemente hacia adelante, a consumir novedades, a llenar los silencios con ruido. Y, sin embargo, Elul nos propone detenernos y escuchar. 

En palabras de Jorge Luis Borges: “El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego”. Esta experiencia nos recuerda que, lejos de ser meros pasajeros del calendario, somos también responsables de darle sentido al fluir del tiempo.

Las preguntas que nos hacemos en este tiempo no son nuevas, pero sí necesarias de renovar. ¿Cuánto hemos madurado desde el último ciclo? ¿Qué transformaciones buscamos en nuestra vida interior? ¿Qué actitudes nos atrevimos a revisar y cuáles quedaron intactas? ¿Qué volveríamos a hacer con gusto y qué preferiríamos dejar en el pasado? ¿Qué cosas hoy nos conmueven que antes nos eran indiferentes? ¿Qué hábitos abandonamos y cuáles logramos incorporar? Estas preguntas, sencillas en apariencia, tienen la capacidad de desarmar certezas y abrir caminos.

El maestro Sigmund Golaczek solía recordar: “Tú esperas de ti, los otros esperan de ti, y tú esperas de los otros haber madurado durante este año. Madurar significa sacralizar el tiempo en sensatez y en sabiduría”. No se trata de un mero paso del calendario: crecer biológicamente es inevitable, madurar