propias familias para fortalecer las instituciones de todos.
Y muy especialmente a nuestros donantes, cuyo compromiso y generosidad hacen posible gran parte de nuestro trabajo. Gracias a ellos podemos defender a la comunidad cuando es atacada, acompañar a quienes lo necesitan, impulsar programas educativos, fortalecer la seguridad, promover el diálogo y representar con dignidad a la comunidad judía argentina. Cada aporte, grande o pequeño, es una demostración de que la responsabilidad colectiva sigue siendo uno de nuestros mayores valores.
Como presidente de la DAIA tengo el enorme privilegio de ver de cerca esa entrega cotidiana. Y puedo asegurarles que detrás de cada proyecto, de cada acción y de cada logro hay personas que trabajan con una convicción admirable, muchas veces lejos de los reconocimientos y de los reflectores.
A todos ellos, gracias.
Hace unos días alguien me preguntó cuál era, para mí, la mejor respuesta frente al antisemitismo. Pensé mucho la respuesta. Y hoy estoy convencido de que es esta.
El antisemitismo pretende convencernos de que ocultemos quiénes somos. Nuestra mejor respuesta es exactamente la contraria: vivir nuestra identidad con más orgullo, más participación y más comunidad que nunca.
Es llenar nuestras sinagogas. Es que nuestros chicos sigan jugando en los clubes y participando de los movimientos juveniles. Es estudiar hebreo. Es celebrar un Bar o una Bat Mitzvá. Es ayudar al que más lo necesita. Es tender puentes con la sociedad argentina. Es abrir las puertas de nuestras instituciones. Es mostrar, con naturalidad, la riqueza de nuestra historia, nuestra cultura y nuestros valores. Porque cuando una comunidad vive plenamente su identidad, el odio pierde fuerza.
Que el sonido del shofar nos recuerde que siempre es posible empezar de nuevo. Que tengamos la sabiduría para distinguir el ruido de la verdad.
La fortaleza para enfrentar los desafíos. Y la humildad para seguir construyendo juntos.
Que este 5787 nos encuentre más unidos, más comprometidos y más orgullosos de ser quienes somos. Con salud para nuestras familias. Con paz para el Estado de Israel. Con esperanza para nuestro pueblo.
Y con la certeza de que tenemos una enorme responsabilidad: cuidar la extraordinaria vida judía que hemos sabido construir en la Argentina y transmitirla, todavía más fuerte, a las próximas generaciones.
De corazón, les deseo a todos y a cada uno de ustedes una Shaná Tová Umetuká.