No busco la discusión ni el enfrentamiento, sino abrir un espacio de reflexión que trascienda la grieta. Pido que esas distancias que muchos levantan y que algunos usan en beneficio propio no sean excusas para proclamarse dueños de la verdad, y tampoco de la Comunidad.
La verdad no es un acta, ni un sello, ni un título rabínico: la verdad se construye cuando podemos mirarnos como hermanos, aun en desacuerdo, y poder sentarnos todos en una misma mesa.
Ser judío y ser LGBTQ+ me enseñó lo mismo: el orgullo de existir. Ser una minoría dentro de la minoría. La primera vez que participé de una Marcha del Orgullo Gay sentí miedo y coraje a la vez: esa certeza de que tu sola presencia es resistencia. Hoy, como judío, vuelvo a sentirlo. Caminar con la frente en alto, mostrarnos en toda nuestra diversidad, transformar gritos sueltos en un canto común.
El shofar no suena para los poderosos que se creen dueños de todo. Suena para recordar que cada persona fue creada Betzelem Elohim, a Imagen y Semejanza de Dios. Que el que piensa distinto no es enemigo, es parte del mismo pueblo, aunque incomode. La pluralidad no es un eslogan para discursos institucionales, es condición para la supervivencia. 
Llega Iom Kipur: el día en que dejamos de comer para alimentarnos de verdad, de preguntas de balance final. El día de admitir daños, pedir perdón y reparar. Iom Kipur es el día en que Hashem nos sella en el Libro de la Vida, la Salud y las Buenas Acciones. 
Que seamos inscriptos y sellados en el Libro de las Buenas Acciones, que el Todo Poderoso nos traiga un año de Shalom y Simjá, que siempre recordemos “Kol Israel arevim ze la ze”, “Todo Israel es responsable uno del otro”. Porque el odio de afuera no va a desaparecer. Pero la indiferencia de adentro puede ser aún más letal. 
Que este 5786 nos bendiga con salud, sustento, alegría y paz, que podamos vivir y compartir nuestro judaísmo en toda su diversidad, como un Pueblo unido en la esperanza.

Shana Tová Umetuká y Gmar Jatimá Tová.