Cuando el pacto que une un vínculo se quiebra, sea un pacto social, de amor, de confianza o de amistad, pareciera que ya no queda margen para ningún futuro. Sin embargo, en el texto, las Tablas rotas son apenas el preludio de la escritura de las nuevas Tablas. Lo que genera el quiebre es un nuevo pacto. Un pacto que se hará eterno, hasta hoy. Las Tablas nuevas serán escritas con el conocimiento de lo que se quebró. Desde esta perspectiva, la crisis que vivamos es la oportunidad de escribir un pacto nuevo, más sólido, más fuerte, más real. Un nuevo pacto, pero con el sello del recorrido de nuestra sabiduría.

 

El segundo “Mashber” es descripto como un estado emocional y se encuentra en el Libro del profeta Ioná. Según el relato, Ioná quiere escapar de su misión en el mundo y parte en un barco hacia cualquier lugar. Una tempestad lo arroja al fondo del mar y es tragado por una ballena. Aislado, solo, distanciado del mundo que alguna vez conoció, se pone a rezar: “Naar isobebeni, kol Mishbareja vegaleja alai abaru” “Me rodearon las aguas, todas las ondas y las olas cayeron sobre mi” (Ioná 2:4). La imagen de la crisis aquí es la del agobio, la del peso de lo que nos hunde. La carga de lo cotidiano, el stress de lo urgente, ese estado de abatimiento donde falta el aire. Cuando en silencio notamos que, lentamente, la realidad nos arrastra hacia abajo. Conocemos como Ioná el peso y las consecuencias del aislamiento y la soledad. Es desde las profundidades donde Ioná inspira profundo y se conecta con la Fuente, con el Origen de Todo. Renace, sale otra vez al mundo y se transforma en un agente de cambio para su sociedad. Allí, en la crisis de las profundidades y la soledad, descubre el sentido de su vida. Se hace la voz que llama al cambio, desde la raíz de los conflictos. En esta lectura, una crisis es el origen de la renovación y el re-descubrimiento de la misión.